Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 278

6.2.1 Aspectos del proceso

278. En el proceso de formación de discípulos misioneros destacamos cinco aspectos fundamentales que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí:

a)        El Encuentro con Jesucristo. Quienes serán sus discípulos ya lo buscan (cf. Jn 1, 38), pero es el Señor quien los llama: “Sígueme” (Mc 1, 14; Mt 9, 9). Se ha de descubrir el sentido más hondo de la búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana. Este encuentro debe renovarse constantemente por el testimonio personal, el anuncio del kerygma y la acción misionera de la comunidad. El kerygma no sólo es una etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo. Sin el kerygma, los demás aspectos de este proceso están condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente convertidos al Señor. Sólo desde el kerygma se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera. Por eso la Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones.

b)        La Conversión: Es la respuesta inicial de quien ha escuchado al Señor con admiración, cree en Él por la acción del Espíritu, se decide a ser su amigo e ir tras de Él, cambiando su forma de pensar y de vivir, aceptando la cruz de Cristo, consciente de que morir al pecado es alcanzar la vida. En el Bautismo y en el sacramento de la Reconciliación se actualiza para nosotros la redención de Cristo.

c)        El Discipulado: La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús maestro, profundiza en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina. Para este paso es de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramental, que fortalecen la conversión inicial y permiten que los discípulos misioneros puedan perseverar en la vida cristiana y en la misión en medio del mundo que los desafía.

d)        La Comunión: No puede haber vida cristiana sino en comunidad: en las familias, las parroquias, las comunidades de vida consagrada, las comunidades de base, otras pequeñas comunidades y movimientos. Como los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo participa en la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria. También es acompañado y estimulado por la comunidad y sus pastores para madurar en la vida del Espíritu.

e)        La Misión: El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios. La misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa posterior a la formación, aunque se la realice de diversas maneras de acuerdo a la propia vocación y al momento de la maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona.

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enero 29, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , , , | 4 comentarios

Comentario n. 276-277

Poco a poco nos vamos adentrando en el contenido del Documento de Aparecida y en su propuesta de ser discípulos y misioneros. Ahora vienen unos numerales que nos hablan del ‘proceso de formación’, es de particular relieve mostrar que un ‘discípulo’ de Jesucristo necesita de un ‘proceso de formación’, es decir, las respuestas van madurando. ‘Proceso’ nos hace pensar en alguna guía a seguir para llegar a una meta.

Hablar de la formación de los discípulos es volver nuestra mirada al Evangelio, para descubrir la ‘pedagogía divina’. Dios, que habló de muchos modos y en diversos momentos, ahora nos habla por su Hijo, nos dice la Carta a los Hebreos. Los relatos del evangelio nos ayudan a comprender este proceso de la vocación de los discípulos. Anteriormente hemos recordado que Jesús llama a sus discípulos, los invita a que vivan una nueva experiencia de vida; apela a la libertad de cada uno de ellos para que maduren su respuesta. Tiene paciencia, los conoce a cada uno, les ama.

De parte de los discípulos descubrimos que han sido hombres insertos en la realidad que les circundaba, eran muy diversos entre sí, con diversas sensibilidades, edades, ambiciones, oficios, etc. Quien ha leído el libro Jesús de Nazareth, del papa Benedicto XVI puede encontrar una explicación de la variedad del grupo de los ‘Doce’. Ellos ‘lo dejaron todo’, se pusieron en camino, lo siguieron. Escucharon al Maestro, sus predicaciones, vieron sus milagros, le vieron orar, le acompañaron en el camino hacia Jerusalén. Muchos otros creían conocerle, pensando que solo un Maestro que enseñaba con autoridad; un personaje al estilo de los grandes profetas; alguien que les recordaba Juan Bautista.

