Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 249

Me interesa proponer la lectura orante de la Palabra de Dios, conocida como “Lectio Divina”, se traduce como Lectura orante de los textos bíblicos. Algunas veces consideramos la Biblia, como ‘algo que tenemos que leer para conocer más’, o ‘para responder a las preguntas que nos hacen’,  o porque ‘tenemos que explicar algún tema en comunidad’. Pero hay otra forma de recibir la Palabra de Dios en la Iglesia: orar con los textos, meditarlos y contemplar lo que en ellos se nos revela. No se trata de algo difícil, pero requiere práctica, silencio interior, una actitud externa que nos permita escuchar con el corazón para obtener mucho fruto de lectura de la Palabra de Dios. El Catecismo dice: “a Dios escuchamos cuando leemos su Palabra”.

Durante el reciente Sínodo de Obispos, Monseñor Santiago Jaime Silva Retamales, obispo auxiliar de Valparaíso (Chile), hizo una presentación muy concreta de “Lectio divina“, la lectura orante de la Sagrada Escritura.

El prelado explicó cómo en su diócesis, desde hace cinco años, se han creado grupos de oración y meditación en la Sagrada Escritura, renovando significativamente la vida de las comunidades cristianas, en particular, su comunión. Monseñor Silva ilustró los pasos que siguen en Valparaíso para realizar la “Lectio divina” en comunidades.

1. El encuentro comienza preparando el ambiente donde tiene lugar el encuentro. En particular, se coloca en un ambón una Biblia abierta y se preparan también los participantes, no sólo con su postura, sino también con un “corazón limpio”. Es necesario, además, que cada uno traiga su Biblia o el texto impreso.

2. A continuación tiene lugar la invocación al Espíritu Santo para que “así como hizo que la Palabra se convirtiera en libro”, fue la experiencia de la primera comunidad cristiana, “el libro se haga Palabra”.

3. Después se busca el pasaje bíblico y se prepara con preguntas que desde la vida ayuden a comprender el texto.

4. El siguiente paso es la lectura, o más bien proclamación, del texto bíblico. Es muy importante que luego siga un momento de silencio para que cada quien lo relea personalmente.

El siguiente paso sugiere a los participantes sacar un lapicero para marcar con el signo de interrogación (?) los pasajes que no entienden. Asimismo se les pide subrayar el pasaje que consideran central. Así, en el grupo, se descubre este pasaje medular o se ofrecen, en particular el guía del grupo, elementos para la comprensión.

Los participantes vuelven a leer el pasaje, y en esta ocasión deben marcar con el signo de exclamación (!) el pasaje o pasajes que interpelan sus intenciones o acciones. Con el lapicero deben marca con un asterisco (*) el pasaje o pasajes que les ayudan a orar.

5. Se pasa entonces a la meditación, siguiendo el signo de exclamación. Como ayuda, se sugiere hacer preguntas desde el pasaje que interpelan la vida.

6. Luego tiene lugar la oración, siguiendo los asteriscos, para orar desde y con la Palabra de Dios y lo vivido en el encuentro con la Palabra, es decir, Cristo.

7. Por último se deja espacio a la contemplación, ayudándose del silencio, o de la música. Lo importante, dijo el obispo, es “que Jesús me arrebate, me mire y que yo le mire, un intercambio de miradas“. Se pasa así a la última fase, “el actuar“, escribiendo una palabra (por ejemplo, “diálogo”, “ayuda”) que indica al participante el camino a seguir y compartir…

Estas prácticas en comunidad constituyen un plan de tres años, ilustró monseñor Silva. No quiere ser un curso de Biblia, aclaró, se trata de un encuentro con Jesús en la Sagrada Escritura.

Anuncios

octubre 31, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 249

249. Entre las muchas formas de acercarse a la Sagrada Escritura hay una privilegiada al que todos estamos invitados: la Lectio divina o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura. Esta lectura orante, bien practicada, conduce al encuentro con Jesús-Maestro, al conocimiento del misterio de Jesús-Mesías, a la comunión con Jesús-Hijo de Dios, y al testimonio de Jesús-Señor del universo.

