Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 286-288

6.3 Iniciación a la vida cristiana y catequesis permanente

6.3.1 Iniciación a la vida cristiana

286. Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana, este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable.

287. Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que en muchas partes la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. Se impone la tarea irrenunciable de ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que además de marcar el qué, dé también elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza. Así asumiremos el desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente convocados.

288. La iniciación cristiana, que incluye el kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado. Nos da también la oportunidad de fortalecer la unidad de los tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La iniciación cristiana propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en la forma de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado postbautismal para los bautizados no suficientemente catequizados. Este catecumenado está íntimamente unido a los sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía, celebrados solemnemente en la Vigilia Pascual. Habría que distinguirla, por tanto, de otros procesos catequéticos y formativos que pueden tener la iniciación cristiana como base.

febrero 26, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 284-285

La espiritualidad misionera tiene su fundamento en la docilidad a los impulsos del Espíritu Santo. No está demás el recordar cómo el Espíritu Santo mueve a Jesús durante su misión pública, después de haber recibido el bautismo en el Jordán.  Es el Espíritu Santo el que muestra que Pablo y Bernabé han sido escogidos para la misión. Y a lo largo de la Iglesia, es siempre el Espíritu Santo el que suscita, mueve y robustece la vida del discípulo.

Todos hemos recibido al Espíritu Santo a través de los sacramentos: con el Bautismo y la Confirmación. Luego está en cada uno el dejarlo actuar. El Documento advierte que tener el Espíritu Santo no se limita a una experiencia intimista, que se queda solo y exclusivamente en la persona. Sino más bien, que gracias a que el Espíritu Santo vive en los cristianos, éstos  pueden vivificar, con una vitalidad nueva, – con la vida que viene de Dios-, el caminar cotidiano. Aquí nos encontramos ya con los ámbitos donde hay que realizar la misión. Hace falta recordar que un punto clave de la llamada a la misión es llevar el espíritu cristiano en nuestra propia sociedad, para que ‘en Cristo tengamos vida’.

Con el Bautismo hemos recibido la vocación cristiana, pero a lo largo de nuestra vida, tenemos la oportunidad de descubrir nuestro lugar en esa historia de amor, que es la historia de la Salvación, donde respondemos a Dios con nuestra libertad y con la confianza que Dios puede actuar a través de nosotros, si se lo permitimos. Unos descubren que Dios les llama a servir como presbíteros, a otros les llama a consagrarse en la vida religiosa y la gran mayoría de los bautizados, son lo que viven  su vocación en medio del devenir social, económico, político, cultural… de modo que cada uno está llamado a dejarse guiar por el Espíritu Santo y a responder según nos lo inspire cada día.

febrero 24, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, FAMILIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 284-285

6.2.2.5 Una formación en la espiritualidad de la acción misionera

284. Es necesario formar a los discípulos en una espiritualidad de la acción misionera, que se basa en la docilidad al impulso del Espíritu, a su potencia de vida que moviliza y transfigura todas las dimensiones de la existencia. No es una experiencia que se limita a los espacios privados de la devoción, sino que busca penetrarlo todo con su fuego y su vida. El discípulo y misionero, movido por el impulso y el ardor que proviene del Espíritu, aprende a expresarlo en el trabajo, en el diálogo, en el servicio, en la misión cotidiana.

285. Cuando el impulso del Espíritu impregna y motiva todas las áreas de la existencia, entonces también penetra y configura la vocación específica de cada uno. Así se forma y desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc.

Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas. Así, la vida en el Espíritu no nos cierra en una intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo.

febrero 20, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 282-283

Una formación respetuosa de los procesos. No cabe duda que son variadas y diversas las maneras para conseguir un mismo fin: llegar a la estatura de la vida nueva en Cristo, identificándose profundamente con Él y su misión. Si nos situamos en el contexto de la vida eclesial de una diócesis, es posible darnos cuenta del modo en que se lleva a cabo la evangelización en ese lugar determinado: la pastoral de Conjunto.

Normalmente en las diócesis hay unas grandes líneas pastorales que guían el quehacer pastoral. Es importante que a la hora de plantear las actividades, sea a nivel parroquial, o de pequeñas comunidades y grupos, podamos tener armonía en las prioridades. Cada realidad concreta presentará sus necesidades y urgencias, que no se pueden descuidar, y al mismo tiempo se buscará trabajar para alcanzar que se llegue a una madurez profunda de parte de los bautizados.

Al realizar esta tarea evangelizadora, cada uno tiene su lugar en la Iglesia, cada uno tiene su misión que no puede descuidar: el obispo, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, y los laicos.