Pero solamente los discípulos van a confesar que Él era el Mesías, el Hijo de Dios vivo, ellos le conocen de cerca, a ellos se les ha revelado el Misterio de su Filiación divina.

enero 26, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 276-277

6.2 El proceso de formación de los discípulos misioneros

276. La vocación y el compromiso de ser hoy discípulos y misioneros de Jesucristo en América Latina y El Caribe, requieren una clara y decidida opción por la formación de los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados, cualquiera sea la función que desarrollen en la Iglesia.

Miramos a Jesús, el Maestro que formó personalmente a sus apóstoles y discípulos. Cristo nos da el método: “Vengan y vean” (Jn 1, 39), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). Con Él podemos desarrollar las potencialidades que están en las personas y formar discípulos misioneros. Con perseverante paciencia y sabiduría Jesús invitó a todos a su seguimiento. A quienes aceptaron seguirlo los introdujo en el misterio del Reino de Dios, y después de su muerte y resurrección los envió a predicar la Buena Nueva en la fuerza de su Espíritu.

Su estilo se vuelve emblemático para los formadores y cobra especial relevancia cuando pensamos en la paciente tarea formativa que la Iglesia debe emprender en el nuevo contexto sociocultural de América Latina.

277. El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz. El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí, llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña.

enero 23, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 273-275

No cabe duda que la Iglesia tiene su origen, fuente y meta en el amor trinitario del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. De aquí brota la identidad y la misión que cada uno de sus miembros han recibido. Hemos considerado que la revelación del Padre ha llegado a su plenitud en la Encarnación de Jesucristo, -Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios Verdadero- quien con sus palabras, acciones, signos y milagros, con su propia persona, nos hace presente el Reino de Dios.

Los primeros discípulos, aquellos que en su mayoría eran pescadores, recibieron una nueva misión en su vida; ellos la aceptaron y la vivieron hasta el final. Ellos fueron los testigos del Señor y se comprometieron con Él. En la Resurrección y Pentecostés comenzó para ellos un camino que los llevaba a anunciar aquello que ellos habían vivido. Se convirtieron en los ‘apóstoles’, en los enviados del Señor y otros pudieron vivir una vida nueva. Comenzaron otros que se llamaron ‘cristianos’.

Por esto no podeos olvidar que estos ‘apóstoles’ se convirtieron y son luces en el camino de cualquier discípulo del Señor. No son un muro, o un obstáculo en el nuestro seguimiento de Jesucristo. De ellos podemos aprender a cómo responder desde nuestra propia condición. Cuántas veces nos han recordado que aquellos primeros discípulos del Señor no eran perfectos, no fueron llamados por sus capacidades extraordinarias, no eran personas ‘extraordinarias’. Los evangelios nos cuentan su camino personal, que como María, se pusieron a la escucha de la Palabra Divina, recibieron la fuerza de lo Alto y se pusieron en camino.

Recordar a los apóstoles, a Pedro, a Pablo, a Juan… o a San José, o a tantos otros santos y santas, tantos hombres y mujeres que nos han precedido en el empeño por vivir con fidelidad a Jesucristo; recordarlos para imitarlos, para responder como ellos: ‘Señor, a quién iremos, tú tienes palabras de Vida eterna’.

Recordar a los santos, celebrar a los santos es poner nuestra atención en aquellos que han vivido su vida en apertura a Dios, que han dejado obrar a Dios en su vida, que han respondido con un ‘SÍ’, como lo hizo María. Hagamos memoria de todos estos hombres y mujeres que han vivido su fe, con valentía, y han sido luces para otros; no perdamos su memoria, puesto que podemos aprender mucho de ellos, quienes desde el Cielo, interceden por nosotros.

enero 20, 2009 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 273-275

6.1.5 Los apóstoles y los santos

273. También los apóstoles de Jesús y los santos han marcado la espiritualidad y el estilo de vida de nuestras Iglesias. Sus vidas son lugares privilegiados de encuentro con Jesucristo. Su testimonio se mantiene vigente y sus enseñanzas inspiran el ser y la acción de las comunidades cristianas del Continente. Entre ellos, Pedro el apóstol, a quien Jesús confió la misión de confirmar la fe de sus hermanos (cf. Lc 22, 31-32), les ayuda a estrechar el vínculo de comunión con el Papa, su sucesor, y a buscar en Jesús las palabras de vida eterna. Pablo, el evangelizador incansable, les ha indicado el camino de la audacia misionera y la voluntad de acercarse a cada realidad cultural con la Buena Noticia de la salvación. Juan, el discípulo amado por el Señor, les ha revelado la fuerza transformadora del mandamiento nuevo y la fecundidad de permanecer en su amor.

274. Nuestros pueblos nutren un cariño y especial devoción a José, esposo de María, hombre justo, fiel y generoso que  sabe perderse para hallarse en el misterio del Hijo. San José, el silencioso maestro, fascina, atrae y enseña, no con palabras sino con el resplandeciente testimonio de sus virtudes y de su firme sencillez.

275. Nuestras comunidades llevan el sello de los apóstoles y, además, reconocen el testimonio cristiano de tantos hombres y mujeres que esparcieron en nuestra geografía las semillas del Evangelio, viviendo valientemente su fe, incluso derramando su sangre como mártires. Su ejemplo de vida y santidad constituye un regalo precioso para el camino creyente de los latinoamericanos y, a la vez, un estímulo para imitar sus virtudes en las nuevas expresiones culturales de la historia. Con la pasión de su amor a Jesucristo, han sido miembros activos y misioneros en su comunidad eclesial. Con valentía, han perseverado en la promoción de los derechos de las personas, fueron agudos en el discernimiento crítico de la realidad a la luz de la enseñanza social de la Iglesia y creíbles por el testimonio coherente de sus vidas. Los cristianos de hoy recogemos su herencia y nos sentimos llamados a continuar con renovado ardor apostólico y misionero el estilo evangélico de vida que nos han trasmitido.

enero 14, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 269-272

María es la gran misionera. Ella ha estado presente de un modo singular en el proceso de evangelización de este continente. Desde su aparición en Tepeyac, María ha mostrado su amor y cercanía hacia los que acuden a Ella. Así como fue la servidora de Dios para que Cristo se encarnara, así también ha mostrado su amor de Madre para que Cristo sea acogido con fidelidad. En cada lugar podemos encontrar referencias a María: una imagen, una capilla, un lugar que está bajo su protección, el nombre llevado por tantas personas… y siempre la vamos a encontrar en su referencia a Cristo.

En todo momento María ha sido un punto de referencia en la vida cristiana. Y en este momento en que a todos los bautizados se nos hace el llamado para que descubramos y vivamos como ‘discípulos y misioneros’ con mucha más razón acudimos a María para que nos enseñe a ser y tener las actitudes que nos permitan responder a la voluntad de Dios.

¿Qué podemos aprender de María? En primer lugar el primado de la escucha de la Palabra. Ella la meditaba en su corazón. Como fruto de esta meditación, es posible sintonizar con la voluntad de Dios y ponerla como prioridad para la vida personal. A veces cuando leemos un texto de la Palabra de Dios, nos llama la atención y nos anima a tomar unas actitudes determinadas. Pero luego, aquellas buenas intenciones se pasan entre una cosa y otra. La diferencia de estar a la escucha y meditación constante de la Palabra es que dicha Palabra cambia y transforma el pensamiento, el corazón y por lo tanto, cambia el modo de actuar, de vivir. Es posible conocer a Dios como Padre y seguir a Jesucristo como Palabra de Vida. A todo esto ayuda el rezo del Rosario. Es meditar en los misterios principales de la vida de Cristo.

