Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 373-379

Cuando hablamos de misión distinguimos dos grandes partes: la misión ad intra y la misión ad gentes.

Con la misión ad intra nos referimos a la misión que se realiza de modo ordinario en los lugares donde la Iglesia se ha radicado. Sería aquellas situaciones donde hay una  estructura  bien definida: Las diócesis, las parroquias, los ordinariatos. Es la tarea permanente de evangelización o “nueva evangelización”  para todos aquellos que viven la fe cristiana. Es como acompañar a la madurez de la fe de los cristianos y enseñarla a las nuevas generaciones. Es quizá la realidad que nos hemos encontrado aquellos que hemos vivido en una comunidad parroquial.

En cambio, con la misión ad gentes, se refiere a un tipo específico de tarea evangelizadora: anunciar por primera vez a Jesucristo a aquellos que aún no le conocen, o no han escuchado hablar de Él. Aquí nos viene a la mente la figura del “misionero”: de quien está dispuesta a ir allá donde hayan hombres que aún no conocen la fe cristiana. Se trata de un comienzo de la Iglesia en estos lugares.

En dos mil años de cristianismo nos damos cuenta que la misión ad gentes es aún una realidad actual y urgente: La Iglesia no puede renunciar a su misión, a su tarea , a su naturaleza misionera. Los misioneros no tienen asegurado el éxito en la misión. Sabemos que las dificultades son de diversa índole, algunas veces, las mismas autoridades civiles no reconocen el derecho a la libertad religiosa. Muchos son los misioneros que se juegan la vida por Jesucristo en la actualidad, quizá no nos enteramos porque no viene dicho en ningún periódico de nuestros países, pero es la realidad.

América Latina tiene madurar esta conciencia misionera. Nuestras comunidades tienen sentir el ardor misionero.

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octubre 23, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISIÓN, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , | 2 comentarios

Comentario n. 331-336

Retomando el Documento de Aparecida, nos encontramos con la consideración que la educación tiene un lugar primario en la formación de la persona, y como consecuencia de la sociedad. A continuación se mira a la identidad de los lugares donde se imparte una educación católica. Como no puede ser de otra manera, los centros educativos católicos nacen en el seno de la Iglesia y participan de su misma naturaleza. Si la Iglesia tiene como misión anunciar a Jesucristo, los lugares de formación católica comparten esta misma misión.

Las instituciones católicas,  las congregaciones que tienen el carisma de la educación, o las escuelas parroquiales nacen como una respuesta a una necesidad en momento concreto. Con el tiempo las instituciones llegan a transformarse en grandes estructuras. Pero si vemos la raíz de todo, al comienzo encontramos la preocupación de una persona por dar a conocer a Jesucristo. Basta pensar en don Bosco, Marcelino Champagnat o las diversas instituciones católicas que llevan adelante la educación. En todos estos fundadores hay un ardiente deseo de anunciar a Jesucristo, de darlo a conocer, de combatir la ignorancia. Y unido a la educación está la preocupación por la humanizar la sociedad.

Son muchos los padres de familia que envían a sus hijos a los centros de formación católicos. Y esto es normal: la formación en los centros católicos  goza de una gran aceptación. Lo que ahora se recuerda es que forma parte de la identidad de estos centros de educación la dimensión religiosa. En concreto la educación cristiana tiene un lugar fundamental dentro del currículum escolar. Por otra parte comporta que cada institución esté en comunión con la Iglesia, que enseñen la doctrina cristiana y ayuden a los niños y jóvenes a responder cada vez mejor a su compromiso cristiano y sean responsables en su compromiso temporal.

En esta etapa de misión, los cnetros de educación católica, tienen un compromiso en el anuncio de Jesucristo, los valores del Evangelio y todo aquello que sea responda a la verdad del hombre, a su dignidad, su vocación y misión.

mayo 30, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, DOCUMENTO DE APARECIDA, FAMILIA, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA n. 331-336

6.4.6.1 Los centros educativos católicos

331. La misión primaria de la Iglesia es anunciar el Evangelio de manera tal que garantice la relación entre fe y vida tanto en la persona individual como en el contexto socio-cultural en que las personas viven, actúan y se relacionan entre sí. Así procura “transformar mediante la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que están en contraste con la Palabra de Dios y el designio de salvación”.