El Obispo es el principio de unidad en la diócesis. Qué gran tarea la de ser constructor de unidad. Es parte de la conciencia de los cristianos el vivir en unión, efectiva y afectiva, con su correspondiente pastor.

Debo decir también que los laicos tienen un lugar importante en la evangelización, como se desprende de la constitución de la Iglesia, como lo enseña el Magisterio, y como viene recordado de nuevo en el Documento de Aparecida. Es necesario “evangelizar”, ser “sal y luz” del mundo, llevar a Cristo al centro de la vida social, política, económica, cultura, arte y toda realidad humana. No solo mirar al interior de la Iglesia, sino también al interior de la sociedad en que vivimos cada uno de nosotros.

febrero 18, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 281-282

6.2.2.3 Una formación respetuosa de los procesos

281. Llegar a la estatura de la vida nueva en Cristo, identificándose profundamente con Él y su misión, es un camino largo, que requiere itinerarios diversificados, respetuosos de los procesos personales y de los ritmos comunitarios, continuos y graduales. En la diócesis el eje central deberá ser un proyecto orgánico de formación, aprobado por el Obispo y elaborado con los organismos diocesanos competentes, teniendo en cuenta todas las fuerzas vivas de la Iglesia particular: asociaciones, servicios y movimientos, comunidades religiosas, pequeñas comunidades, comisiones de pastoral social, y diversos organismos eclesiales que ofrezcan la visión de conjunto y la convergencia de las diversas iniciativas. Se requieren también equipos de formación convenientemente preparados que aseguren la eficacia del proceso mismo y que acompañen a las personas con pedagogías dinámicas, activas y abiertas. La presencia y contribución de laicos y laicas en los equipos de formación aporta una riqueza original, pues, desde sus experiencias y competencias ofrecen criterios, contenidos y testimonios valiosos para quienes se están formando.

6.2.2.4 Una formación que contempla el acompañamiento de los discípulos

282. Cada sector del Pueblo de Dios pide ser acompañado y formado de acuerdo con la peculiar vocación y ministerio al que ha sido llamado: el obispo que es el principio de la unidad en la diócesis mediante el triple ministerio de enseñar, santificar y gobernar; los presbíteros, cooperando con el ministerio del obispo, en el cuidado del pueblo de Dios que les es confiado; los diáconos permanentes en el servicio vivificante, humilde y perseverante como ayuda valiosa para obispos y presbíteros; los consagrados y consagradas en el seguimiento radical del Maestro; los laicos y laicas que cumplen su responsabilidad evangelizadora colaborando en la formación de comunidades cristianas y en la construcción del Reino de Dios en el mundo. Se requiere, por tanto, capacitar a quienes puedan acompañar espiritual y pastoralmente a otros.

283. Destacamos que la formación de los laicos y laicas debe contribuir ante todo a una actuación como discípulos misioneros en el mundo, en la perspectiva del diálogo y de la transformación de la sociedad. Es urgente una formación específica para que puedan tener una incidencia significativa en los diferentes campos, sobre todo “en el mundo vasto de la política, de la realidad social y de la economía, como también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios y de otras realidades abiertas a la evangelización”.

febrero 16, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 280

La persona que cree en Jesucristo, es el hombre o la mujer, que tiene su propia historia personal, que vive en unas circunstancias concretas, en un lugar determinado. La fe cristiano no aísla al creyente, no lo pone como en una esfera de cristal donde hay una barrera que le impide cualquier contacto con la realidad que le circunda. Nada de esto. Y por esto es necesario prestar atención a las diversas relaciones que una persona vive, porque serán dimensiones en las cuales la fe tiene algo importante que decirle. Cuántas veces nos hemos encontrado en el Evangelio, o en el Nuevo Testamento, o a lo largo de la historia de la Iglesia, o quizá en nuestras parroquias y comunidades, personas que después de un tiempo, de una vida alejada de Dios, deciden volver, o comenzar a llevar un camino auténticamente cristiano.

Es necesario que cada uno asuma su historia personal, y cuando sea necesario: sanarla. No podemos pensar que hay persona que no ‘tengan remedio’. Todos, para todos hay un camino de esperanza. Lo importante es descubrir que al encuentro con Jesucristo sigue un modo de vivir nuevo: ‘somos criaturas nuevas’ lo dice tantas veces el apóstol Pablo. Y como la Iglesia es comunidad, tenemos a abrirnos a esta nueva realidad. No se puede ser un creyente sin tener una comunidad. La fe que yo profeso la he recibido por medio de otros que me han ayudado en mi camino personal. Y al mismo tiempo, en la medida que vivo en comunidad mi fe es capaz de generar un testimonio, que lleva consigo el apoyar a otros en su camino personal de fe.

