Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 331-336

Retomando el Documento de Aparecida, nos encontramos con la consideración que la educación tiene un lugar primario en la formación de la persona, y como consecuencia de la sociedad. A continuación se mira a la identidad de los lugares donde se imparte una educación católica. Como no puede ser de otra manera, los centros educativos católicos nacen en el seno de la Iglesia y participan de su misma naturaleza. Si la Iglesia tiene como misión anunciar a Jesucristo, los lugares de formación católica comparten esta misma misión.

Las instituciones católicas,  las congregaciones que tienen el carisma de la educación, o las escuelas parroquiales nacen como una respuesta a una necesidad en momento concreto. Con el tiempo las instituciones llegan a transformarse en grandes estructuras. Pero si vemos la raíz de todo, al comienzo encontramos la preocupación de una persona por dar a conocer a Jesucristo. Basta pensar en don Bosco, Marcelino Champagnat o las diversas instituciones católicas que llevan adelante la educación. En todos estos fundadores hay un ardiente deseo de anunciar a Jesucristo, de darlo a conocer, de combatir la ignorancia. Y unido a la educación está la preocupación por la humanizar la sociedad.

Son muchos los padres de familia que envían a sus hijos a los centros de formación católicos. Y esto es normal: la formación en los centros católicos  goza de una gran aceptación. Lo que ahora se recuerda es que forma parte de la identidad de estos centros de educación la dimensión religiosa. En concreto la educación cristiana tiene un lugar fundamental dentro del currículum escolar. Por otra parte comporta que cada institución esté en comunión con la Iglesia, que enseñen la doctrina cristiana y ayuden a los niños y jóvenes a responder cada vez mejor a su compromiso cristiano y sean responsables en su compromiso temporal.

En esta etapa de misión, los cnetros de educación católica, tienen un compromiso en el anuncio de Jesucristo, los valores del Evangelio y todo aquello que sea responda a la verdad del hombre, a su dignidad, su vocación y misión.

mayo 30, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, DOCUMENTO DE APARECIDA, FAMILIA, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA n. 331-336

6.4.6.1 Los centros educativos católicos

331. La misión primaria de la Iglesia es anunciar el Evangelio de manera tal que garantice la relación entre fe y vida tanto en la persona individual como en el contexto socio-cultural en que las personas viven, actúan y se relacionan entre sí. Así procura “transformar mediante la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que están en contraste con la Palabra de Dios y el designio de salvación”.

332. Cuando hablamos de una educación cristiana, por tanto, entendemos que el maestro educa hacia un proyecto de ser humano en el que habite Jesucristo con el poder transformador de su vida nueva. Hay muchos aspectos en los que se educa y de los que consta el proyecto educativo. Hay muchos valores, pero estos valores nunca están solos, siempre forman una constelación ordenada explícita o implícitamente. Si la ordenación tiene como fundamento y término a Cristo, entonces esta educación está recapitulando todo en Cristo y es una verdadera educación cristiana; si no, puede hablar de Cristo, pero corre el riesgo de no ser cristiana.

333. Se produce de este modo una compenetración entre los dos aspectos. Lo cual significa que no se concibe que se pueda anunciar el Evangelio sin que éste ilumine, infunda aliento y esperanza, e inspire soluciones adecuadas a los problemas de la existencia; ni tampoco que pueda pensarse en una promoción verdadera y plena del ser humano sin abrirlo a Dios y anunciarle a Jesucristo.

334. La Iglesia está llamada a promover en sus escuelas una educación centrada en la persona humana que es capaz de vivir en la comunidad, aportando lo suyo para su bien. Ante el hecho de que muchos se encuentran excluidos, la Iglesia deberá impulsar una educación de calidad para todos, formal y no-formal, especialmente para los más pobres. Educación que ofrezca a los niños, a los jóvenes y a los adultos el encuentro con los valores culturales del propio país, descubriendo o integrando en ellos la dimensión religiosa y trascendente. Para ello necesitamos una pastoral de la educación dinámica y que acompañe los procesos educativos, que sea voz que legitime y salvaguarde la libertad de educación ante el Estado y el derecho a una educación de calidad de los más desposeídos.

335. De este modo, estamos en condiciones de afirmar que en el proyecto educativo de la escuela católica, Cristo, el Hombre perfecto, es el fundamento, en quien todos los valores humanos encuentran su plena realización, y de ahí su unidad. Él revela y promueve el sentido nuevo de la existencia y la transforma, capacitando al hombre y a la mujer para vivir de manera divina; es decir, para pensar, querer y actuar según el Evangelio, haciendo de las bienaventuranzas la norma de su vida. Precisamente por la referencia explícita, y compartida por todos los miembros de la comunidad escolar, a la visión cristiana —aunque sea en grado diverso, y respetando la libertad de conciencia y religiosa de los no cristianos presentes en ella— la educación es “católica”, ya que los principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo en metas finales.

Éste es el carácter específicamente católico de la educación. Jesucristo, pues, eleva y ennoblece a la persona humana, da valor a su existencia y constituye el perfecto ejemplo de vida. Es la mejor noticia, propuesta a los jóvenes por los centros de formación católica.

336. Por lo tanto, la meta que la escuela católica se propone respecto de los niños y jóvenes, es la de conducir al encuentro con Jesucristo vivo, Hijo del Padre, hermano y amigo, Maestro y Pastor misericordioso, esperanza, camino, verdad y vida, y así a la vivencia de la alianza con Dios y con los hombres. Lo hace, colaborando en la construcción de la personalidad de los alumnos, teniendo a Cristo como referencia en el plano de la mentalidad y de la vida.

Tal referencia, al hacerse progresivamente explícita e interiorizada, le ayudará a ver la historia como Cristo la ve, a juzgar la vida como Él lo hace, a elegir y amar como Él, a cultivar la esperanza como Él nos enseña, y a vivir en Él la comunión con el Padre y el Espíritu Santo. Por la fecundidad misteriosa de esta referencia, la persona se construye en unidad existencial, o sea, asume sus responsabilidades y busca el significado último de su vida. Situada en la Iglesia, comunidad de creyentes, logra con libertad vivir intensamente la fe, anunciarla y celebrarla con alegría en la realidad de cada día. Como consecuencia, maduran y resultan connaturales las actitudes humanas que llevan a abrirse sinceramente a la verdad, a respetar y amar a las personas, a expresar su propia libertad en la donación de sí y en el servicio a los demás para la transformación de la sociedad.

mayo 19, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISIÓN, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , | 1 comentario

Comentario n. 328-330

Plantear el tema de la educación, es reflexionar sobre la función que tiene la escuela –llámese también colegios, institutos, centros de formación- en la vida de las nuevas generaciones.

¿Cuál es la función de la escuela? Algunos pueden decir que es evidente: la función de la escuela es enseñar. Pero, enseñar ¿qué cosa? Y aquí es donde se están dando los cambios. El Documento de Aparecida señala un modo de entender esta función: la escuela debe limitarse a que los alumnos adquieran los conocimientos y habilidades, en función de la producción, la competitividad y el mercado. Es una visión antropológica limitada. El límite de este modo de concebir la educación es que la educación no lleva a que los jóvenes puedan desplegar  sus mejores valores, ni su espíritu religioso.

La Iglesia quiere algo más respetuoso de la persona. Que la escuela cumpla la función específica: ayudar en la formación y promoción integral mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura. Que los jóvenes puedan responder a los desafíos que la época les presenta, y no sumarse inconscientemente en los fenómenos sociales  como uno más.

La primera forma de entender la escuela se limita a “ofrecer” un contenido sin forjar la personalidad, sin llegar a plantear un modo de vivir. En la otra perspectiva de la educación, se descubre un interés por llegar a proponer la singularidad de de cada persona en las variadas circunstancias y se le ofrece las herramientas para que pueda responder de un modo personal, responsable, libre, maduro y constructivo.

En esta consideración no pueden faltar unas palabras hacia los profesores. En lo particular agradezco a esas personas que encontré en mis diferentes etapas de mi formación. Considero que cuando se vive la profesión como entrega entonces es cuando se llega a ser “maestro”: una persona que es referencia para sus estudiantes, que es capaz de mostrar el bien y el mal, que les prepara para afrontar los retos y desafíos que cada uno tiene que vivir, donde se ayuda a entender la sociedad y el mundo como realidades que están en función de la persona y se crea también unos valores por los cuales vale la pena vivir y actuar.

El reduccionismo antropológico debe ser superado para abrirse a una comprensión de la persona en su integridad y unicidad.

mayo 16, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 328-330

6.4.6 La Educación Católica

328. América Latina y El Caribe viven una particular y delicada emergencia educativa. En efecto, las nuevas reformas educacionales de nuestro continente, impulsadas para adaptarse a las nuevas exigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y habilidades, y denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado. Por otra parte, con frecuencia propician la inclusión de factores contrarios a la vida, a la familia y a una sana sexualidad. De esta forma no despliegan los mejores valores de los jóvenes ni su espíritu religioso; tampoco les enseñan los caminos para superar la violencia y acercarse a la felicidad, ni les ayudan a llevar una vida sobria y adquirir aquellas actitudes, virtudes y costumbres que harán estable el hogar que funden, y que los convertirán en constructores solidarios de la paz y del futuro de la sociedad.