332. Cuando hablamos de una educación cristiana, por tanto, entendemos que el maestro educa hacia un proyecto de ser humano en el que habite Jesucristo con el poder transformador de su vida nueva. Hay muchos aspectos en los que se educa y de los que consta el proyecto educativo. Hay muchos valores, pero estos valores nunca están solos, siempre forman una constelación ordenada explícita o implícitamente. Si la ordenación tiene como fundamento y término a Cristo, entonces esta educación está recapitulando todo en Cristo y es una verdadera educación cristiana; si no, puede hablar de Cristo, pero corre el riesgo de no ser cristiana.

333. Se produce de este modo una compenetración entre los dos aspectos. Lo cual significa que no se concibe que se pueda anunciar el Evangelio sin que éste ilumine, infunda aliento y esperanza, e inspire soluciones adecuadas a los problemas de la existencia; ni tampoco que pueda pensarse en una promoción verdadera y plena del ser humano sin abrirlo a Dios y anunciarle a Jesucristo.

334. La Iglesia está llamada a promover en sus escuelas una educación centrada en la persona humana que es capaz de vivir en la comunidad, aportando lo suyo para su bien. Ante el hecho de que muchos se encuentran excluidos, la Iglesia deberá impulsar una educación de calidad para todos, formal y no-formal, especialmente para los más pobres. Educación que ofrezca a los niños, a los jóvenes y a los adultos el encuentro con los valores culturales del propio país, descubriendo o integrando en ellos la dimensión religiosa y trascendente. Para ello necesitamos una pastoral de la educación dinámica y que acompañe los procesos educativos, que sea voz que legitime y salvaguarde la libertad de educación ante el Estado y el derecho a una educación de calidad de los más desposeídos.

335. De este modo, estamos en condiciones de afirmar que en el proyecto educativo de la escuela católica, Cristo, el Hombre perfecto, es el fundamento, en quien todos los valores humanos encuentran su plena realización, y de ahí su unidad. Él revela y promueve el sentido nuevo de la existencia y la transforma, capacitando al hombre y a la mujer para vivir de manera divina; es decir, para pensar, querer y actuar según el Evangelio, haciendo de las bienaventuranzas la norma de su vida. Precisamente por la referencia explícita, y compartida por todos los miembros de la comunidad escolar, a la visión cristiana —aunque sea en grado diverso, y respetando la libertad de conciencia y religiosa de los no cristianos presentes en ella— la educación es “católica”, ya que los principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo en metas finales.

Éste es el carácter específicamente católico de la educación. Jesucristo, pues, eleva y ennoblece a la persona humana, da valor a su existencia y constituye el perfecto ejemplo de vida. Es la mejor noticia, propuesta a los jóvenes por los centros de formación católica.

336. Por lo tanto, la meta que la escuela católica se propone respecto de los niños y jóvenes, es la de conducir al encuentro con Jesucristo vivo, Hijo del Padre, hermano y amigo, Maestro y Pastor misericordioso, esperanza, camino, verdad y vida, y así a la vivencia de la alianza con Dios y con los hombres. Lo hace, colaborando en la construcción de la personalidad de los alumnos, teniendo a Cristo como referencia en el plano de la mentalidad y de la vida.

Tal referencia, al hacerse progresivamente explícita e interiorizada, le ayudará a ver la historia como Cristo la ve, a juzgar la vida como Él lo hace, a elegir y amar como Él, a cultivar la esperanza como Él nos enseña, y a vivir en Él la comunión con el Padre y el Espíritu Santo. Por la fecundidad misteriosa de esta referencia, la persona se construye en unidad existencial, o sea, asume sus responsabilidades y busca el significado último de su vida. Situada en la Iglesia, comunidad de creyentes, logra con libertad vivir intensamente la fe, anunciarla y celebrarla con alegría en la realidad de cada día. Como consecuencia, maduran y resultan connaturales las actitudes humanas que llevan a abrirse sinceramente a la verdad, a respetar y amar a las personas, a expresar su propia libertad en la donación de sí y en el servicio a los demás para la transformación de la sociedad.