Con sus cuatro momentos (lectura, meditación, oración, contemplación), la lectura orante favorece el encuentro personal con Jesucristo al modo de tantos personajes del evangelio:

Nicodemo y su ansia de vida eterna (cf. Jn 3, 1-21),

la Samaritana y su anhelo de culto verdadero (cf. Jn 4, 1-42),

el ciego de nacimiento y su deseo de luz interior (cf. Jn 9),

Zaqueo y sus ganas de ser diferente (cf. Lc 19, 1-10)…

Todos ellos, gracias a este encuentro, fueron iluminados y recreados porque se abrieron a la experiencia de la misericordia del Padre que se ofrece por su Palabra de verdad y vida. No abrieron su corazón a algo del Mesías, sino al mismo Mesías, camino de crecimiento en “la madurez conforme a su plenitud” (Ef 4, 13), proceso de discipulado, de comunión con los hermanos y de compromiso con la sociedad.

octubre 29, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 246-248

La pregunta de los discípulos ¿dónde vives? nos permite considerar “el lugar” de encuentro del Maestro con sus discípulos. Ellos fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él. Los invitó a su casa y ellos aceptaron. Toda persona que quiera vivir como discípulo, experimenta la necesidad tener un “lugar”, una ‘casa’ para el encuentro con Jesucristo.

Aquellos que serían los primeros discípulos estaban insertos en una tradición religiosa muy viva, de padres a hijos se trasmitía el recuerdo de la “Alianza” que Dios hizo con patriarcas, ellos conocían la Ley, los mandamientos, las Escrituras y daban culto al Dios Altísimo. También esperaban el cumplimiento de las promesas, que Dios enviaría a su Mesías.

Aquel lugar de encuentro de Jesús con sus discípulos, se llama ahora: Iglesia. El encuentro con Cristo, gracias a la acción invisible del Espíritu Santo, se realiza en la fe recibida y vivida en la Iglesia. Para conocer a Jesucristo todo hombre y mujer está invitado a ‘entrar’ en esta casa, que no cierra las puertas a ninguno, sino que quiere ser la expresión de comunión plena con Dios y con los hombres.

La Iglesia, qué importante es descubrir la Iglesia como nuestra casa: ¡Esta es nuestra casa! ¿Dónde podemos encontrar a Jesucristo? La respuesta es clara: en la Iglesia, en su Iglesia. Hace unos días el papa Benedicto decía que la Iglesia no es producto de la acción de los hombres, es ante todo, fruto de la acción de Dios. Dios ha querido la Iglesia, como medio de salvación para todo hombre. La Iglesia son los convocados por Jesucristo para vivir su Alianza.

La Iglesia es la expresión de la voluntad salvífica universal de Dios Padre, que en Jesucristo ha reconciliado a los hombres para formar una sola familia. La Iglesia es la Casa de Jesucristo, la Iglesia es de Jesucristo. En la Iglesia aprendemos a conocer, amar y seguir a Jesucristo. En la Iglesia recibimos la misión que Él nos encomienda a cada uno en nuestra vida.

Es importantísimo tener una noción clara acerca de la Iglesia: es una, santa, católica y apostólica. Otras aspectos se vuelven secundarios.

Encontramos a Jesús en la Sagrada Escritura, leída en la Iglesia. En estos días se ha llevado a cabo el Sínodo de Obispos, cuyo tema era: la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia. Una conclusión que me parece evidente es: necesitamos todos nutrirnos cada día de esta Palabra.

octubre 27, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 246-248

6.1.2 Lugares de encuentro con Jesucristo

246. El encuentro con Cristo, gracias a la acción invisible del Espíritu Santo, se realiza en la fe recibida y vivida en la Iglesia. Con las palabras del papa Benedicto XVI repetimos con certeza: “¡La Iglesia es nuestra casa! ¡Esta es nuestra casa! ¡En la Iglesia Católica tenemos todo lo que es bueno, todo lo que es motivo de seguridad y de consuelo! ¡Quien acepta a Cristo: Camino, Verdad y Vida, en su totalidad, tiene garantizada la paz y la felicidad, en esta y en la otra vida!”.

247. Encontramos a Jesús en la Sagrada Escritura, leída en la Iglesia. La Sagrada Escritura, “Palabra de Dios escrita por inspiración del Espíritu Santo”, es -con la Tradición-fuente de vida para la Iglesia y alma de su acción evangelizadora. Desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo y renunciar a anunciarlo.

De aquí la invitación de Benedicto XVI: “Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y El Caribe se dispone a emprender, a partir de esta V Conferencia General en Aparecida, es condición indispensable el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios. Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y la meditación de la Palabra: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vea que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6,63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios”.

248. Se hace, pues, necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesucristo vivo, camino de “auténtica conversión y de renovada comunión y solidaridad”. Esta propuesta será mediación de encuentro con el Señor si se presenta la Palabra revelada, contenida en la Escritura, como fuente de evangelización. Los discípulos de Jesús anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra: quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos.

