Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 174-177

Al considerar que estamos al inicio de un nuevo milenio, es posible plantearnos que  quienes formamos parte de la Iglesia podemos dejar una herencia espiritual única a los que vendrán después de nosotros, si sabemos vivir con convicción nuestra fe cristiana.

Durante el primer milenio se pudo vivir la unidad en la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente; lastimosamente el segundo milenio deja muchas heridas a la comunión en la fe y los sacramentos, pero también fue un tiempo de grandes misiones, y la fe cristiana llegó a nuestras tierras. Ahora nos corresponde  consolidar y transmitir el mejor testimonio de fe cristiana, viviendo como discípulos y misioneros del Señor.

En este camino de misión la parroquia ocupa un lugar importante. El reto que se plantea es el siguiente: la convocatoria y  la formación de laicos misioneros”. Como en otros momentos se ha señalado, el Documento de Aparecida hace énfasis en la misión de todos los bautizados, y de un modo particular en aquella gran mayoría formada por los “fieles laicos”.

“Convocar” y “formar” a los laicos para que se conviertan en misioneros. En nuestras parroquias son muchos los laicos que están dispuestos a tomar un camino de formación, algunas veces ellos mismos lo exigen. Sin embargo hay otros que “brillan” por su ausencia, han hecho una “ruptura” de su vida cristiana y su vida social.

Cuando haya muchos laicos “formados” dispuestos a dar razón de su fe porque la conocen, la aman  y la viven entonces las realidades temporales podrán cambiar desde dentro.

Necesitamos tomar conciencia de una “Evangelización integral”: que nos lleve presentar la fe en toda su amplitud para que sea “fermento” de una nueva sociedad. A partir de la Palabra y la Eucaristía, de los sacramentos de que nos comunican la vida divina, es posible emprender un camino misionero, que pasa por la conversión permanente.

julio 31, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 174-177

174. Los mejores esfuerzos de las parroquias, en este inicio del tercer milenio, deben estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros. Solamente a través de la multiplicación de ellos podremos llegar a responder a las exigencias misioneras del momento actual.

También es importante recordar que el campo específico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación, la vida profesional, sobre todo en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos.

175. Siguiendo el ejemplo de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 2, 46-47), la comunidad parroquial se reúne para partir el pan de la Palabra y de la Eucaristía y perseverar en la catequesis, en la vida sacramental y la práctica de la caridad. En la celebración eucarística, ella renueva su vida en Cristo. La Eucaristía, en la cual se fortalece la comunidad de los discípulos, es para la Parroquia una escuela de vida cristiana. En ella, juntamente con la adoración eucarística y con la práctica del sacramento de la reconciliación para acercarse dignamente a comulgar, se preparan sus miembros en orden a dar frutos permanentes de caridad, reconciliación y justicia para la vida del mundo.

a) La Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, hace que nuestras parroquias sean siempre comunidades eucarísticas que viven sacramentalmente el encuentro con Cristo Salvador. Ellas también celebran con alegría:

b) En el Bautismo: la incorporación de un nuevo miembro a Cristo y a su cuerpo que es la Iglesia.

c) En la Confirmación: la perfección del carácter bautismal y el fortalecimiento de la pertenencia eclesial y de la madurez apostólica.

d) En la Penitencia o Reconciliación: la conversión que todos necesitamos para combatir el pecado, que nos hace incoherentes con los compromisos bautismales.

e) En la Unción de los Enfermos: el sentido evangélico de los miembros de la comunidad, seriamente enfermos o en peligro de muerte.

f) En el sacramento del Orden: el don del ministerio apostólico que sigue ejerciéndose en la Iglesia para el servicio pastoral de todos los fieles.

g) En el Matrimonio: el amor esponsal que como gracia de Dios germina y crece hasta la madurez haciendo efectiva en la vida cotidiana la donación total que mutuamente se hicieron al casarse.

176. La Eucaristía, signo de la unidad con todos, que prolonga y hace presente el misterio del Hijo de Dios hecho hombre (cf. Fil 2,6-8), nos plantea la exigencia de una evangelización integral. La inmensa mayoría de los católicos de nuestro continente viven bajo el flagelo de la pobreza. Esta tiene diversas expresiones: económica, física, espiritual, moral, etc.