mayo 19, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISIÓN, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , | 1 comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 319-327

319. Es necesario un proyecto formativo del Seminario que ofrezca a los seminaristas un verdadero proceso integral: humano, espiritual, intelectual y pastoral, centrado en Jesucristo Buen Pastor. Es fundamental que durante los años de formación, los seminaristas sean auténticos discípulos, llegando a realizar un verdadero encuentro personal con Jesucristo en la oración con la Palabra, para que establezcan con Él relaciones de amistad y amor, asegurando un auténtico proceso de iniciación espiritual, especialmente, en el Período Propedéutico. La espiritualidad que se promueva deberá responder a la identidad de la propia vocación, sea diocesana o religiosa.

320. Se procurará a lo largo de la formación desarrollar un amor tierno y filial a María, de manera que cada formando llegue a tener con ella una espontánea familiaridad, y la “acoja en su casa” como el discípulo amado. Ella brindará a los sacerdotes fortaleza y esperanza en los momentos difíciles y los alentará a ser incesantemente discípulos misioneros para el Pueblo de Dios.

321. Se deberá prestar especial atención al proceso de formación humana hacia la madurez, de tal manera que la vocación al sacerdocio ministerial de los candidatos llegue a ser en cada uno un proyecto de vida estable y definitivo, en medio de una cultura que exalta lo desechable y lo provisorio. Dígase lo mismo de la educación hacia la madurez de la afectividad y la sexualidad. Ésta debe llevar a comprender mejor el significado evangélico del celibato consagrado como valor que configura a Jesucristo, por tanto, como un estado de amor, fruto del don precioso de la gracia divina, según el ejemplo de la donación nupcial del Hijo de Dios; a acogerlo como tal con firme decisión, con magnanimidad y de todo corazón; y a vivirlo con serenidad y fiel perseverancia, con la debida ascesis en un camino personal y comunitario, como entrega a Dios y a los demás con corazón pleno e indiviso.

322. En todo el proceso formativo, el ambiente del Seminario y la pedagogía formativa deberán cuidar un clima de sana libertad y de responsabilidad personal, evitando crear ambientes artificiales o itinerarios impuestos. La opción del candidato por la vida y ministerio sacerdotal debe madurar y apoyarse en motivaciones verdaderas y auténticas, libres y personales. A ello se orienta la disciplina en las casas de formación. Las experiencias pastorales, discernidas y acompañadas en el proceso formativo, son sumamente importantes para corroborar la autenticidad de las motivaciones en el candidato y ayudarle a asumir el ministerio como un verdadero y generoso servicio, en el cual el ser y el actuar, persona consagrada y ministerio, son realidades inseparables.

323. Al mismo tiempo, el Seminario deberá ofrecer una formación intelectual seria y profunda, en el campo de la filosofía, de las ciencias humanas y, especialmente de la teología y la misionología, a fin de que el futuro sacerdote aprenda a anunciar la fe en toda su integridad, fiel al Magisterio de la Iglesia, con atención crítica atento al contexto cultural de nuestro tiempo y a las grandes corrientes de pensamiento y de conducta que deberá evangelizar. Asimismo se deberá reforzar el estudio de la Palabra de Dios en el currículum académico en los diversos campos formativos, procurando que la Palabra divina no se reduzca sólo a nociones, sino que sea en verdad espíritu y vida que ilumine y alimente toda la existencia. Por tanto, será necesario contar en cada seminario con el número suficiente de profesores bien preparados.

324. Es indispensable confirmar que los candidatos sean capaces de asumir las exigencias de la vida comunitaria, la cual implica diálogo, capacidad de servicio, humildad, valoración de los carismas ajenos, disposición a dejarse interpelar por los demás, obediencia al obispo y apertura para crecer en comunión misionera con los presbíteros, diáconos, religiosos y laicos, sirviendo a la unidad en la diversidad. La Iglesia necesita sacerdotes y consagrados que nunca pierdan la conciencia de ser discípulos en comunión.

325. Los jóvenes provenientes de familias pobres o de grupos indígenas, requieren una formación inculturada, es decir, deben recibir la adecuada formación teológica y espiritual para su futuro ministerio, sin que ello les haga perder sus raíces y, de esta forma puedan ser evangelizadores cercanos a sus pueblos y culturas.

326. Es oportuno señalar la complementariedad entre la formación iniciada en el Seminario y el proceso formativo que abarca las diversas etapas de vida del presbítero. Hay que despertar la conciencia de que la formación sólo termina con la muerte. La formación permanente “es un deber ante todo para los sacerdotes jóvenes, y ha de tener aquella frecuencia y programación de encuentros que, a la vez que prolongan la seriedad y solidez de la formación recibida en el seminario lleven progresivamente a los jóvenes presbíteros a comprender y vivir la singular riqueza del «don» de Dios -el sacerdocio- y a desarrollar sus potencialidades y aptitudes ministeriales, también mediante una inserción cada vez más convencida y responsable en el presbiterio, y por tanto en la comunión y corresponsabilidad con todos los hermanos.”. Al respecto, se requieren proyectos diocesanos bien articulados y constantemente evaluados.

327. Las casas y centros de formación de la Vida religiosa son también espacios privilegiados de discipulado y formación de los misioneros y misioneras, según el carisma propio de cada instituto religioso.

abril 25, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISIÓN, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 301-303

La familia es una institución de una gran relevancia a nivel humano, y por consiguiente también para la formación cristiana.

La familia es “fuente de valores humanos y cívicos“: es en el seno familiar donde la persona adquiere la formación para vivir y convivir en la sociedad. Dado que la persona es un ser social por naturaleza, es decir, no puede realizar su existencia, su vida, su proyecto personal por sí mismos, sino que siempre es necesario contar con un ambiente, con unas personas, con otros que le ayudan en el crecimiento personal.

La familia tiene su fundamento en el matrimonio. Hombre y mujer deciden realizar un proyecto juntos, se comprometen a vivir de modo estable el uno para el otro. El matrimonio es ese compromiso establecido sobre la base del amor y la libertad, entre dos personas que libremente aceptan el vínculo que les une de modo indisoluble.

En la medida que la familia cumple su función la sociedad se fortalece y se enriquece.  Es por esto que la Iglesia proclama con claridad la  verdad del matrimonio y la familia, como instituciones que solo pueden estar a disposición del bien de la persona, de su desarrollo y crecimiento integral.

Creo que todos somos conscientes que crecer en una familia unida es la mejor escuela de la vida. Cuando papá y mamá saben estar a la altura de sus responsabilidades, ellos mismos experimentan la alegría de entregarse mutuamente y por sus hijos.

Y por otra parte también nos damos cuenta que cuando un matrimonio se rompe, es un mal y sufrimiento para todos. Dentro del plan de Dios, está que hombre y mujer vivan su “alianza” de amor durante toda la vida. El paradigma de este amor lo encontramos en Dios mismo, que ha querido hacer una “Alianza con los hombres” y Dios es fiel a esta Alianza. En el fondo, y como causa última, es el pecado el que rompe esta unidad entre Dios y los hombres, y como consecuencia también entro los hombres entre sí. El divorcio no puede ser una bien  ni para los esposos ni para los hijos. Es sobre la unidad del amor que se funda la persona.

Tener matrimonios fuertes, sólidos, bien constituidos, hogares donde se acoge generosa y responsablemente, familias que educan a sus hijos es algo que entra dentro de la misión de la Iglesia. En la medida que papá y mamá viven su fe, se ponen en disposición de transmitir la fe. Este es el mejor modo de cumplir la gran misión continental que la Iglesia quiere impulsar. En la experiencia diaria es donde se realiza la formación cristiana de los hijos, y no sólo en los momentos aislados.

La pastoral familiar tiene un lugar importantísimo para hacer descubrir a los matrimonios que no pueden olvidar o poner en segundo plano la formación cristiana de los hijos. Todo esto viene facilitado cuando hay conciencia de la dignidad del matrimonio.

marzo 21, 2009 Posted by | FAMILIA, FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISIÓN, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 289-294

Si hemos leído detenidamente estos numerales nos hemos dado cuenta que la iniciación cristiana es algo fundamental. De ella se señala: “La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo”. Quizá hemos reflexionado poco -a nivel personal, comunitario, parroquial o diocesano- en la realidad significada por ‘iniciación cristiana’ pero de ella depende en gran medida el crecimiento eficaz del cristiano.