329. Ante esta situación, fortaleciendo la estrecha colaboración con los padres de familia y pensando en una educación de calidad a la que tienen derecho, sin distinción, todos los alumnos y alumnas de nuestros pueblos, es necesario insistir en el auténtico fin de toda escuela. Ella está llamada a transformarse ante todo, en lugar privilegiado de formación y promoción integral, mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura, cosa que logra mediante un encuentro vivo y vital con el patrimonio cultural. Esto supone que tal encuentro se realice en la escuela en forma de elaboración, es decir, confrontando e insertando los valores perennes en el contexto actual. En realidad, la cultura para ser educativa debe insertarse en los problemas del tiempo en el que se desarrolla la vida del joven. De esta manera las distintas disciplinas han de presentar no sólo un saber por adquirir, sino también valores por asimilar, y verdades por descubrir.

330. Constituye una responsabilidad estricta de la escuela, en cuanto institución educativa, poner de relieve la dimensión ética y religiosa de la cultura, precisamente con el fin de activar el dinamismo espiritual del sujeto y ayudarle a alcanzar la libertad ética que presupone y perfecciona a la psicológica. Pero no se da libertad ética sino en la confrontación con los valores absolutos de los cuales depende el sentido y el valor de la vida del hombre. Aun en el ámbito de la educación, se manifiesta la tendencia a asumir la actualidad como parámetro de los valores, corriendo así el peligro de responder a aspiraciones transitorias y superficiales, y de perder de vista las exigencias más profundas del mundo contemporáneo. (E.C.30).

La educación humaniza y personaliza al ser humano cuando logra que éste desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolo fructificar en hábitos de comprensión y en iniciativas de comunión con la totalidad del orden real. De esta manera ser humano humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y construye la historia.

mayo 7, 2009 Posted by | DOCUMENTO DE APARECIDA, DOCUMENTOS, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 319-327

Debo comenzar este comentario diciendo que esta semana he recibido la noticia que un joven ha tomado la decisión de ingresar al seminario. También he participado de la ordenación de nueve diáconos. Gracias a Dios. Todos somos responsables de las vocaciones en la Iglesia, por eso mantenemos constante la oración por las vocaciones. Me centraré en el proceso que hace un joven cuando decide entrar al seminario.

En las familias se debe procurar el ambiente para que  se pueda responder a la llamada del Señor. Se ayudará a madurar la respuesta y a sostenerla. A veces, algunas veces, en la misma familia puede darse la incomprensión ante la vocación religiosa, pero en una familia debería pedir luz para comprender la voluntad del Señor en la vida de los hijos, así como la necesidad de sacerdotes para bien de la Iglesia.

En la diócesis, normalmente, hay una pastoral vocacional que se encarga de establecer el proceso a seguir para que los jóvenes que tienen inquietud vocacional. En cada lugar pueden variar los procedimientos, pero es común que se dé un acompañamiento a los jóvenes donde se les ayuda a plantear la vocación sacerdotal. Pueden ser convivencias mensuales, retiros, charlas de formación… a través de los cuales se prepara el ingreso al seminario. El obispo diocesano es el encargado de los jóvenes que entran al seminario.

Una cosa que conviene recordar es que el Seminario es lugar de formación y discernimiento, de manera que si durante este periodo se descubre que un joven no tiene la vocación sacerdotal puede abandonar tranquilamente aquel lugar. No podemos olvidar que la respuesta se da libremente. Antes de dar un “sí” definitivo al Señor, mediante la consagración sacerdotal, se tiene que ser libre y consciente del compromiso que se adquiere.

El seminario diocesano, desde la reforma del Concilio de Trento, es el lugar donde se forman los sacerdotes. Los formadores, aquellos que se encargan de guiar el proceso de formación de los seminaristas, son elegidos por el obispo para desempeñar este importante servicio eclesial. Como hemos leído en el Documento de Aparecida (n. 319) el proyecto formativo debe ser integral, y normalmente se pone énfasis en la  dimensión espiritual, humano-comunitaria, intelectual y pastoral.

La formación del sacerdote debe ser permanente para poder servir mejor al pueblo de Dios. El sacerdote es llamado a servir a toda la Iglesia. El sacerdote diocesano, a diferencia del sacerdote religioso, -normalmente- colabora directamente con el obispo diocesano en la atención del pueblo de Dios en un lugar concreto de la diócesis. Reitero la petición de oración por las vocaciones y por la promoción en la familia y parroquia.

mayo 1, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , | 1 comentario