Si Jesús vino para que todos tengamos vida en plenitud, la parroquia tiene la hermosa ocasión de responder a las grandes necesidades de nuestros pueblos. Para ello, tiene que seguir el camino de Jesús y llegar a ser buena samaritana como Él. Cada parroquia debe llegar a concretar en signos solidarios su compromiso social en los diversos medios en que ella se mueve, con toda “la imaginación de la caridad”. No puede ser ajena a los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente y que, con mucha frecuencia, son pobrezas escondidas.

Toda auténtica misión unifica la preocupación por la dimensión trascendente del ser humano y por todas sus necesidades concretas, para que todos alcancen la plenitud que Jesucristo ofrece.

177. Benedicto XVI nos recuerda que “el amor a la Eucaristía lleva también a apreciar cada vez más el Sacramento de la Reconciliación”. Vivimos en una cultura marcada por un fuerte relativismo y una pérdida del sentido del pecado que nos lleva a olvidar la necesidad del sacramento de la Reconciliación para acercarnos dignamente a recibir la Eucaristía.

Como pastores, estamos llamados a fomentar la confesión frecuente. Invitamos a nuestros presbíteros a dedicar tiempo suficiente para ofrecer el sacramento de la reconciliación con celo pastoral y entrañas de misericordia, a preparar dignamente los lugares de la celebración, de manera que sean expresión del significado de este sacramento.

Igualmente, pedimos a nuestros fieles valorar este regalo maravilloso de Dios y acercarse a él para renovar la gracia bautismal y vivir, con mayor autenticidad, la llamada de Jesús a ser sus discípulos y misioneros. Nosotros, obispos y presbíteros, ministros de la reconciliación, estamos llamados a vivir, de manera particular, la intimidad con el Maestro. Somos conscientes de nuestra debilidad y de la necesidad de ser purificados por la gracia del sacramento, que se nos ofrece para identificarnos cada vez más con Cristo, Buen Pastor y misionero del Padre. A la vez, con plena disponibilidad, tenemos la alegría de ser ministros de la reconciliación, también nosotros hemos de acercarnos frecuentemente, en un camino penitencial, al Sacramento de la Reconciliación.

julio 26, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | 4 comentarios

Comentario n. 170-173

La parroquia: Comunidad de comunidades. Aquí se recoge una definición de parroquia presentada en un documento anterior, y que concibe la parroquia, más que como un determinado territorio, como una “Comunidad” que a su vez está formada por “diversas comunidades”.

La comunión, de la que hemos hablado en números anteriores, tiene otro modo de concretizarse: en la vida parroquial. Es fácil descubrir como en las parroquias hay diversidad de “comunidades”, en unas más que otras, pero todas con un mismo fin: llevarnos a la vivencia de fe cristiana. Nos referimos a los diversos grupos parroquiales, pastorales, ministerios, comunidades, movimientos, asociaciones, institutos… presentes en la parroquia. Uno que vive dentro de la parroquia habrá experimentado dificultades para coordinar el trabajo con estas diferentes realidades; algunas veces es palpable cierta rivalidad o crítica de unos con otros, -que en el fondo se deriva de la falta de conversión-  pero se trata se superar todo esto para ver el desafío que tenemos todos por delante: “ser responsables de la evangelización de los hombres y mujeres en sus ambientes”.

La comunidad parroquial tiene una singular importancia: “en ella viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo”. Es importante  dar el lugar que tiene la parroquia, que de modo especial se visualiza en Domingo, donde la gran comunidad escucha al Señor y celebra su memorial.  Superar también dentro de la Iglesia nuestros particularismos: antes que pertenecer a tal o cual comunidad o movimiento somos una única Iglesia, redimida con la sangre de Jesucristo.

Una llamada de los obispos reunidos en Aparecida va en este sentido: impulsar la “renovación misionera de las parroquias” para conseguir que: que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión. Conseguir esto no es tarea fácil. Cada uno se aferra a sus propias convicciones. En lo personal creo que vale la pena aceptar este reto, y a esto se dirige el blog –conocer el texto de Aparecida y ofrecer algunos comentarios- insistir “con ocasión o sin ella” –como dice san Pablo- sobre esta urgencia pastoral: que todos los bautizados nos sintamos y lo seamos, en la medida de nuestras capacidades, “discípulos y misioneros” de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida.  

 

 

 

julio 21, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 170-173

5.2.2 La Parroquia, comunidad de comunidades

170. Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias. Ellas son células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión.

Uno de los anhelos más grandes que se ha expresado en las Iglesias de América Latina y El Caribe, con motivo de la preparación de la V Conferencia General, es el de una valiente acción renovadora de las Parroquias a fin de que sean de verdad “espacios de la iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y supraparroquiales y a las realidades circundantes”.

171. Todos los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la evangelización de los hombres y mujeres en cada ambiente. El Espíritu Santo, que actúa en Jesucristo, es también enviado a todos en cuanto miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés (cf. Hch 2, 1-13).

172. La renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión.

Desde la parroquia, hay que anunciar lo que Jesucristo “hizo y enseñó” (Hch 1, 1) mientras estuvo con nosotros. Su Persona y su obra son la buena noticia de salvación anunciada por los ministros y testigos de la Palabra que el Espíritu suscita e inspira. La Palabra acogida es salvífica y reveladora del misterio de Dios y de su voluntad. Toda parroquia está llamada a ser el espacio donde se recibe y acoge la Palabra, se celebra y se expresa en la adoración del Cuerpo de Cristo, y, así, es la fuente dinámica del discipulado misionero. Su propia renovación exige que se deje iluminar siempre de nuevo por la Palabra viva y eficaz.

173. La V Conferencia General es una oportunidad para que todas nuestras parroquias se vuelvan misioneras. Es limitado el número de católicos que llegan a nuestra celebración dominical; es inmenso el número de los alejados, así como el de los que no conocen a Cristo.

La renovación misionera de las parroquias se impone tanto en la evangelización de las grandes ciudades como del mundo rural de nuestro continente, que nos está exigiendo imaginación y creatividad para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo. Particularmente, en el mundo urbano, se plantea la creación de nuevas estructuras pastorales, puesto que muchas de ellas nacieron en otras épocas para responder a las necesidades del ámbito rural.

julio 19, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | 3 comentarios

Comentario n. 168-169

Estos dos numerales son claves para entender la misión en el ámbito de nuestras diócesis. Este Documento presenta líneas de acción pastoral para las diócesis de América Latina, haciendo énfasis en la misión de cada bautizado.

Si nos preguntamos: ¿dónde debemos comenzar con la misión?, ¿Cuál es mi territorio de msión? La respuesta que obtenemos de los anteriores numerales es: en la propia diócesis. Es necesario “robustecer la conciencia misionera” de la diócesis, que se traduce en anunciar a Jesucristo a aquellos que todavía no creen. No basta con identificar a un grupo, hay que tener la audacia de llegar hasta ellos. La otra acción tiene que ver con los bautizados que se han quedado al margen de las comunidades cristianas. En este sector quizá son muchos los que podemos reconocer.

Con los bautizados que no han seguido su camino de crecimiento en la fe, sino que por razones diversas sólo llegan a la Iglesia “cuando les nace o sienten necesidad”, “cuando algún familiar recibe algún sacramento o se muere”, “por alguna devoción particular”… pero sin llegar a tomarse en serio la vida cristiana, para todos ellos se abren  las diversas iniciativas de la “Nueva Evangelización”. Cuando superemos esta tarea, que no es nada fácil, podremos esperar mejores frutos.

Se trata, por tanto, de “comunicar vida al propio territorio”.  Una diócesis donde cada uno pueda sentirse llamado a vivir su vocación cristiana, urgido a trasmitir la fe recibida y alentado por su misma Iglesia particular. Este encargo de “comunicar vida” puede hacerse de muchas maneras. Las iniciativas personales pueden dar mucho fruto y deben llevarse adelante. Pero no conviene olvidar que si hay “un proyecto”, “un plan diocesano”, “una pastoral orgánica”, “un plan pastoral”, “un lineamento diocesano” o como quiera llamárselo, éste merece ser atendido y apoyado. A esto se le llama pastoral de conjunto, donde se sigue un camino propuesto dentro de la diócesis.

Un ejemplo lo tenemos en el “Plan Pastoral Arquidiocesano” (de San Salvador, que es el que conozco) allí vienen presentadas las diversas realidades que se necesitan atender en esta arquidócesis: un diagnóstico de la realidad, un marco eclesial, unas prioridades pastorales (familia, jóvenes, vocaciones) para que las parroquias lo desarrollen y apliquen en sus realidades concretas. En el actual Plan ya se tenía en cuenta la necesidad de llegar a ser una “comunidad misionera”. Ejemplos similares existen en otras diócesis.

La pastoral Orgánica supone que las diversas realidades presentes dentro de la diócesis enfocan sus prioridades en una dirección. Es  necesario integrarse activamente en la pastoral orgánica de cada diócesis. Así concretamos la comunión y la misión. ¿Estamos dispuestos a “conocer” si en nuestra diócesis existe un plan pastoral para apoyarlo?

julio 17, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario

APARECIDA N. 168-169

168. La Diócesis, en todas sus comunidades y estructuras, está llamada a ser una “comunidad misionera”. Cada Diócesis necesita robustecer su conciencia misionera, saliendo al encuentro de quienes aún no creen en Cristo en el ámbito de su propio territorio y responder adecuadamente a los grandes problemas de la sociedad en la cual está inserta. Pero también, con espíritu materno, está llamada a salir en búsqueda de todos los bautizados que no participan en la vida de las comunidades cristianas.

169. La Diócesis, presidida por el Obispo, es el primer ámbito de la comunión y la misión. Ella debe impulsar y conducir una acción pastoral orgánica renovada y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo proyecto misionero para comunicar vida en el propio territorio. Este proyecto, que surge de un camino de variada participación, hace posible la pastoral orgánica, capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos. Porque un proyecto sólo es eficiente si cada comunidad cristiana, cada parroquia, cada comunidad educativa, cada comunidad de vida consagrada, cada asociación o movimiento y cada pequeña comunidad se insertan activamente en la pastoral orgánica de cada diócesis. Cada uno está llamado a evangelizar de un modo armónico e integrado en el proyecto pastoral de la Diócesis.

julio 11, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 164-167

Lugares eclesiales para vivir la comunión: la diócesis. Los creyentes, aquellos que habían creído en el anuncio de los apóstoles, formaron comunidades cristianas, donde se fortalecían en la fe y la testimoniaban. Con el pasar de los años, y una vez superado el periodo de persecución, la Iglesia pudo organizarse mejor para atender a los creyentes. De este modo se formaron las “diócesis” o sea un determinado terrritorio a cuyo cargo estaba un obispo. El Obispo tiene el cuidado pastoral en aquel terrritorio; los presbíteros son sus colaboradores, como también los diáconos.

De este modo las “diócesis” que ahora conocemos se han formado a partir de aquellas primeras, en unión y comunión con las anteriores. Cada diócesis se conoce como una “Iglesia Particular”, o sea una parte o porción de la “Iglesia Universal”.

Cada uno de nosotros pertence a una diócesis ( o arquidiócesis), donde hay un obispo y unos sacerdotes que continúan la misión recibida de los apóstoles. Amar nuestra Iglesia particular nos lleva a amar a toda la Iglesia. Reconocemos también como fundamental la comunión con el Obispo de Roma, o sea el Papa, pues como sucesor del apóstol Pedro ha recibido una tarea importantísima: confirmar en la fe a sus hermanos.

Vivir en comunidad, vivir en la Iglesia nos lleva a superar las concepciones particulares de la fe. Nos libra de la pretensión de hacer una “iglesia a nuestro modo o según nuestros gustos”.

julio 11, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 164-167

5.2 LUGARES ECLESIALES PARA LA COMUNIÓN

 

5.2.1 La diócesis, lugar privilegiado de la comunión

 

164. La vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana. El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. Dios no quiso salvarnos aisladamente, sino formando un Pueblo. Este es un aspecto que distingue la vivencia de la vocación cristiana de un simple sentimiento religioso individual. Por eso, la experiencia de fe siempre se vive en una Iglesia Particular.

165. Reunida y alimentada por la Palabra y la Eucaristía, la Iglesia católica existe y se manifiesta en cada Iglesia particular, en comunión con el Obispo de Roma. Esta es, como lo afirma el Concilio, “una porción del pueblo de Dios confiada a un obispo para que la apaciente con su presbiterio”.

166. La Iglesia particular es totalmente Iglesia, pero no es toda la Iglesia. Es la realización concreta del misterio de la Iglesia Universal, en un determinado lugar y tiempo. Para eso, ella debe estar en comunión con las otras Iglesias particulares y bajo el pastoreo supremo del Papa, Obispo de Roma, que preside todas las Iglesias.

167. La maduración en el seguimiento de Jesús y la pasión por anunciarlo requieren que la Iglesia particular se renueve constantemente en su vida y ardor misionero. Sólo así puede ser, para todos los bautizados, casa y escuela de comunión, de participación y solidaridad.

En su realidad social concreta, el discípulo hace la experiencia del encuentro con Jesucristo vivo, madura su vocación cristiana, descubre la riqueza y la gracia de ser misionero y anuncia la Palabra con alegría.

julio 7, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 158-163

El tema de la comunión hace referencia a una realidad que se capta en la medida que se vive. Se crece en la comunión por la Palabra de Dios y por la Eucaristía. Cuando se lee, medita y asimila la Palabra de Dios nos lleva progresivamente a reforzar los lazos de unidad y armonía dentro de la comunidad cristiana. Recibir el Cuerpo de Cristo es abrirse al gran amor de Jesucristo que le llevó a dar su vida por los demás.

 

La Iglesia es comunión de amor. No lo debemos olvidar. Aquí está la clave para entender muchas cosas al interior de la comunidad cristiana. Desde la comunión podemos construir caminos de paz y fraternidad. No estamos llamados a vivir esta comunión sólo con los nuestros, sino debe ser algo que dé fruto a nuestro alrededor.

 

Un discípulo debe buscar siempre la comunión, con sus dones y talentos debe ser portador de unidad y paz.

julio 5, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 158-163

158. Al igual que las primeras comunidades de cristianos, hoy nos reunimos asiduamente para “escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivir unidos y participar en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42). La comunión de la Iglesia se nutre con el Pan de la Palabra de Dios y con el Pan del Cuerpo de Cristo. La Eucaristía, participación de todos en el mismo Pan de Vida y en el mismo Cáliz de Salvación, nos hace miembros del mismo Cuerpo (cf. 1 Co 10, 17). Ella es fuente y culmen de la vida cristiana, su expresión más perfecta y el alimento de la vida en comunión. En la Eucaristía, se nutren las nuevas relaciones evangélicas que surgen de ser hijos e hijas del Padre y hermanos y hermanas en Cristo.

La Iglesia que la celebra es “casa y escuela de comunión”, donde los discípulos comparten la misma fe, esperanza y amor al servicio de la misión evangelizadora.

 

159. La Iglesia, como “comunidad de amor”, está llamada a reflejar la gloria del amor de Dios que, es comunión, y así atraer a las personas y a los pueblos hacia Cristo. En el ejercicio de la unidad querida por Jesús, los hombres y mujeres de nuestro tiempo se sienten convocados y recorren la hermosa aventura de la fe. “Que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea” (Jn 17, 21). La Iglesia crece no por proselitismo sino “por ‘atracción’: como Cristo ‘atrae todo a sí’ con la fuerza de su amor”. La Iglesia “atrae” cuando vive en comunión, pues los discípulos de Jesús serán reconocidos si se aman los unos a los otros como Él

nos amó (cf. Rm 12, 4-13; Jn 13, 34).

 

160. La Iglesia peregrina vive anticipadamente la belleza del amor, que se realizará al final de los tiempos en la perfecta comunión con Dios y los hombres. Su riqueza consiste en vivir ya en este tiempo la “comunión de los santos”, es decir, la comunión en los bienes divinos entre todos los miembros de la Iglesia, en particular entre los que peregrinan y los que ya gozan de la gloria. Constatamos que, en nuestra Iglesia, existen numerosos católicos que expresan su fe y su pertenencia de forma esporádica, especialmente a través de la piedad a Jesucristo, la Virgen y su devoción a los santos. Los invitamos a profundizar su fe y a participar más plenamente en la vida de la Iglesia, recordándoles que “en virtud del bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo”.

 

161. La Iglesia es comunión en el amor. Esta es su esencia y el signo por la cual está llamada a ser reconocida como seguidora de Cristo y servidora de la humanidad. El nuevo mandamiento es lo que une a los discípulos entre sí, reconociéndose como hermanos y hermanas, obedientes al mismo Maestro, miembros unidos a la misma Cabeza y, por ello, llamados a cuidarse los unos a los otros

(1 Co 13; Col 3, 12-14).

 

162. La diversidad de carismas, ministerios y servicios, abre el horizonte para el ejercicio cotidiano de la comunión, a través de la cual los dones del Espíritu son puestos a disposición de los demás para que circule la caridad (cf. 1 Co 12, 4-12). Cada bautizado, en efecto, es portador de dones que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros, a fin de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo. El reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones asegurará mayor vitalidad misionera y será signo e instrumento de reconciliación y paz para nuestros pueblos. Cada comunidad está llamada a descubrir e integrar los talentos escondidos y silenciosos

que el Espíritu regala a los fieles.

 

163. En el pueblo de Dios, “la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí… La comunión es misionera y la misión es para la comunión”. En las iglesias particulares, todos los miembros del pueblo de Dios, según sus vocaciones específicas, estamos convocados a la santidad en la comunión y la misión.

julio 1, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | 3 comentarios