No hace falta que seamos catequistas, animadores de la comunidad, agentes pastorales o responsables de ministerios, pastorales o sectores dentro de la parroquia para sentirnos directamente responsables de la iniciación cristiana de los demás. Basta con ser padres de familia, o mejor dicho, basta ser un bautizado para tomar conciencia que la iniciación cristiana es fundamental.

Actualmente para algunas familias católicas, y con toda buena intención, luego que ha nacido el hijo y ha sido bautizado, esperan que crezca para que a su debido momento pueda recibir la catequesis básica o ‘la doctrina’ en la parroquia o en la escuela donde estudia, para que haga la Primera Comunión y de este modo cumplen con su deber de padres. Otras familias -también católicas- dejan que el niño o la niña cuando ya esté grandecito(a) pida voluntariamente la recepción de los sacramentos para no ‘obligarlos’. Y otros, se que se preocupan de la catequesis lo hacen porque lo miran como un ‘acto social’ nuestros hijos deben recibir los sacramentos, pues ‘qué va a decir la gente’.

Quizá he exagerado un poco. Espero que la idea se comprenda. Se trata de algo mucho más importante que las simples razones que se han dado. Iniciación cristiana quiere decir: ayudar al bautizado a que ‘viva’ su vida cristiana. Esto era muy claro en los primeros cristianos, cuando ser cristiano no era motivo de gloria sino de desprecio, y se evidencia en los tiempos de persecución: ¿Por qué voy a arriesgar mi vida? Solamente cuando hay conciencia que el cristiano tiene una vida nueva, y que debe ser sal y luz del mundo, y sobre todo, que en Jesucristo se le ha revelado el amor misericordioso del Padre, entonces puede plantearse la vida de un modo nuevo.

En definitiva, es ayudar a los más jóvenes, pero no sólo a ellos, -también a los ‘viejos’- a que vivan con coherencia. Que sean conscientes de porqué es importante vivir de un modo y no de otro. Mirar más a Jesucristo y no tanto ‘al mundo’. El bautizado ha recibido un don tan grande que no lo puede perder, y todos somos responsables de todos: formamos un solo Cuerpo en Cristo Jesús.

marzo 8, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISIÓN, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | 2 comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 286-288

6.3 Iniciación a la vida cristiana y catequesis permanente

6.3.1 Iniciación a la vida cristiana

286. Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana, este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable.

287. Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que en muchas partes la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. Se impone la tarea irrenunciable de ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que además de marcar el qué, dé también elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza. Así asumiremos el desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente convocados.

288. La iniciación cristiana, que incluye el kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado. Nos da también la oportunidad de fortalecer la unidad de los tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La iniciación cristiana propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en la forma de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado postbautismal para los bautizados no suficientemente catequizados. Este catecumenado está íntimamente unido a los sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía, celebrados solemnemente en la Vigilia Pascual. Habría que distinguirla, por tanto, de otros procesos catequéticos y formativos que pueden tener la iniciación cristiana como base.

febrero 26, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 284-285

La espiritualidad misionera tiene su fundamento en la docilidad a los impulsos del Espíritu Santo. No está demás el recordar cómo el Espíritu Santo mueve a Jesús durante su misión pública, después de haber recibido el bautismo en el Jordán.  Es el Espíritu Santo el que muestra que Pablo y Bernabé han sido escogidos para la misión. Y a lo largo de la Iglesia, es siempre el Espíritu Santo el que suscita, mueve y robustece la vida del discípulo.

Todos hemos recibido al Espíritu Santo a través de los sacramentos: con el Bautismo y la Confirmación. Luego está en cada uno el dejarlo actuar. El Documento advierte que tener el Espíritu Santo no se limita a una experiencia intimista, que se queda solo y exclusivamente en la persona. Sino más bien, que gracias a que el Espíritu Santo vive en los cristianos, éstos  pueden vivificar, con una vitalidad nueva, – con la vida que viene de Dios-, el caminar cotidiano. Aquí nos encontramos ya con los ámbitos donde hay que realizar la misión. Hace falta recordar que un punto clave de la llamada a la misión es llevar el espíritu cristiano en nuestra propia sociedad, para que ‘en Cristo tengamos vida’.