La formación cristiana nos prepara para dar nuestra respuesta personal y comunitaria, en lo que se refiere a ‘las cosas de la familia espiritual’ y a las que se refieren al orden temporal. Recordemos que la misión, para los laicos, tiene siempre ese doble sentido: en la Iglesia y en el mundo. No una cosa o la otra, sino que la vocación cristiana me compromete también en la historia presente, aquí y ahora.

febrero 13, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 280

6.2.2.2 Una formación atenta a dimensiones diversas

280. La formación abarca diversas dimensiones que deberán ser integradas armónicamente a lo largo de todo el proceso formativo. Se trata de la dimensión humana comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral-misionera.

a) La Dimensión Humana y Comunitaria. Tiende a acompañar procesos de formación que lleven a asumir la propia historia y a sanarla, en orden a volverse capaces de vivir como cristianos en un mundo plural, con equilibrio, fortaleza, serenidad y libertad interior. Se trata de desarrollar personalidades que maduren en el contacto con la realidad y abiertas al Misterio.

b) La Dimensión Espiritual. Es la dimensión formativa que funda el ser cristiano en la experiencia de Dios manifestado en Jesús y que lo conduce por el Espíritu a través de los senderos de una maduración profunda. Por medio de los diversos carismas se arraiga la persona en el camino de vida y de servicio propuesto por Cristo, con un estilo personal. Permite adherirse de corazón por la fe, como la Virgen María, a los caminos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su Maestro y Señor.

c) La Dimensión Intelectual. El encuentro con Cristo, Palabra hecha Carne, potencia el dinamismo de la razón que busca el significado de la realidad y se abre al Misterio. Se expresa en una reflexión seria, puesta constantemente al día a través del estudio que abre la inteligencia, con la luz de la fe, a la verdad. También capacita para el discernimiento, el juicio crítico y el diálogo sobre la realidad y la cultura. Asegura de una manera especial el conocimiento bíblico teológico y de las ciencias humanas para adquirir la necesaria competencia en vista de los servicios eclesiales que se requieran y para la adecuada presencia en la vida secular.

d) La Dimensión Pastoral y Misionera. Un auténtico camino cristiano llena de alegría y esperanza el corazón y mueve al creyente a anunciar a Cristo de manera constante en su vida y en su ambiente. Proyecta hacia la misión de formar discípulos misioneros al servicio del mundo. Habilita para proponer proyectos y estilos de vida cristiana atrayentes, con intervenciones orgánicas y de colaboración fraterna con todos los miembros de la comunidad. Contribuye a integrar evangelización y pedagogía, comunicando vida y ofreciendo itinerarios pastorales acordes con la madurez cristiana, la edad y otras condiciones propias de las personas o de los grupos.

Incentiva la responsabilidad de los laicos en el mundo para construir el Reino de Dios. Despierta una inquietud constante por los alejados y por los que ignoran al Señor en sus vidas.

febrero 10, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 279

Antes de considerar la iniciación cristiana y los lugares de formación de los discípulos misioneros, se nos presentas algunos criterios generales del proceso de formación.

Se consideran tres aspectos de la formación: integral, kerygmática y permanente. Nunca se puede perder de vista que el punto central de la catequesis de la Iglesia, que aquello que le da sentido a su misión, es Jesucristo. Podemos decir que la Iglesia no nos comunicar algo, sino que nos lleva al encuentro de ‘Alguien’; no se trata de aprender unos mandamientos o normas de conducta que tranquilizan la conciencia, se trata de llegar a conocer siempre con más profundidad a Jesucristo, y de este conocimiento, de este encuentro la vida tiene que tomar un rumbo determinado. Es aquello que encontramos en el Evangelio y en los demás libros del Nuevo Testamento, es aquello que ha dado fuerza a los mártires, que ha llevado a muchos por el camino de la santidad.

A partir de aquí, se puede pensar en lo demás: si con el Bautismo hemos sido insertados a la muerte y resurrección de Cristo, quiere decir que la vida del bautizado se convierte en un ‘caminar con Cristo’ que me ha amado y ha dado su vida por mí; que se me ha revelado el gran amor que Dios nos tiene, pues ha dado a su Hijo en rescate por todos.

El bautismo es el comienzo de un caminar. Es necesario llegar a la meta del Camino, y para eso, la Iglesia nos ofrece los medios para no desmayar. Este es el sentido del estar siempre en ‘sintonía’ con la Iglesia, de frecuentar la Iglesia, para vivir este caminar como comunidad. Creo que quien ha descubierto la necesidad la formación integral -cosa que es lo más normal, querer conocer mejor la fe-, puede ayudar a que otros vivan mejor su fe cristiana.

febrero 9, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | 2 comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 279

6.2.2 Criterios generales

6.2.2.1 Una formación integral, kerygmática y permanente

279. Misión principal de la formación es ayudar a los miembros de la Iglesia a encontrarse siempre con Cristo, y así reconocer, acoger, interiorizar y desarrollar la experiencia y los valores que constituyen la propia identidad y misión cristiana en el mundo. Por eso, la formación obedece a un proceso integral, es decir, que comprende variadas dimensiones, todas armonizadas entre sí en unidad vital. En la base de estas dimensiones está la fuerza del anuncio kerygmático.

El poder del Espíritu y de la Palabra contagia a las personas y las lleva a escuchar a Jesucristo, a creer en Él como su Salvador, a reconocerlo como quien da pleno significado a su vida y a seguir sus pasos. El anuncio se fundamenta en el hecho de la presencia de Cristo Resucitado hoy en la Iglesia, y es el factor imprescindible del proceso de formación de discípulos y misioneros. Al mismo tiempo, la formación es permanente y dinámica, de acuerdo con el desarrollo de las personas y al servicio que están llamadas a prestar, en medio de las exigencias de la historia.

febrero 6, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

HACE UN AÑO…

Hace un año comenzaba en este blog la idea de ir presentado y comentado el Documento de Aparecida, fruto de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Quienes tuvieron la oportunidad de reflexionar y compartir experiencias en sus comunidades, grupos y parroquias en torno al documento preparativo, recordarán muchos de los aspectos que se mencionan en el Documento de Aparecida. Esto ayudó a ver la situación local en la que cada uno se encontraba. Ahora tenemos una visión mucho más amplia de la realidad eclesial a nivel de Latinoamérica.

En la reunión del episcopado se contó con la presencia de un obispo, un sacerdote, un religioso o religiosa y un laico de cada conferencia episcopal. También estuvieron presentes otros cardenales, expertos en teología y para la inauguración, el Papa Benedicto XVI. Todo esto tuvo lugar en el Santuario de Aparecida, mayo 2007.

Y una vez que el Documento de Aparecida se publicó, vino la oportunidad de presentarlo, comentarlo, explicarlo en las parroquias, y tal documento sirve como marco de referencia para los planes pastorales de las diócesis, y como proyecto para el caminar de la Iglesia latinoamericana en los próximos años.

Con la idea ofrecer algunas reflexiones en torno al Documento de Aparecida se hizo este blog. Considero que hay otros modos y maneras de hacer llegar el contenido del Documento, otras formas de explicarlo y hacerlo más comprensible. Con la variedad de dones en la Iglesia es posible esperar muchas iniciativas que nos recuerden al fundamental: los bautizados, en este tiempo actual no pueden conformarse con vivir la fe para sí mismos, es necesario empezar desde Cristo y llegar como los apóstoles a ser auténticos misioneros.

Gracias a todos los que han participado, a los que han hecho llegar sus comentarios y sugerencias, a los que han seguido con cierta regularidad el blog y pido disculpas a quien no le haya respondido satisfactoriamente o con puntualidad aquello que pedía en el comentario. Les recuerdo que con este correo envío semanalmente algunas intervenciones del Papa.

Algunos de los que han participado en el blog eran ya ‘viejos’ conocidos, otros nos hemos conocido ‘virtualmente’, unos son de la parroquia Jesús Manso y Humilde de Corazón, otros de la parroquia La Resurrección, otros de Ilopango, otros de San Salvador, otros de Santa Ana, luego llegaron comentarios desde México, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Venezuela, Perú, Argentina, España. Entre los que han escrito escrito: Oscar Arévalo, Ricardo Pineda, Aída Avelar, Alberto Rodríguez, Anabella e Isabel Barahona, Clara Luz, Juan Carlos García, Camila Parada, Ademir, Oscar Rendón, Sandra Granados; Myriam Suárez, Dora Juliana, Verónica Angulo, Isabel Flores, Daniel Peña, Isabel Jiménez, Jesús Guerrero, Roland Janderson, Diana Carolina, Gloria Naranjo, Luis Chacón, Binicio Erroa, Raquel Tomasino, Angel Durán, Elva, Felipe, Pedro, Blanca, Sandra, Mary, Epifanía Romero, Pedro Dono, Luis Mario, Katherine, Elizabeth Paz, Víctor Manuel, María Pereira, Michelle Yanieska, Angélica Estrada, María T. Contreras, Patricia, Manuel de Jesús Lozano, Limber Cruz, José Acosta, Sandra, Rosa, Kamila Shulten, María Fernández, Rafael Velazquez, Analia, Luis, German Balmore, Festival Mariano…

Gracias a todos ustedes. Rezo por cada uno de ustedes.

P. Simeón Reyes

febrero 4, 2009 Posted by | IGLESIA | 4 comentarios