Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 258-261

Religiosidad popular o piedad popular. De los precedentes numerales se desprende la necesidad de prestar más atención a la religiosidad popular. Si en años anteriores, se pensó que las diversas manifestaciones de la piedad popular se deberían reducir al mínimo, ahora se anima a promoverlas y sostenerlas.

La religiosidad popular reviste una gran diversidad de expresiones en las diversas iglesias locales. En grandes sectores de la población ha arraigado profundamente y forma parte del modo normal de vivir y expresar la fe.

Considero que la piedad popular ha tenido un papel fundamental en sostener la identidad cristiana de los pueblos, en dar unidad y promover la integración cultural, en plasmar costumbres que tienen su raíz en la Escritura y en trasmitir en forma sencillas las verdades perennes de la fe.

La religiosidad popular ha sido como un ‘catecismo’ para muchos cristianos que quizá no han tenido la oportunidad de una formación doctrinal, o no han participado en los procesos evangelizadores de las parroquias, o bien sea que por falta de sacerdotes, por lo vivir en zonas retiradas de las parroquias, o por las razones que sean, han encontrado una continuidad en las diversas expresiones de fe.

Para cada tiempo y lugar podemos enumerar distintas iniciativas que mantiene el sentido de la fe. Basta pensar en Adviento, como tiempo que prepara a la Navidad, las diversas actividades que van desde las posadas a las pastorelas, de los villancicos a los encuentros comunitarios… son expresiones que brotan de la fe y sostienen la fe. En el mes de mayo abundan las expresiones de amor a María nuestra Madre.

Habrá que decir algo más. A veces se ha criticado que la piedad popular está mezclada con supersticiones o con elementos que no van con auténtica vida cristiana. Está en manos de los pastores ayudar a clarificar, purificar y enderezar aquello que con el tiempo se haya confundido. Si hay cosas que aclarar se tienen que hacer, puesto que es parte de la evangelización el suscitar una revisión de las prácticas de fe. No se deben quitar sin dar nada a cambio. La piedad popular debe llevar a la liturgia y desde la liturgia debe brotar una nueva y renovada piedad popular.

En el documento se mencionan: las fiestas patronales, las novenas, los rosarios y via crucis, las procesiones, las danzas y los cánticos del folclore religioso, el cariño a los santos y a los ángeles, las promesas, las oraciones en familia, las peregrinaciones.

Es oportuno descubrir el sentido que tiene la piedad popular en esta nueva etapa de la Iglesia en América Latina. Valorizar adecuadamente estas expresiones es un camino que nos ayudará en la tarea evangelizadora.

noviembre 30, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 258-261

6.1.3 La piedad popular como espacio de encuentro con Jesucristo

258. El Santo Padre destacó la “rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”, y la presentó como “el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina”. Invitó a promoverla y a protegerla. Esta manera de expresar la fe está presente de diversas formas en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer”. La “religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica.

Es un catolicismo popular”, profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana.

259. Entre las expresiones de esta espiritualidad se cuentan: las fiestas patronales, las novenas, los rosarios y via crucis, las procesiones, las danzas y los cánticos del folclore religioso, el cariño a los santos y a los ángeles, las promesas, las oraciones en familia.

Destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual.

260. Allí, el peregrino vive la experiencia de un misterio que lo supera, no sólo de la trascendencia de Dios, sino también de la Iglesia, que trasciende su familia y su barrio. En los santuarios muchos peregrinos toman decisiones que marcan sus vidas. Esas paredes contienen muchas historias de conversión, de perdón y de dones recibidos que millones podrían contar.

261. La piedad popular penetra delicadamente la existencia personal de cada fiel y aunque también se vive en una multitud, no es una “espiritualidad de masas”. En distintos momentos de la lucha cotidiana, muchos recurren a algún pequeño signo del amor de Dios: un crucifijo, un rosario, una vela que se enciende para acompañar a un hijo en su enfermedad, un Padrenuestro musitado entre lágrimas, una mirada entrañable a una imagen querida de María, una sonrisa dirigida al Cielo en medio de una sencilla alegría.

noviembre 25, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | 1 comentario

Comentario 256-257

Recordando los numerales anteriores, hemos comentado que encontramos a Jesucristo en la Iglesia, en la Sagrada Escritura, en los sacramentos, particularmente en la Eucaristía. Ahora nos queda por comentar que también se hace presente en la comunidad creyente, ‘allí donde hay dos o tres’. Jesús había prometido a sus discípulos que iba a estar siempre con ellos. Y lo hemos experimentado que así es. Él vive con nosotros.

Un discípulo del Señor vive su existencia unido a una comunidad, que se convierte en su nueva familia: la familia cristiana. Desde que Jesucristo llamó a sus discípulos, éstos comenzaron a vivir de un modo que ha llegado hasta nosotros: en comunidad. Vivir en comunidad significa ayudarse unos a otros a crecer en la fe, a sostenerse mutuamente en las dificultades, empeñarse en vivir según los valores del Reino. Significa reconocer que la comunidad es importante para mí. Que no soy un creyente aislado, sino que pertenezco a una comunidad viva, fraterna, y solidaria. La fuente y vitalidad de una comunidad se encuentra en la Palabra y la Eucaristía. Una comunidad es por ejemplo la parroquia, pero ésta a su vez, puede tener muchas ‘pequeñas comunidades’, no importa el número, ni la edad, ni el lugar: nos reunimos para compartir nuestra fe y retomar nuestro compromiso.

Consecuencia de esta comunidad es que el interés mutuo. De ahí la necesidad de estar atentos, especialmente a los más débiles: pobres, afligidos, enfermos. En ellos también está Jesucristo. Qué claras son las palabras sobre el juicio final: ‘cada vez que lo hicieron con uno de éstos más pequeños, conmigo lo hicieron’. Es la llave para entrar en el Reino de los cielos. ¿Por qué es así tan importante? Diría que en estas ‘obras de caridad’ se pone de manifiesta lo específicamente cristiano: el amor al prójimo que nace del acoger el don de Dios. Es imitar la misericordia de Dios en nuestras vidas. Es acercarnos a aquel gesto de Jesucristo en la Última Cena: le lavó los pies a sus discípulos, y les dijo: ‘hagan ustedes lo mismo’. Una vez más se nos recuerda: no basta con decir ‘Señor, Señor’.

noviembre 23, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 256-257

256. Jesús está presente en medio de una comunidad viva en la fe y en el amor fraterno. Allí Él cumple su promesa: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). Está en todos los discípulos que procuran hacer suya la existencia de Jesús, y vivir su propia vida escondida en la vida de Cristo (cf. Col 3, 3). Ellos experimentan la fuerza de su resurrección hasta identificarse profundamente con Él: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20).

Está en los Pastores, que representan a Cristo mismo (cf. Mt 10, 40; Lc 10, 16). “Los Obispos han sucedido, por institución divina, a los Apóstoles como Pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y a quien le envío” (Lumen Gentium, 20).

Está en los que dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y por el bien común, algunas veces llegando a entregar la propia vida, en todos los acontecimientos de la vida de nuestros pueblos, que nos invitan a buscar un mundo más justo y más fraterno, en toda realidad humana, cuyos límites a veces nos duelen y agobian.

257. También lo encontramos de un modo especial en los pobres, afligidos y enfermos (cf. Mt 25, 37­40), que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo. ¡Cuántas veces los pobres y los que sufren realmente nos evangelizan! En el reconocimiento de esta presencia y cercanía, y en la defensa de los derechos de los excluidos se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo.

El encuentro con Jesucristo en los pobres es una dimensión constitutiva de nuestra fe en Jesucristo. De la contemplación de su rostro sufriente en ellos y del encuentro con Él en los afligidos y marginados, cuya inmensa dignidad Él mismo nos revela, surge nuestra opción por ellos. La misma adhesión a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino.

noviembre 20, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 254-255

Quien haya leído los relatos del evangelio, habrá notado que en diversas ocasiones aquellos que van a buscar a Jesús, escuchan de Él una frase que expresa una acción invisible, pero con muchas consecuencias para la vida: “tus pecados te son perdonados”.

El perdón de los pecados es una dimensión fundamental en la misión de Jesucristo. Junto al anuncio del amor misericordioso del Padre, de la revelación de su amor por cada hombre y mujer, hace visible el ‘perdón’ que sólo Dios lo puede dar. La máxima expresión de este perdón lo encontramos en el Calvario: en la Pascua del Señor, ‘el grano de trigo que cae en tierra y da mucho fruto’.

El perdón tiene como fruto la ‘reconciliación’; pone paz allí donde había discordia; crea amistad allí donde se había ofendido; renueva y hace germinar la vida allí donde había vacío y aridez; y en especial, el perdón es fruto del verdadero amor, del Amor que es más fuerte que el pecado. El perdón da fuerzas, pone alegría, da paz, impulsa el caminar, renueva a quien lo recibe. El perdón es fruto del encuentro con Dios, que ama y tiene un proyecto de salvación para los hombres. Por esto el perdón es lugar de encuentro con Jesucristo. Encuentro se vuelve necesario para todo discípulo, en todo momento y circunstancia.

La oración se vuelve signo: de la primacía de la gracia en la vida del discípulo. La oración, al ejemplo de Jesucristo es diálogo: del Hijo con el Padre. La oración lleva a interiorizar la relación personal con el Padre a través de Jesucristo, lleva a amar a su voluntad y a realizarla en la vida de cada uno. La oración es lugar de encuentro personal o comunitario (la liturgia): ‘donde dos o tres se reúnen en mi Nombre, allí estoy en medio de ellos’.

noviembre 16, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 254-255

250. El sacramento de la reconciliación es el lugar donde el pecador experimenta de manera singular el encuentro con Jesucristo, quien se compadece de nosotros y nos da el don de su perdón misericordioso, nos hace sentir que el amor es más fuerte que el pecado cometido, nos libera de cuanto nos impide permanecer en su amor, y nos devuelve la alegría y el entusiasmo de anunciarlo a los demás con corazón abierto y generoso.

255. La oración personal y comunitaria es el lugar donde el discípulo, alimentado por la Palabra y la Eucaristía, cultiva una relación de profunda amistad con Jesucristo y procura asumir la voluntad del Padre. La oración diaria es un signo del primado de la gracia en el itinerario del discípulo misionero. Por eso “es necesario aprender a orar, volviendo siempre de nuevo a aprender este arte de los labios del Maestro”.

noviembre 11, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 250 253

Encontramos a Jesucristo en la Sagrada Liturgia. Es necesario descubrir en la sagrada Liturgia la dimensión de ‘encuentro’, no sólo entre los ‘hermanos’ sino principalmente con el Señor. Conviene tener presente que cada asamblea litúrgica celebra el misterio pascual de Jesucristo, la comunidad se reúne en torno Su presencia, al misterio Pascual. La Sagrada Liturgia es, ante todo, una acción ‘sagrada’, que tiene como autor a Jesucristo. Así como en el Antiguo Testamento Dios convocaba a su pueblo, así también en el tiempo de la Iglesia, Él continúa llamando-convocando al nuevo pueblo de Dios para que ofrezca el ‘sacrificio agradable’, a gloria de Dios y salvación de los hombres.

Se puede decir que el corazón de la sagrada liturgia lo constituye la celebración de la Eucaristía. De ahí el lugar central que tiene y debe tener en la vida de todo cristiano: Jesús al centro, la Eucaristía como fundamento de todo el vivir cristiano. No es posible vivir sin la Eucaristía, no es posible ser un auténtico creyente el Jesucristo ‘creer’ en su presencia Eucarística. En la Eucaristía encontramos a Jesús; si estamos en comunión con Él podemos caminar cada día con la fuerza de aquel alimento, esta celebración nos da la posibilidad de crecer en la fe y vivir de la fe celebrada.