Con el Bautismo hemos recibido la vocación cristiana, pero a lo largo de nuestra vida, tenemos la oportunidad de descubrir nuestro lugar en esa historia de amor, que es la historia de la Salvación, donde respondemos a Dios con nuestra libertad y con la confianza que Dios puede actuar a través de nosotros, si se lo permitimos. Unos descubren que Dios les llama a servir como presbíteros, a otros les llama a consagrarse en la vida religiosa y la gran mayoría de los bautizados, son lo que viven  su vocación en medio del devenir social, económico, político, cultural… de modo que cada uno está llamado a dejarse guiar por el Espíritu Santo y a responder según nos lo inspire cada día.

febrero 24, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, FAMILIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 284-285

6.2.2.5 Una formación en la espiritualidad de la acción misionera

284. Es necesario formar a los discípulos en una espiritualidad de la acción misionera, que se basa en la docilidad al impulso del Espíritu, a su potencia de vida que moviliza y transfigura todas las dimensiones de la existencia. No es una experiencia que se limita a los espacios privados de la devoción, sino que busca penetrarlo todo con su fuego y su vida. El discípulo y misionero, movido por el impulso y el ardor que proviene del Espíritu, aprende a expresarlo en el trabajo, en el diálogo, en el servicio, en la misión cotidiana.

285. Cuando el impulso del Espíritu impregna y motiva todas las áreas de la existencia, entonces también penetra y configura la vocación específica de cada uno. Así se forma y desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc.

Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas. Así, la vida en el Espíritu no nos cierra en una intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo.

febrero 20, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 280

6.2.2.2 Una formación atenta a dimensiones diversas

280. La formación abarca diversas dimensiones que deberán ser integradas armónicamente a lo largo de todo el proceso formativo. Se trata de la dimensión humana comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral-misionera.

a) La Dimensión Humana y Comunitaria. Tiende a acompañar procesos de formación que lleven a asumir la propia historia y a sanarla, en orden a volverse capaces de vivir como cristianos en un mundo plural, con equilibrio, fortaleza, serenidad y libertad interior. Se trata de desarrollar personalidades que maduren en el contacto con la realidad y abiertas al Misterio.

b) La Dimensión Espiritual. Es la dimensión formativa que funda el ser cristiano en la experiencia de Dios manifestado en Jesús y que lo conduce por el Espíritu a través de los senderos de una maduración profunda. Por medio de los diversos carismas se arraiga la persona en el camino de vida y de servicio propuesto por Cristo, con un estilo personal. Permite adherirse de corazón por la fe, como la Virgen María, a los caminos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su Maestro y Señor.

c) La Dimensión Intelectual. El encuentro con Cristo, Palabra hecha Carne, potencia el dinamismo de la razón que busca el significado de la realidad y se abre al Misterio. Se expresa en una reflexión seria, puesta constantemente al día a través del estudio que abre la inteligencia, con la luz de la fe, a la verdad. También capacita para el discernimiento, el juicio crítico y el diálogo sobre la realidad y la cultura. Asegura de una manera especial el conocimiento bíblico teológico y de las ciencias humanas para adquirir la necesaria competencia en vista de los servicios eclesiales que se requieran y para la adecuada presencia en la vida secular.

d) La Dimensión Pastoral y Misionera. Un auténtico camino cristiano llena de alegría y esperanza el corazón y mueve al creyente a anunciar a Cristo de manera constante en su vida y en su ambiente. Proyecta hacia la misión de formar discípulos misioneros al servicio del mundo. Habilita para proponer proyectos y estilos de vida cristiana atrayentes, con intervenciones orgánicas y de colaboración fraterna con todos los miembros de la comunidad. Contribuye a integrar evangelización y pedagogía, comunicando vida y ofreciendo itinerarios pastorales acordes con la madurez cristiana, la edad y otras condiciones propias de las personas o de los grupos.

Incentiva la responsabilidad de los laicos en el mundo para construir el Reino de Dios. Despierta una inquietud constante por los alejados y por los que ignoran al Señor en sus vidas.

febrero 10, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario