Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 273-275

No cabe duda que la Iglesia tiene su origen, fuente y meta en el amor trinitario del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. De aquí brota la identidad y la misión que cada uno de sus miembros han recibido. Hemos considerado que la revelación del Padre ha llegado a su plenitud en la Encarnación de Jesucristo, -Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios Verdadero- quien con sus palabras, acciones, signos y milagros, con su propia persona, nos hace presente el Reino de Dios.

Los primeros discípulos, aquellos que en su mayoría eran pescadores, recibieron una nueva misión en su vida; ellos la aceptaron y la vivieron hasta el final. Ellos fueron los testigos del Señor y se comprometieron con Él. En la Resurrección y Pentecostés comenzó para ellos un camino que los llevaba a anunciar aquello que ellos habían vivido. Se convirtieron en los ‘apóstoles’, en los enviados del Señor y otros pudieron vivir una vida nueva. Comenzaron otros que se llamaron ‘cristianos’.

Por esto no podeos olvidar que estos ‘apóstoles’ se convirtieron y son luces en el camino de cualquier discípulo del Señor. No son un muro, o un obstáculo en el nuestro seguimiento de Jesucristo. De ellos podemos aprender a cómo responder desde nuestra propia condición. Cuántas veces nos han recordado que aquellos primeros discípulos del Señor no eran perfectos, no fueron llamados por sus capacidades extraordinarias, no eran personas ‘extraordinarias’. Los evangelios nos cuentan su camino personal, que como María, se pusieron a la escucha de la Palabra Divina, recibieron la fuerza de lo Alto y se pusieron en camino.

Recordar a los apóstoles, a Pedro, a Pablo, a Juan… o a San José, o a tantos otros santos y santas, tantos hombres y mujeres que nos han precedido en el empeño por vivir con fidelidad a Jesucristo; recordarlos para imitarlos, para responder como ellos: ‘Señor, a quién iremos, tú tienes palabras de Vida eterna’.

Recordar a los santos, celebrar a los santos es poner nuestra atención en aquellos que han vivido su vida en apertura a Dios, que han dejado obrar a Dios en su vida, que han respondido con un ‘SÍ’, como lo hizo María. Hagamos memoria de todos estos hombres y mujeres que han vivido su fe, con valentía, y han sido luces para otros; no perdamos su memoria, puesto que podemos aprender mucho de ellos, quienes desde el Cielo, interceden por nosotros.

enero 20, 2009 - Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , ,

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