De la centralidad de la Eucaristía se desprende la centralidad del Domingo, el día del Señor. El Domingo tiene como centro a Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte; Cristo Resucitado que va al encuentro de sus discípulos y se reúne con ellos, vuelve a hacer la ‘fracción del Pan’; el Domingo nos hace entrar en la dinámica de la Pascua, nos hace participar de sus frutos. La alegría que tuvieron los apóstoles al ver al Señor, le hizo comprender su entrega en la cruz y su participación en la misión. Quien pierde el sentido del Domingo, pierde la dimensión fundamental de su vida. De aquí la insistencia de la Iglesia, en recordarnos que el Domingo nos es un día cualquiera, es el día más importante.

Siendo más concretos, un discípulo no podrá ser un misionero si no pone al centro de su tiempo el Domingo, y como centro de este día la celebración de la Eucaristía. En los lugares donde no se pueda celebrar por falta de sacerdotes, la comunidad está llamada a reunirse con el mismo sentido, a la escucha de su Palabra, y si es posible, a recibir la sagrada Eucaristía. Oremos por las vocaciones.

noviembre 9, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 250-253

250. Encontramos a Jesucristo, de modo admirable, en la Sagrada Liturgia. Al vivirla, celebrando el misterio pascual, los discípulos de Cristo penetran más en los misterios del Reino y expresan de modo sacramental su vocación de discípulos y misioneros. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II nos muestra el lugar y la función de la liturgia en el seguimiento de Cristo, en la acción misionera de los cristianos, en la vida nueva en Cristo, y en la vida de nuestros pueblos en Él.

251. La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo. Con este Sacramento Jesús nos atrae hacia sí y nos hace entrar en su dinamismo hacia Dios y hacia el prójimo. Hay un estrecho vínculo entre las tres dimensiones de la vocación cristiana: creer, celebrar y vivir el misterio de Jesucristo, de tal modo, que la existencia cristiana adquiera verdaderamente una forma eucarística.

En cada Eucaristía los cristianos celebran y asumen el misterio pascual, participando en él. Por tanto, los fieles deben vivir su fe en la centralidad del misterio pascual de Cristo a través de la Eucaristía, de modo que toda su vida sea cada vez más vida eucarística.

La Eucaristía, fuente inagotable de la vocación cristiana es, al mismo tiempo, fuente inextinguible del impulso misionero. Allí el Espíritu Santo fortalece la identidad del discípulo y despierta en él la decidida voluntad de anunciar con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivido.

252. Se entiende así la gran importancia del precepto dominical, del “vivir según el domingo”, como una necesidad interior del creyente, de la familia cristiana, de la comunidad parroquial.

Sin una participación activa en la celebración eucarística dominical y en las fiestas de precepto no habrá un discípulo misionero maduro. Cada gran reforma en la Iglesia está vinculada al redescubrimiento de la fe en la Eucaristía. Es importante por esto promover la “pastoral del domingo” y darle “prioridad en los programas pastorales” para un nuevo impulso en la evangelización del pueblo de Dios en el Continente latinoamericano.

253. A las miles de comunidades con sus millones de miembros que no tienen la oportunidad de participar de la Eucaristía dominical, queremos decirles con profundo afecto pastoral que también ellas pueden y deben vivir “según el domingo”. Ellas pueden alimentar su ya admirable espíritu misionero participando de la “celebración dominical de la Palabra”, que hace presente el Misterio Pascual en el amor que congrega (cf. 1Jn 3, 14), en la Palabra acogida (cf. Jn 5, 24-25) y en la oración comunitaria (cf. Mt 18, 20). Sin duda los fieles deben anhelar la participación plena en la Eucaristía dominical, por lo cual también los alentamos a orar por las vocaciones sacerdotales.

noviembre 4, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | 3 comentarios