Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 205-208

5.3.3 Los diáconos permanentes, discípulos misioneros de Jesús Servidor

205. Algunos discípulos y misioneros del Señor son llamados a servir a la Iglesia como diáconos permanentes, fortalecidos, en su mayoría, por la doble sacramentalidad del matrimonio y del Orden. Ellos son ordenados para el servicio de la Palabra, de la caridad y de la liturgia, especialmente para los sacramentos del Bautismo y del Matrimonio; también para acompañar la formación de nuevas comunidades eclesiales, especialmente en las fronteras geográficas y culturales, donde ordinariamente no llega la acción evangelizadora de la Iglesia.

206. Cada diácono permanente debe cultivar esmeradamente su inserción en el cuerpo diaconal, en fiel comunión con su obispo y en estrecha unidad con los presbíteros y demás miembros del pueblo de Dios. Cuando están al servicio de una parroquia, es necesario que los diáconos y presbíteros busquen el diálogo y trabajen en comunión.

207. Ellos deben recibir una adecuada formación humana, espiritual, doctrinal y pastoral con programas adecuados, que tengan en cuenta -en el caso de los que están casados- a la esposa y su familia. Su formación los habilitará a ejercer con fruto su ministerio en los campos de la evangelización, de la vida de las comunidades, de la liturgia y de la acción social, especialmente con los más necesitados, dando testimonio así de Cristo servidor al lado de los enfermos, de los que sufren, de los migrantes y refugiados, de los excluidos y de las víctimas de la violencia y encarcelados.

208. La V Conferencia espera de los diáconos un testimonio evangélico y un impulso misionero para que sean apóstoles en sus familias, en sus trabajos, en sus comunidades y en las nuevas fronteras de la misión. No hay que crear en los candidatos al diaconado permanente expectativas que superen la naturaleza propia que corresponde al grado del diaconado.

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agosto 31, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , | 1 comentario

Comentario n. 201-204

Ahora nuestra atención se dirige a los párrocos como ‘animadores de la comunidad de discípulos y misioneros’. El párroco es un presbítero que ha recibido del obispo el encargo de la cura pastoral de una parroquia. Quien haya participado alguna vez en la ‘toma de posesión’ de una parroquia habrá visto unos ‘ritos propios’ de significan las tareas propias del párroco. Todo eso se traduce en una atención pastoral a los fieles que viven en aquel territorio, al mismo tiempo en el anuncio constante del Evangelio a quienes aún no profesan la fe cristiana, e ir  en busca de los católicos que han dejado su práctica cristiana. De este modo, el párroco lleva sobre sí la atención espiritual de la comunidad.

Quizá convenga hacer una aclaración antes de continuar: ‘No todos los presbíteros son párrocos’. Los sacerdotes que pertenecen a las diversas congregaciones religiosas, ellos están a tiempo completo al servicio de su congregación según el carisma propio, aunque algunas veces el obispo diocesano les pide su colaboración en parroquias. Otros sacerdotes, los recién ordenados, o los muy ancianos, o quien se vea limitado por enfermedad… normalmente colaboran con el párroco como ‘vicarios parroquiales’.

Algunos numerales anteriores nos han presentado la necesidad de una ‘renovación misionera de la parroquia’. Para que esto pueda llevarse a cabo se necesita un ‘cambio de mentalidad’, o ‘nuevas actitudes’. En primer lugar del párroco, y luego de los laicos que forman la parroquia, en definitiva, de todos. Cada uno desde su lugar y responsabilidad.

La primera exigencia del párroco: que sea un auténtico discípulo y al mismo tiempo un ardoroso misionero, una entrega generosa. Estas actitudes vitales están a la base de la renovación parroquial. Pero no es suficiente. Tengamos presente a nuestros párrocos en la oración de cada día, y manifestemos nuestra sincera disponibilidad para colaborar.

Es necesario que los laicos se sientan y sean ‘corresponsables’ de la formación de los discípulos misioneros. Pasar de una actitud pasiva a una activa, con más protagonismo. Un laico no es sólo un bautizado que siempre debe esperar que le den las cosas resueltas. Quien haya recibido un poco de formación, debe estar dispuesto a crecer más. Suscitar el interés personal por crecer en el conocimiento de la fe. Si conozco mi fe estoy en disposición de vivirla, si la vivo-testimonio estoy en camino de transmitirla a los demás. “Me diste cinco talentos… aquí están otros cinco”. Una herramienta básica: El Catecismo de la Iglesia Católica, o el Compendio del Catecismo, o los materiales que se preparan en las parroquias.