Las actitudes que brotan del Evangelio vienen presentadas en la persona de María. Su respuesta dócil, su disposición atenta, su valentía ante las dificultades, su entrega hasta el final nos lleva a plantearnos la respuesta personal para que también nosotros podamos ser reflejo de una vida según el Evangelio. El Evangelio nos lleva a vivir la comunión en la Iglesia.

enero 11, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | 1 comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 269-272

María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió junto al humilde Juan Diego el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde entonces son incontables las comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús. Con gozo constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos más nobles y significativos de su gente. Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho del Continente testimonian la presencia cercana de María a la gente y, al mismo tiempo, manifiestan la fe y la confianza que los devotos sienten por ella. Ella les pertenece y ellos la sienten como madre y hermana.

270. Hoy, cuando en nuestro continente latinoamericano y caribeño se quiere enfatizar el discipulado y la misión, es ella quien brilla ante nuestros ojos como imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo. Ésta es la hora de la seguidora más radical de Cristo, de su magisterio discipular y misionero al que nos envía el Papa Benedicto XVI: “María Santísima, la Virgen pura y sin mancha es para nosotros escuela de fe destinada a conducirnos y a fortalecernos en el camino que lleva al encuentro con el Creador del cielo y de la tierra. El Papa vino a Aparecida con viva alegría para decirnos en primer lugar: Permanezcan en la escuela de María. Inspírense en sus enseñanzas. Procuren acoger y guardar dentro del corazón las luces que ella, por mandato divino, les envía desde lo alto”.

271. Ella, que “conservaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón” (Lc 2, 19; cf. 2, 51), nos enseña el primado de la escucha de la Palabra en la vida del discípulo y misionero. El Magnificat está enteramente tejido por los hilos de la Sagrada Escritura, los hilos tomados de la Palabra de Dios. Así se revela que en Ella la Palabra de Dios se encuentra de verdad en su casa, de donde sale y entra con naturalidad. Ella habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se le hace su palabra, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Además así se revela que sus pensamientos están en sintonía con los pensamientos de Dios, que su querer es un querer junto con Dios. Estando íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, Ella puede llegar a ser madre de la Palabra encarnada”. Esta familiaridad con el misterio de Jesús es facilitada por el rezo del Rosario, donde: “el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la madre del Redentor”.

272. Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como en Caná de Galilea, María ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Indica, además, cuál es la pedagogía para que los pobres, en cada comunidad cristiana, “se sientan como en su casa”. Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en “casa y escuela de la comunión”, y en espacio espiritual que prepara para la misión.

enero 8, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | 5 comentarios

Comentario n. 266-268

Los precedentes numerales centrados en María, nos ayudan a entender el itinerario del camino de fe, cuyo punto fundamental es la respuesta dada con total disponibilidad al plan que Dios Padre había comenzado a actuar en el pueblo de su elección. María va a quedar desde aquel momento unida de modo indisoluble al plan de Dios: ‘yo soy la sierva del Señor’.

A través de María nos llega el ‘Autor de la Vida’: Jesucristo. En estos días de Navidad esta consideración habla por sí sola. Los pastores y los magos encuentran a Jesús junto a su Madre. Meditar, sin prisas y con corazón abierto, los textos de san Mateo y San Lucas, capítulos 1-2 nos hacen descubrir el lugar singular de María en la misión de su Hijo.

Pero ninguno puede afirmar que la maternidad de María se reduce sólo a aquellos momentos. A través del Evangelio descubrimos la presencia de María -una presencia que una lectura superficial no se da cuenta- junto a los otros discípulos del Señor. En particular, cuando los demás huyen por temor, Ella permanece junto a la Cruz, recibe la misión de madre de los discípulos, se alegra con la resurrección y acompaña a la comunidad que espera la venida del Espíritu Santo. El último libro de la Biblia, Apocalipsis 12, nos habla de una señal grandiosa: ‘una mujer vestida de sol’, en quien la Iglesia ha reconocido la glorificación de María.

María, ‘la discípula más perfecta del Señor’ nos anime con su intercesión en este camino que es personal, comunitario, parroquial, diocesano y más aún, latinoamericano de estar siempre a la escucha y meditación de la Palabra y las acciones de Jesús para que nuestra vida sea conforme al plan de Dios.

enero 2, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario