Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 451-457

Los numerales recogen una síntesis muy profunda sobre la dignidad de la mujer en el plan de salvación de Dios. Este es el fundamento de la antropología cristiana, es decir, la visión que sobre el hombre y la mujer –creados a imagen y semejanza de Dios-  la Iglesia ha recibido.

Algunos grupos en su afán de desprestigiar a la Iglesia o de ganar algún tipo de relevancia social, política o económica, suelen acusarla de discriminar a la mujer. Lo cual no es verdad. Tampoco se sostiene históricamente.  Mucho antes que asociaciones – que no tienen ni un siglo de fundadas- tomen la bandera de los derechos de las mujeres, es la Iglesia la que ha proclamado la igual dignidad de la mujer y del hombre. Lo peor de algunas organizaciones – ideológicamente declaradas- es buscar solamente “algunos derechos” sin querer la promoción integral de las mujeres. Fue Jesucristo quien puso de relieve la identidad y la dignidad de la mujer. El Evangelio ha sido anunciado por igual a hombres y mujeres.

En nuestra sociedad latinoamericana la Iglesia debe continuar con esta promoción humana. Pero no puede limitarse a una acción puramente humana. Es necesario reconocer el valioso aporte en el campo de la evangelización. En primer lugar, como señala el numeral 455, las mujeres: “son las primeras transmisoras de la fe y colaboradoras de los pastores, quienes deben atenderlas, valorarlas y respetarlas”. La misión continental necesita de mujeres evangelizadas,  en todos los campos de la sociedad, para que sean fermento del Reino de Dios. Mujeres jóvenes, solteras o casadas, que tengan en el corazón el deseo de vivir con coraje su testimonio de fe.

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noviembre 1, 2010 Posted by | DOCUMENTO DE APARECIDA, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 370-372

Los cambios que pudieran darse  para que los cristianos respondan mejor a la vocación cristiana no son fines en sí mismos. Las nuevas líneas de acción a nivel diocesano o parroquial deben considerarse a la luz de la Nueva Evangelización.

Como dice el Documento, no se trata sólo de unas estrategias pastorales, sino de “fidelidad a la misión del Maestro”. En la escucha y meditación de su Palabra, en la respuesta como discípulos, en la apertura a su plan de salvación, en la  comunión  de fe  y en el testimonio constante de los valores del Reino es como  manifestamos vida de cristianos.

La fe recibida no puede quedar sólo en nosotros mismos. Debe ser comunicada, con convicción y alegría a las nuevas generaciones, debe impregnarse en la cultura que vivimos para sanar y purificar, para construir un mundo según la voluntad de Dios Padre, quien quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su voluntad.

octubre 15, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 358-359

Viendo la situación de muchas personas en América Latina, “muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y su dolor” el discípulo de Jesucristo se siente interpelado a un “mayor compromiso a favor de la cultura de la vida”.

La Iglesia quiere una vida más digna para todos. No lo hace desde una perspectiva social o política, sino desde la convicción que “la vida sólo se desarrolla  plenamente en la comunión fraterna y justa”. El Evangelio nos descubre un modo de ver el mundo y sus relaciones. La Iglesia nos propone unos principios, reflexiones y líneas de acción a través de la Doctrina Social. Consideramos que debemos poner siempre en primer término que el amor a Dios es inseparable del amor al prójimo.

Los hombres y mujeres que quieren vivir según el Evangelio buscan también que esos valores lleguen a ser parte de la realidad en que vivimos. Personas nuevas que buscan estructuras nuevas que respondan mejor al plan divino de salvación.

septiembre 22, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 353-354

7.1.1 Jesús al servicio de la vida

353. Jesús, el Buen Pastor, quiere comunicarnos su vida y ponerse al servicio de la vida. Lo vemos cuando se acerca al ciego del camino (cf. Mc 10, 46-52), cuando dignifica a la samaritana (cf. Jn 4, 7-26), cuando sana a los enfermos (cf. Mt 11, 2-6), cuando alimenta al pueblo hambriento (cf. Mc 6, 30-44), cuando libera a los endemoniados (cf. Mc 5, 1-20). En su Reino de vida Jesús incluye a todos: come y bebe con los pecadores (cf. Mc 2, 16), sin importarle que lo traten de comilón y borracho (cf. Mt 11, 19); toca leprosos (cf. Lc 5, 13), deja que una mujer prostituta unja sus pies (cf. Lc 7, 36-50) y de noche recibe a Nicodemo para invitarlo a nacer de nuevo (cf. Jn 3, 1-15). Igualmente invita a sus discípulos a la reconciliación (cf. Mt 5, 24), al amor a los enemigos (cf. Mt 5, 44), a optar por los más pobres (cf. Lc 14, 15-24).

354. En su Palabra y en todos los sacramentos Jesús nos ofrece un alimento para el camino. La Eucaristía es el centro vital del universo, capaz de saciar el hambre de vida y felicidad: “El que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57). En ese banquete feliz participamos de la vida eterna y así nuestra existencia cotidiana se convierte en una Misa prolongada. Pero todos los dones de Dios requieren una disposición adecuada para que puedan producir frutos de cambio. Especialmente, nos exigen un espíritu comunitario, abrir los ojos para reconocerlo y servirlo en los más pobres: “En el más humilde encontramos a Jesús mismo”. Por eso San Juan Crisóstomo exhortaba: “¿Quieren en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo honren en el templo con manteles de seda mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez”.

agosto 13, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 347-352

He tenido algunas dificultades para actualizar el blog, sin embargo ahora quiero retomar el hilo conductor. En primer lugar debo decir que hemos llegado a la “tercera parte” del documento de Aparecida. En esta tercera parte vamos a encontrar algunas sugerencias y orientaciones que vienen a concretar algunos de los aspectos señalados anteriormente y que van a ser elementos a tomar en cuenta para impulsar la misión continental: el servicio a la vida, la promoción de la dignidad humana, la cultura…

La vida de Jesucristo para nuestros pueblos: desde esta perspectiva se van a presentar las distintas realidades. Después de centrarnos en la “vida de Jesucristo en los discípulos misioneros” ahora queremos que esta Buena Noticia de Jesucristo tenga sus manifestaciones no sólo en la vida personal de sus fieles, ni sólo en las pequeñas comunidades o parroquias, sino también que tengan un reflejo vitalizador en la sociedad en que vivimos.

Desde que el Evangelio fue anunciado en nuestras tierras ha dado sus frutos en el formarse la identidad y culturas de nuestros pueblos. Algunos años atrás hemos celebrados el V centenario de este acontecimiento. Ahora que estamos al comienzo del tercer milenio nos planteamos de nuevo el lugar y la misión que los discípulos de Jesucristo están llamados a vivir en los contextos cambiantes como los actuales.

La fe no puede quedarse solo en la intimidad de la persona. La fe profesada es una fe que madura y que se convierte también en cultura. Puesto que la gracia no destruye la naturaleza sino que la sana y la eleva, debemos considerar las distintas dimensiones de la persona creyente como lugares donde la fe exige una respuesta.

Si Jesucristo ha venido para que en Él tengamos vida, los discípulos suyos tienen que distinguirse también porque aman la vida, respetan la vida y quieren ponerse al servicio de la vida plena. Esta característica es fruto del hacer propia la misión de Jesucristo. Esta es la misión de la Iglesia.

agosto 7, 2009 Posted by | DOCUMENTO DE APARECIDA, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 289-294

6.3.2 Propuestas para la iniciación cristiana

289. Sentimos la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la vida cristiana que comience por el kerygma y, guiado por la Palabra de Dios, que conduzca un encuentro personal cada vez mayor con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre experimentado como plenitud de la humanidad, y que lleve a la conversión, al seguimiento en una comunidad eclesial y a una maduración de fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y la misión.

290. Recordamos que el itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de la Iglesia “tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos”. Se trata de una experiencia que introduce en una profunda y feliz celebración de los sacramentos, con toda la riqueza de sus signos. De este modo, la vida se va transformando progresivamente por los santos misterios que se celebran, capacitando al creyente para transformar el mundo. Esto es lo que se llama “catequesis mistagógica”.

291. Ser discípulo es un don destinado a crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida. Es necesario asumir la dinámica catequética de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral.

292. Como rasgos del discípulo al que apunta la iniciación cristiana destacamos: que tenga como centro la persona de Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda madurez humana y cristiana. Que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra, practique la confesión frecuente y participe de la Eucaristía. Que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social, sea solidario en el amor y fervoroso misionero.

293. La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que habiendo escuchado el kerygma quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro.

294. Asumir esta iniciación cristiana exige no sólo una renovación de modalidad catequística de la parroquia. Proponemos que el proceso catequístico formativo adoptado por la Iglesia para la iniciación cristiana sea asumido en todo el Continente como la manera ordinaria e indispensable de introducir en la vida cristiana, y como la catequesis básica y fundamental. Después vendrá la catequesis permanente que continúa el proceso de maduración en la fe, en la que se debe incorporar un discernimiento vocacional y la iluminación para proyectos personales de vida.

marzo 3, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA | , , , , , , | 1 comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 286-288

6.3 Iniciación a la vida cristiana y catequesis permanente

6.3.1 Iniciación a la vida cristiana

286. Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana, este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable.

287. Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que en muchas partes la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. Se impone la tarea irrenunciable de ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que además de marcar el qué, dé también elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza. Así asumiremos el desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente convocados.

288. La iniciación cristiana, que incluye el kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado. Nos da también la oportunidad de fortalecer la unidad de los tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La iniciación cristiana propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en la forma de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado postbautismal para los bautizados no suficientemente catequizados. Este catecumenado está íntimamente unido a los sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía, celebrados solemnemente en la Vigilia Pascual. Habría que distinguirla, por tanto, de otros procesos catequéticos y formativos que pueden tener la iniciación cristiana como base.

febrero 26, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 280

La persona que cree en Jesucristo, es el hombre o la mujer, que tiene su propia historia personal, que vive en unas circunstancias concretas, en un lugar determinado. La fe cristiano no aísla al creyente, no lo pone como en una esfera de cristal donde hay una barrera que le impide cualquier contacto con la realidad que le circunda. Nada de esto. Y por esto es necesario prestar atención a las diversas relaciones que una persona vive, porque serán dimensiones en las cuales la fe tiene algo importante que decirle. Cuántas veces nos hemos encontrado en el Evangelio, o en el Nuevo Testamento, o a lo largo de la historia de la Iglesia, o quizá en nuestras parroquias y comunidades, personas que después de un tiempo, de una vida alejada de Dios, deciden volver, o comenzar a llevar un camino auténticamente cristiano.

Es necesario que cada uno asuma su historia personal, y cuando sea necesario: sanarla. No podemos pensar que hay persona que no ‘tengan remedio’. Todos, para todos hay un camino de esperanza. Lo importante es descubrir que al encuentro con Jesucristo sigue un modo de vivir nuevo: ‘somos criaturas nuevas’ lo dice tantas veces el apóstol Pablo. Y como la Iglesia es comunidad, tenemos a abrirnos a esta nueva realidad. No se puede ser un creyente sin tener una comunidad. La fe que yo profeso la he recibido por medio de otros que me han ayudado en mi camino personal. Y al mismo tiempo, en la medida que vivo en comunidad mi fe es capaz de generar un testimonio, que lleva consigo el apoyar a otros en su camino personal de fe.

La formación cristiana nos prepara para dar nuestra respuesta personal y comunitaria, en lo que se refiere a ‘las cosas de la familia espiritual’ y a las que se refieren al orden temporal. Recordemos que la misión, para los laicos, tiene siempre ese doble sentido: en la Iglesia y en el mundo. No una cosa o la otra, sino que la vocación cristiana me compromete también en la historia presente, aquí y ahora.

febrero 13, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 273-275

6.1.5 Los apóstoles y los santos

273. También los apóstoles de Jesús y los santos han marcado la espiritualidad y el estilo de vida de nuestras Iglesias. Sus vidas son lugares privilegiados de encuentro con Jesucristo. Su testimonio se mantiene vigente y sus enseñanzas inspiran el ser y la acción de las comunidades cristianas del Continente. Entre ellos, Pedro el apóstol, a quien Jesús confió la misión de confirmar la fe de sus hermanos (cf. Lc 22, 31-32), les ayuda a estrechar el vínculo de comunión con el Papa, su sucesor, y a buscar en Jesús las palabras de vida eterna. Pablo, el evangelizador incansable, les ha indicado el camino de la audacia misionera y la voluntad de acercarse a cada realidad cultural con la Buena Noticia de la salvación. Juan, el discípulo amado por el Señor, les ha revelado la fuerza transformadora del mandamiento nuevo y la fecundidad de permanecer en su amor.

274. Nuestros pueblos nutren un cariño y especial devoción a José, esposo de María, hombre justo, fiel y generoso que  sabe perderse para hallarse en el misterio del Hijo. San José, el silencioso maestro, fascina, atrae y enseña, no con palabras sino con el resplandeciente testimonio de sus virtudes y de su firme sencillez.

275. Nuestras comunidades llevan el sello de los apóstoles y, además, reconocen el testimonio cristiano de tantos hombres y mujeres que esparcieron en nuestra geografía las semillas del Evangelio, viviendo valientemente su fe, incluso derramando su sangre como mártires. Su ejemplo de vida y santidad constituye un regalo precioso para el camino creyente de los latinoamericanos y, a la vez, un estímulo para imitar sus virtudes en las nuevas expresiones culturales de la historia. Con la pasión de su amor a Jesucristo, han sido miembros activos y misioneros en su comunidad eclesial. Con valentía, han perseverado en la promoción de los derechos de las personas, fueron agudos en el discernimiento crítico de la realidad a la luz de la enseñanza social de la Iglesia y creíbles por el testimonio coherente de sus vidas. Los cristianos de hoy recogemos su herencia y nos sentimos llamados a continuar con renovado ardor apostólico y misionero el estilo evangélico de vida que nos han trasmitido.

enero 14, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 269-272

María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió junto al humilde Juan Diego el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde entonces son incontables las comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús. Con gozo constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos más nobles y significativos de su gente. Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho del Continente testimonian la presencia cercana de María a la gente y, al mismo tiempo, manifiestan la fe y la confianza que los devotos sienten por ella. Ella les pertenece y ellos la sienten como madre y hermana.

270. Hoy, cuando en nuestro continente latinoamericano y caribeño se quiere enfatizar el discipulado y la misión, es ella quien brilla ante nuestros ojos como imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo. Ésta es la hora de la seguidora más radical de Cristo, de su magisterio discipular y misionero al que nos envía el Papa Benedicto XVI: “María Santísima, la Virgen pura y sin mancha es para nosotros escuela de fe destinada a conducirnos y a fortalecernos en el camino que lleva al encuentro con el Creador del cielo y de la tierra. El Papa vino a Aparecida con viva alegría para decirnos en primer lugar: Permanezcan en la escuela de María. Inspírense en sus enseñanzas. Procuren acoger y guardar dentro del corazón las luces que ella, por mandato divino, les envía desde lo alto”.

271. Ella, que “conservaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón” (Lc 2, 19; cf. 2, 51), nos enseña el primado de la escucha de la Palabra en la vida del discípulo y misionero. El Magnificat está enteramente tejido por los hilos de la Sagrada Escritura, los hilos tomados de la Palabra de Dios. Así se revela que en Ella la Palabra de Dios se encuentra de verdad en su casa, de donde sale y entra con naturalidad. Ella habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se le hace su palabra, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Además así se revela que sus pensamientos están en sintonía con los pensamientos de Dios, que su querer es un querer junto con Dios. Estando íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, Ella puede llegar a ser madre de la Palabra encarnada”. Esta familiaridad con el misterio de Jesús es facilitada por el rezo del Rosario, donde: “el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la madre del Redentor”.

272. Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como en Caná de Galilea, María ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Indica, además, cuál es la pedagogía para que los pobres, en cada comunidad cristiana, “se sientan como en su casa”. Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en “casa y escuela de la comunión”, y en espacio espiritual que prepara para la misión.

enero 8, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | 5 comentarios