Se necesita ‘imaginación’ para encontrar respuestas a los nuevos desafíos, y junto a esto mucha disponibilidad de los laicos, de colaboradores dispuestos a trabajar en un único proyecto evangelizador. Y no se puede ignorar el lugar fundamental que tiene la familia en esta nueva perspectiva. De allí debe arrancar la nueva convicción. Laicos, hombres y mujeres, padres y madres que estén dispuesto a vivir su ‘vocación familiar’: los padres son los primeros transmisores de la fe a sus hijos, enseñándoles a través del ejemplo y la palabra a ser verdaderos discípulos misioneros. ¿Cómo se hace esto? Aquí tienen un reto. Cuando este espíritu se viva en las familias podrá vislumbrarse también a su alrededor. La familia animada por la parroquia y la parroquia apoyada por la familia. Un gran reto, una gran propuesta, un desafío.

agosto 29, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 201-204

5.3.2.2 Los párrocos, animadores de una comunidad de discípulos misioneros

201. La renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración.

202. Pero, sin duda, no basta la entrega generosa del sacerdote y de las comunidades de religiosos. Se requiere que todos los laicos se sientan corresponsables en la formación de los discípulos y en la misión. Esto supone que los párrocos sean promotores y animadores de la diversidad misionera y que dediquen tiempo generosamente al sacramento de la reconciliación. Una parroquia renovada multiplica las personas que prestan servicios y acrecienta los ministerios. Igualmente, en este campo se requiere imaginación para encontrar respuesta a los muchos y siempre cambiantes desafíos que plantea la realidad, exigiendo nuevos servicios y ministerios. La integración de todos ellos en la unidad de un único proyecto evangelizador es esencial para asegurar una comunión misionera.

203. Una parroquia, comunidad de discípulos misioneros, requiere organismos que superen cualquier clase de burocracia. Los Consejos Pastorales Parroquiales tendrán que estar formados por discípulos misioneros constantemente preocupados por llegar a todos. El Consejo de Asuntos Económicos, junto a toda la comunidad parroquial, trabajará para obtener los recursos necesarios, de manera que la misión avance y se haga realidad en todos los ambientes. Estos y todos los organismos han de estar animados por una espiritualidad de comunión misionera: “Sin este camino espiritual de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento”.

204. Dentro del territorio parroquial, la familia cristiana es la primera y más básica comunidad eclesial. En ella se viven y se transmiten los valores fundamentales de la vida cristiana. Se le llama “Iglesia Doméstica”. Allí los padres son los primeros transmisores de la fe a sus hijos, enseñándoles a través del ejemplo y la palabra a ser verdaderos discípulos misioneros. Al mismo tiempo, cuando esta experiencia de discipulado misionero es auténtica, “una familia se hace evangelizadora de muchas otras familias y del ambiente en que ella vive”. Esto opera en la vida diaria “dentro y a través de los hechos, las dificultades, los acontecimientos de la existencia de cada día”. El Espíritu, que todo lo hace nuevo, actúa aun dentro de situaciones irregulares en las que se realiza un proceso de transmisión de la fe, pero hemos de reconocer que, en las actuales circunstancias, a veces este proceso se encuentra con bastantes dificultades. La Parroquia no se propone llegar sólo a sujetos aislados, sino a la vida de todas las familias, para fortalecer su dimensión misionera.

agosto 27, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 196-200

No podía faltar una consideración sobre el celibato de los presbíteros. Para muchas personas el celibato es una mera cuestión disciplinar. Algunos no lo entienden en su sentido profundo. Es verdad que unos pocos han abandonado el ministerio sacerdotal. Pero no cabe duda que tiene sentido el celibato: es “configuración con el estilo de vida del propio Cristo y lo hace signo de su caridad pastoral en la entrega a Dios y a los hombres con corazón pleno e indiviso”. Vivirlo como libertad para entregarse a todos, a toda la Iglesia  por amor de Dios es el mejor testimonio en todo momento.

Otros desafíos de carácter estructural, son aquellos aspectos concretos que se encuentra cada sacerdote en la parroquia. Muchas veces están fuera de su alcance el superar esas dificultades.

También el presbítero está llamado a configurarse con Jesucristo, el Buen Pastor. Lo que supone un modo de vida a imitación de Jesucristo, que da la vida por su rebaño. Desde el día de la ordenación presbiteral se hacen las promesas de vivir siguiendo únicamente a Jesucristo, que no vino a ser servido sino a servir. En este camino de ‘imitación de Cristo’ no pueden faltar los elementos que constituyen la espiritualidad sacerdotal y que contribuyen a la perseverancia y santidad personal.