Por esto la importancia de una “pastoral bíblica”, entendida como animación bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conocimiento de la Palabra, de comunión con Jesús u oración con la Palabra, y de evangelización inculturada o de proclamación de la Palabra. Esto exige por parte de obispos, presbíteros, diáconos y ministros laicos de la Palabra un acercamiento a la Sagrada Escritura que no sea sólo intelectual e instrumental, sino con un corazón “hambriento de oír la Palabra del Señor” (Am 8, 11). 

octubre 23, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario 243-245

El “encuentro con Jesucristo” constituye el comienzo de todo el caminar cristiano. Señala el comienzo de un nuevo camino, de una nueva orientación en la vida de cada persona. Los ‘evangelios’ nos han dejado un rico testimonio de personas diversas entre sí que se encontraron con Jesucristo, y en este encuentro de fe, aprendieron a vivir su vida en plenitud.

Al subrayar “encuentro” se pone de relieve la dimensión personal. El ‘encuentro’ se da entre personas; el ‘encuentro’ también supone abrirse a la realidad de la otra persona. Basta con estar un poco atento a nuestra vida cotidiana para darse cuenta que cada día nos ‘encontramos’ con muchas personas, por distintas razones o circunstancias. Y cuando nos encontramos con algún ‘amigo’ que hacía tiempo que no lo veíamos, normalmente nos interesamos más por saber de él, queremos escucharle y recordamos lo que él nos dice.

El ‘encuentro con Jesucristo’ tiene consecuencias, marca un antes y un después en la vida de cada persona. Los ‘galileos’ que se encontraron con Jesús se convirtieron en sus discípulos ‘quedaron fascinados y llenos de estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante el modo cómo los trataba’.

El evangelio nos cuenta que muchos son los que se acercaron a Jesucristo: unos por curiosidad, otros porque querían ponerlo a prueba; unos porque veían en Él a un profeta, otros porque necesitan alguna curación, un milagro…

El evangelio de san Juan nos trae un diálogo de Jesús con Juan y Andrés: ellos habían escuchado que Juan el Bautista había venido para preparar el camino a uno `más grande’, al Cordero que quita el pecado del mundo. Juan y Andrés se ven a Jesús, le escuchan con atención, y luego deciden seguirle.
Juan y Andrés van tras de Jesús, y entonces Él les pregunta: “¿qué buscan?”. Qué importante es tener claridad sobre lo que buscamos. Ellos, quizá no se esperaban esta pregunta “¿qué buscan?”, pero responden con el corazón: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1, 38), y con esto manifiestan que quieren conocer más de Jesucristo.

El resultado de aquellas preguntas se cuenta en los cuatro evangelios, Juan y Andrés serán los primeros de aquellos ‘Doce’ que luego van a ser enviados a todo el mundo. ‘Se quedaron con Él’ y fueron sus discípulos.

octubre 19, 2008 Posted by | IGLESIA | , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 243-245

6.1.1 El encuentro con Jesucristo

243. El acontecimiento de Cristo es, por lo tanto, el inicio de ese sujeto nuevo que surge en la historia y al que llamamos discípulo: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Esto es justamente lo que, con presentaciones diferentes, nos han conservado todos los evangelios como el inicio del cristianismo: un encuentro de fe con la persona de Jesús (cf. Jn. 1, 35-39).

244. La naturaleza misma del cristianismo consiste, por lo tanto, en reconocer la presencia de Jesucristo y seguirlo. Ésa fue la hermosa experiencia de aquellos primeros discípulos que, encontrando a Jesús, quedaron fascinados y llenos de estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante el modo cómo los trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazones.

El evangelista Juan nos ha dejado plasmado el impacto que produjo la persona de Jesús en los dos primeros discípulos que lo encontraron, Juan y Andrés. Todo comienza con una pregunta: “¿qué buscan?” (Jn 1, 38). A esa pregunta siguió la invitación a vivir una experiencia: “vengan y lo verán” (Jn 1, 39). Esta narración permanecerá en la historia como síntesis única del método cristiano.