La comunidad, el pueblo de Dios, siente la necesidad de presbíteros que vivan como: discípulos, misioneros y servidores de la vida. La Conferencia Episcopal de cada país se encargará de llevar adelante la adecuada pastoral presbiteral.

agosto 25, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 196-200

196. En particular, el presbítero es invitado a valorar, como un don de Dios, el celibato que le posibilita una especial configuración con el estilo de vida del propio Cristo y lo hace signo de su caridad pastoral en la entrega a Dios y a los hombres con corazón pleno e indiviso. “En efecto, esta opción del sacerdote es una expresión peculiar de la entrega que lo configura con Cristo y de la entrega de sí mismo por el Reino de Dios”. El celibato pide asumir con madurez la propia afectividad y sexualidad, viviéndolas con serenidad y alegría en un camino comunitario.

197. Otros desafíos son de carácter estructural, como por ejemplo la existencia de parroquias demasiado grandes que dificultan el ejercicio de una pastoral adecuada, parroquias muy pobres que hacen que los pastores se dediquen a otras tareas para poder subsistir, parroquias situadas en sectores de extrema violencia e inseguridad y la falta y mala distribución de presbíteros en las Iglesias del Continente. 

198. El presbítero, a imagen del Buen Pastor, está llamado a ser hombre de la misericordia y la compasión, cercano a su pueblo y servidor de todos, particularmente de los que sufren grandes necesidades. La caridad pastoral, fuente de la espiritualidad sacerdotal, anima y unifica su vida y ministerio. Consciente de sus limitaciones valora la pastoral orgánica y se inserta con gusto en su presbiterio. 

199. El Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíteros-discípulos: que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración; de presbíteros-­misioneros: movidos por la caridad pastoral, que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiados y a buscar a los más alejados predicando la Palabra de Dios, siempre en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos; de presbíteros-servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. También de presbíteros llenos de misericordia, disponibles para administrar el sacramento de la reconciliación.

200. Todo esto requiere que en las diócesis y las Conferencias Episcopales desarrollen una pastoral presbiteral que privilegie la espiritualidad específica y la formación permanente e integral de los sacerdotes. La Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis, enfatiza que: “La formación permanente, precisamente porque es «permanente», debe acompañar a los sacerdotes siempre, esto es, en cualquier período y situación de su vida, así como en los diversos cargos de responsabilidad eclesial que se les confíen; todo ello, teniendo en cuenta, naturalmente, las posibilidades y características propias de la edad, condiciones de vida y tareas encomendadas”. Teniendo en cuenta el número de presbíteros que abandonaron el ministerio, cada Iglesia particular procure establecer con ellos relaciones de fraternidad y de mutua colaboración conforme a las normas prescritas por la Iglesia.

agosto 23, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 191-195

Identidad y misión de los presbíteros”. Bajo este enfoque se presenta el lugar de los presbíteros en la vida y misión de la Iglesia. Identidad: aquello por lo que un presbítero es un presbítero. Misión: que se deriva de su identidad. Identidad y misión: discípulos y misioneros de Jesús Buen Pastor.

De nuevo nos encontramos unos numerales que van dirigidos a un grupo bien específico: el de los sacerdotes. Es de gran importancia que sean los mismos presbíteros a leer y meditar estas reflexiones. Como el presente blog va dirigido a los laicos, a los parroquianos, trataré brevemente estos numerales. No está demás decir que si conocemos mejor la identidad de los sacerdotes –en la doctrina- estaremos en mejores disposiciones para ayudarles adecuadamente.

Se afirma en primer lugar que la “inmensa mayoría” de los presbíteros vive su ministerio con fidelidad. Al mismo tiempo se invita a continuar con la formación permanente, a cultivar la vida espiritual centrada en la Palabra de Dios y la Eucaristía.

A continuación se ponen de relieve unos desafíos de momento que vivimos. Se enumeran tres: uno tiene que ver con la identidad teológica, -el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común de los fieles-; el segundo con la cultura actual, -conocerla con profundidad para que el mensaje del Evangelio sea mejor acogido-; y el tercer desafío enfoca los ‘aspectos vitales’ de modo que en la comunión con el Obispo y con los demás sacerdotes pueda realizar su vida sacerdotal.

Desafíos que según los lugares y las circunstancias son más palpables que en otros. Un punto en que se insiste es la ‘espiritualidad sacerdotal’, de modo que la entrega pastoral sea precedida por la caridad.

agosto 21, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N 191-195

5.3.2 Los presbíteros, discípulos misioneros de Jesús Buen Pastor

5.3.2.1 Identidad y misión de los presbíteros

191. Valoramos y agradecemos con gozo que la inmensa mayoría de los presbíteros vivan su ministerio con fidelidad y sean modelo para los demás, que saquen tiempo para su formación permanente, que cultiven una vida espiritual que estimula a los demás presbíteros, centrada en la escucha de la Palabra de Dios y en la celebración diaria de la Eucaristía: “¡Mi Misa es mi vida y mi vida es una Misa prolongada!”. Agradecemos también a aquellos que han sido enviados a otras Iglesias motivados por un auténtico sentido misionero.

192. Una mirada a nuestro momento actual nos muestra situaciones que afectan y desafían la vida y el ministerio de nuestros presbíteros. Entre otras, la identidad teológica del ministerio presbiteral, su inserción en la cultura actual y situaciones que inciden en su existencia. 

193. El primer desafío dice relación con la identidad teológica del ministerio presbiteral. El Concilio Vaticano II establece el sacerdocio ministerial al servicio del sacerdocio común de los fieles, y cada uno, aunque de manera cualitativamente distinta, participan del único sacerdocio de Cristo. Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos ha redimido y nos ha participado su vida divina. En Él, somos todos hijos del mismo Padre y hermanos entre nosotros. El sacerdote no puede caer en la tentación de considerarse solamente un mero delegado o sólo un representante de la comunidad, sino un don para ella por la unción del Espíritu y por su especial unión con Cristo cabeza. “Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir a favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios” (Hb 5,1).

194. El segundo desafío se refiere al ministerio del presbítero inserto en la cultura actual. El presbítero está llamado a conocerla para sembrar en ella la semilla del Evangelio, es decir, para que el mensaje de Jesús llegue a ser una interpelación válida, comprensible, esperanzadora y relevante para la vida del hombre y de la mujer de hoy, especialmente para los jóvenes. Este desafío incluye la necesidad de potenciar adecuadamente la formación inicial y permanente de los presbíteros, en sus cuatro dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral.

195. El tercer desafío se refiere a los aspectos vitales y afectivos, al celibato y a una vida espiritual intensa fundada en la caridad pastoral, que se nutre en la experiencia personal con Dios y en la comunión con los hermanos; asimismo al cultivo de relaciones fraternas con el Obispo, con los demás presbíteros de la diócesis y con laicos. Para que el ministerio del presbítero sea coherente y testimonial, éste debe amar y realizar su tarea pastoral en comunión con el obispo y con los demás presbíteros de la diócesis. El ministerio sacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene una “radical forma comunitaria” y sólo puede ser desarrollado como una “tarea colectiva”. El sacerdote debe ser hombre de oración, maduro en su elección de vida por Dios, hacer uso de los medios de perseverancia, como el Sacramento de la confesión, la devoción a la Santísima Virgen, la mortificación y la entrega apasionada a su misión pastoral.

agosto 19, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 186-190

Dentro de las vocaciones específicas de los bautizados, el Documento presenta la figura del Obispo. Antes le hemos mencionado al hablar de la diócesis. Una caracterización que se pone en primer lugar es “sucesores de los apóstoles”. Son los continuadores de la misión de los Doce. Sienten en primera persona esta tarea y compromiso. Quieren asemejarse al Buen Pastor.

Es clásica la afirmación de san Agustín quien se autodefinía “con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo”. Por una parte el bautismo recibido lo hace poseedor de esta común dignidad; pero la vocación sacerdotal recibida le lleva a estar delante de la comunidad como un pastor, un obispo.

Las tareas del obispo vienen enumeradas de diverso modo: ‘servidor del Evangelio’, ‘llamados a vivir el amor a Jesucristo y a la Iglesia’, ‘promover la caridad y santidad de los fieles’, ‘llamados a ser maestros de la fe’, ‘pastores y guías espirituales de la comunidad’, ‘testigos de Jesús Buen Pastor’, ‘padres y centros de unidad’, ‘en íntima unión con el Señor’…

Algunas veces es posible percibir la cercanía del Obispo cuando visita las parroquias, cuando administra el sacramento de la confirmación, cuando hay alguna ordenación presbiteral o por el carisma personal del obispo. Hoy en día es fácil tener acceso a las predicaciones, enseñanzas, conferencias de prensa… a través de los medios de comunicación. Laicos y sacerdotes reciben del obispo el ánimo en su labor pastoral, y pueden esperar de nosotros nuestra cooperación.

agosto 17, 2008 Posted by | DISCÍPULOS | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 186-190

5.3.1 Los obispos, discípulos misioneros de Jesús Sumo Sacerdote

186. Los obispos, como sucesores de los apóstoles, junto con el Sumo Pontífice y bajo su autoridad, con fe y esperanza, hemos aceptado la vocación de servir al Pueblo de Dios conforme al corazón de Cristo Buen Pastor. Junto con todos los fieles y en virtud del bautismo somos, ante todo, discípulos y miembros del Pueblo de Dios. Como todos los bautizados, y junto con ellos, queremos seguir a Jesús, Maestro de vida y de verdad, en la comunión de la Iglesia. Como Pastores, servidores del Evangelio, somos conscientes de ser llamados a vivir el amor a Jesucristo y a la Iglesia en la intimidad de la oración, y de la donación de nosotros mismos a los hermanos y hermanas, a quienes presidimos en la caridad. Es como dice San Agustín: con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo.

187. El Señor nos llama a promover por todos los medios la caridad y la santidad de los fieles. Nos empeñamos para que el pueblo de Dios crezca en la gracia mediante los sacramentos presididos por nosotros mismos y por los demás ministros ordenados. Estamos llamados a ser maestros de la fe y, por tanto, a anunciar la Buena Nueva que es fuente de esperanza para todos, a velar y promover con solicitud y coraje la fe católica. En virtud de la íntima fraternidad, que proviene del sacramento del Orden, tenemos el deber de cultivar de manera especial los vínculos que nos unen a nuestros presbíteros y diáconos. Servimos a Cristo y a la Iglesia mediante el discernimiento de la voluntad del Padre, para reflejar al Señor en su modo de pensar, de sentir, de hablar y de comportarse en medio de los hombres. En síntesis, los obispos hemos de ser testigos cercanos y gozosos de Jesucristo, Buen Pastor (cf. Jn 10, 1-18).

188. Los Obispos, como pastores y guías espirituales de las comunidades a nosotros encomendadas, estamos llamados a “hacer de la Iglesia una casa y escuela de comunión”. Como animadores de la comunión tenemos la misión de acoger, discernir y animar carismas, ministerios y servicios en la Iglesia. Como padres y centro de unidad, nos esforzamos por presentar al mundo un rostro de la Iglesia en la cual todos se sientan acogidos como en su propia casa. Para todo el Pueblo de Dios, en especial para los presbíteros, buscamos ser padres, amigos y hermanos, siempre abiertos al diálogo

189. Para crecer en estas actitudes, los obispos hemos de procurar la unión constante con el Señor, cultivar la espiritualidad de la comunión con todos los que creen en Cristo y promover los vínculos de colegialidad que los unen al Colegio Episcopal, particularmente con su cabeza, el Obispo de Roma. No podemos olvidar que el obispo es principio y constructor de la unidad de su Iglesia particular y santificador de su pueblo, testigo de esperanza y padre de los fieles, especialmente de los pobres, y que su principal tarea es ser maestros de la fe, anunciador de la Palabra de Dios y la administración de los sacramentos, como servidores de la grey.

190. Todo el pueblo de Dios debe agradecer a los Obispos eméritos, que como pastores han entregado su vida al servicio del Reino, siendo discípulos y misioneros. A ellos los acogemos con cariño y aprovechamos su vasta experiencia apostólica que todavía puede producir muchos frutos. Ellos mantienen profundos vínculos con las diócesis que les fueron confiadas a las que están unidos por su caridad y su oración.

agosto 14, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 184-185

Hasta el momento el documento nos ha presentado la Iglesia como un lugar de comunión, que se vive a diversos niveles geográficos: diócesis, parroquias, comunidades. Ahora enumera y describe a los diferentes miembros que formamos la Iglesia.

Vocación bautismal”: El Bautismo constituye la vocación fundamental de un cristiano. Allí comienza su camino todo cristiano: como Hijo del Padre, miembro del Cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo. El Bautismo es la base de nuestra identidad y la fuente de nuestra misión. Es la condición fundamental: nos confiere la misma dignidad como discípulos de Jesucristo.

Ahora bien, no todos los bautizados, aunque tienen la misma dignidad bautismal, realizan la misma tarea, ni las mismas obligaciones. La fe recibida como en germen en el Bautismo debe crecer y madurar. En la Iglesia cada uno está llamado a encontrar el lugar que le corresponde. No es algo automático, sino una respuesta de fe. A esto se le llama: “vocación específica”, que significa que el bautizado ha concretizado su lugar, tarea y misión en la Iglesia.

Decir Iglesia es referirnos a los bautizados. Nosotros tenemos por delante muchos retos y desafíos. Cada uno debe identificar cuáles le corresponden como propios para responder a esta nueva etapa de misión.

agosto 13, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , | Deja un comentario