245. En el hoy de nuestro continente latinoamericano, se levanta la misma pregunta llena de expectativa: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1, 38), ¿dónde te encontramos de manera adecuada para “abrir un auténtico proceso de conversión, comunión y solidaridad?” ¿Cuáles son los lugares, las personas, los dones que nos hablan de ti, nos ponen en comunión contigo y nos permiten ser discípulos y misioneros tuyos?

octubre 15, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

COMENTARIO N. 240-242

El capítulo 6 que ahora presentamos es como una gran propuesta de formación cristiana: “itinerario de formativo de los discípulos misioneros”. Y para esto es necesario tener en cuenta que el punto de partida de todo camino de conversión cristiana comienza por el encuentro con Jesucristo. Así viene presentado en los Evangelios, y así vino proclamado por los apóstoles.

Por esto, en primer lugar nos presenta los “lugares” del encuentro con Jesucristo, luego el proceso de formación, la iniciación cristiana, la catequesis y finalmente los lugares de formación donde el discípulo aprende a seguir con fidelidad a Jesucristo.

Quien lea detenidamente este capítulo encontrará muchas herramientas para el crecimiento personal o comunitario; quien quiera hacer una exposición sobre el Documento de Aparecida, creo que no puede prescindir de esta parte. Si la primera parte nos invitaba a mirar a nuestro alrededor para comprender la realidad de la cual tomamos parte, este último capítulo de la segunda parte hace la propuesta formativa. Si al final de la primera parte había dicho que necesitamos discípulos misioneros que impregnen con el espíritu evangélico nuestra realidad ahora se nos ofrece unas propuestas para que cada uno pueda ser un discípulo misionero. En la tercer parte, se concretiza en los diversos campos donde esta misión es urgente y necesaria.

El encuentro con Jesucristo “debe establecerse sobre el sólido fundamento de la Trinidad-Amor”. Desde la perspectiva Trinitaria entendemos que el encuentro con Jesucristo nos permite entrar en  la Comunión Trinitaria, donde nos reconocemos hijos de un mismo Padre, quien sale al encuentro de cada hombre y mujer en la situación concreta en que se encuentran; por medio de Jesucristo, hecho hombre por nuestra salvación hace perenne la “nueva y definitiva Alianza”.

octubre 13, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | 1 comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 240-242

CAPÍTULO 6 EL ITINERARIO FORMATIVO DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS

6.1 Una espiritualidad trinitaria del encuentro con Jesucristo

240. Una auténtica propuesta de encuentro con Jesucristo debe establecerse sobre el sólido fundamento de la Trinidad-Amor. La experiencia de un Dios uno y trino, que es unidad y comunión inseparable, nos permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro. La experiencia bautismal es el punto de inicio de toda espiritualidad cristiana que se funda en la Trinidad.

241. Es Dios Padre quien nos atrae por medio de la entrega eucarística de su Hijo (cf. Jn 6, 44), don de amor con el que salió al encuentro de sus hijos, para que, renovados por la fuerza del Espíritu, lo podamos llamar Padre: “Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo el dominio de la ley, para liberarnos del dominio de la ley y hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios. Y porque ya somos sus hijos, Dios mandó el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, y el Espíritu clama: ¡Abbá! ¡Padre!” (Gal 4, 4-5).

Se trata de una nueva creación, donde el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, renueva la vida de las criaturas.

242. En la historia de amor trinitario, Jesús de Nazaret, hombre como nosotros y Dios con nosotros, muerto y resucitado, nos es dado como Camino, Verdad y Vida. En el encuentro de fe con el inaudito realismo de su Encarnación, hemos podido oír, ver con nuestros ojos, contemplar y palpar con nuestras manos la Palabra de vida (cf. 1Jn 1, 1), experimentamos que “el propio Dios va tras la oveja perdida, la humanidad doliente y extraviada. Cuando Jesús habla en sus parábolas del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca la dracma, del padre que sale al encuentro de su hijo pródigo y lo abraza, no se trata sólo de meras palabras, sino de la explicación de su propio ser y actuar”.

Esta prueba definitiva de amor tiene el carácter de un anonadamiento radical (kénosis), porque Cristo “se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2, 8).

octubre 7, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 235-239

Los últimos numerales de este capítulo se dedican al diálogo interreligioso, es decir, la relación con los creyentes de otras religiones monoteístas, que creen en ‘un sólo’ Dios. Normalmente se reconocen como religiones monoteístas: el judaísmo y el islam. Se pueden considerar monoteístas algunos prácticas de pueblos autóctonos  latinoamericanos.

Jesucristo nació en el seno del pueblo judío, vivió según las tradiciones de sus padres, anunció el cumplimiento de las promesas de Dios –el Dios de Abraham, Isaac y Jacob- y con su Cuerpo y Sangre selló la Nueva Alianza, en donde todo hombre está llamado a entrar en Comunión con el Padre, por Jesucristo en el Espiritu Santo.  Los primeros discípulos del Señor fueron judíos, luego se abrieron a la fe en Jesucristo otros pueblos. No cabe duda que con el pueblo judío hay mucho elementos en común – por ejemplo, casi todo el Antiguo Testamento-. Son nuestros ‘hermanos mayores’ como decía Juan Pablo II.

Luego tenemos el Islam, quienes creen en un solo Dios. Se guían según el Corán. Geográficamente son mayoría casi absoluta en muchos países asiáticos. Sin embargo también están presentes en diversos países occidentales, donde tienen una presencia notable. No hay que aceptar generalizaciones cuando se les etiqueta de ‘fundamentalistas’, un pequeña parte quiere imponerse a la fuerza, por el terrorismo, pero esto es una desviación religiosa, no es algo positivo. Es cierto que los católicos que viven en países de mayoría islámica sufren diversas restricciones o amenazas y muchas veces se les exige un testimonio heróico.  A pesar de todo, la actitud nuestra debe ser de diálogo.

El diálgo interreligioso no pone  en duda la  centralidad y unicidad del ‘plan de salvación’ de Dios, quien ‘quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocimiento de la Verdad’; Dios quiere reunir a toda la humanidad como una sola familia, puesto que a todos los ha creado a su ‘imagen y semejanza’; por esto en ‘la plenitud de los tiempos envió a su Hijo’, y Jesucristo confió ‘su’ misión a los apóstoles para que anunciaran a todos los puebos la salvación y el perdón de los pecados. Este plan salvífico de Dios es lo que mueve a la Iglesia a estar en continua misión, en continuo anuncio de la Buena Nueva y en diálgo con los creyentes de otras religiones. Anuncio y diálogo no pueden faltar en la vida y mentalidad de un discípulo misionero.

octubre 6, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 235-239

5.5.2 Relación con el judaísmo y diálogo interreligioso

 

235. Reconocemos con gratitud los lazos que nos relacionan con el pueblo judío, con el cual nos une la fe en el único Dios y su Palabra revelada en el Antiguo Testamento. Son nuestros “hermanos mayores” en la fe de Abraham, Isaac y Jacob. Nos duele la historia de desencuentros que han sufrido, también en nuestros países. Son muchas las causas comunes que en la actualidad reclaman mayor colaboración y aprecio mutuo.

236. Por el soplo del Espíritu Santo y otros medios de Dios conocidos, la gracia de Cristo puede alcanzar a todos los que Él redimió, más allá de la comunidad eclesial, todavía de modos diferentes. Explicitar y promover esta salvación, ya operante en el mundo, es una de las tareas de la Iglesia con respecto a las palabras del Señor: “Sean mis testigos hasta los extremos de la tierra” (Hch 1, 8).

237. El diálogo interreligioso, en especial con las religiones monoteístas, se fundamenta justamente en la misión que Cristo nos confió, solicitando la sabia articulación entre el anuncio y el diálogo como elementos constitutivos de la evangelización. Con tal actitud, la Iglesia, “Sacramento universal de salvación”, refleja la luz de Cristo que “ilumina a todo hombre” (Jn 1, 9). La presencia de la Iglesia entre las religiones no cristianas está hecha de empeño, discernimiento y testimonio, apoyados en la fe, esperanza y caridad teologales.

238. Aún cuando el subjetivismo y la identidad poco definida de ciertas propuestas dificulten los contactos, eso no nos permite abandonar el compromiso y la gracia del diálogo. En lugar de desistir, hay que invertir en el conocimiento de las religiones, en el discernimiento teológico-pastoral y en la formación de agentes competentes para el diálogo interreligioso, atendiendo a las diferentes visiones religiosas presentes en las culturas de nuestro continente. El diálogo interreligioso no significa que se deje de anunciar  la Buena Nueva de Jesucristo a los pueblos no cristianos, con mansedumbre y respeto por sus convicciones religiosas.

239. El diálogo interreligioso, además de su carácter teológico, tiene un especial significado en la construcción de la nueva humanidad: abre caminos inéditos de testimonio cristiano, promueve la libertad y dignidad de los pueblos, estimula la colaboración por el bien común, supera la violencia motivada por actitudes religiosas fundamentalistas, educa a la paz y a la convivencia ciudadana: es un campo de bienaventuranzas que son asumidas por la Doctrina  Social de la Iglesia.

 

octubre 3, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario