Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 307-310

6.4.3 Pequeñas comunidades eclesiales

307. Se constata que en los últimos años ha ido creciendo la espiritualidad de comunión y que, con diversas metodologías, se han hecho no pocos esfuerzos por llevar a los laicos a integrarse en pequeñas comunidades eclesiales, que van mostrando abundantes frutos. Para la Nueva Evangelización y para llegar a que los bautizados vivan como auténticos discípulos y misioneros de Cristo, tenemos un medio privilegiado en las pequeñas comunidades eclesiales.

308. Ellas son un ámbito propicio para escuchar la Palabra de Dios, para vivir la fraternidad, para animar en la oración, para profundizar procesos de formación en la fe y para fortalecer el exigente compromiso de ser apóstoles en la sociedad de hoy. Ellas son lugares de experiencia cristiana y evangelización que, en medio de la situación cultural que nos afecta, secularizada y hostil a la Iglesia, se hacen todavía mucho más necesarias.

309. Si se quieren pequeñas comunidades vivas y dinámicas, es necesario suscitar en ellas una espiritualidad sólida, basada en la Palabra de Dios, que las mantenga en plena comunión de vida e ideales con la Iglesia local y, en particular, con la comunidad parroquial. Así la parroquia, por otra parte, como desde hace años nos lo hemos propuesto en América Latina, llegará a ser «comunidad de comunidades».

310. Señalamos que es preciso reanimar los procesos de formación de pequeñas comunidades en el Continente, pues en ellas tenemos una fuente segura de vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa, y a la vida laical con especial dedicación al apostolado. A través de las pequeñas comunidades, también se podría llegar a los alejados, a los indiferentes y a los que alimentan descontento o resentimientos frente a la Iglesia.

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marzo 31, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, DOCUMENTO DE APARECIDA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 304-306

Al considerar los lugares de formación de los discípulos de Jesucristo, aparece en primer lugar la familia, como lugar natural de la transmisión de la fe. Esto ha sido durante muchos años el lugar donde hemos tenido la primera formación cristiana. No puede ser de otro modo, la familia tiene una misión insustituible.

En segundo lugar tenemos la parroquia, como complemento, desarrollo, maduración y fortalecimiento de la fe. La parroquia es una estructura territorial, comprende a los católicos de un determinado lugar, pero está abierta a todos, puesto que la Iglesia no tiene fronteras.

La parroquia pone de relieve la dimensión comunitaria de la fe. Cuántas veces hemos escuchado que Dios no ha querido salvar a los hombres de modo individual, sino que escogió un pueblo, para que por medio de él, todos los hombres puedan llevar a las fuentes de la vida. Una persona que profundiza en su fe, sabe que la fe la hemos recibido en una comunidad. Como recuerda el Catecismo: yo puede decir creo, porque hay una comunidad que dice creemos.

La fe que hemos recibido nos libra de la presunción de inventarnos una religión a nuestra manera, a nuestro gusto, o según nuestros intereses. Es muy fácil querer encerrar la Palabra de Dios según nuestras categorías de pensamiento.  Por otra parte, desde que el pecado original hizo su entrada en el mundo, en cada persona, el hombre no sólo se aleja de Dios, sino que también se aleja de los demás y de sí mismo. A veces algunos se justifican diciendo: “yo no necesito ir a la Iglesia”, “yo rezo solo en mi casa”, “yo tengo la conciencia tranquila” y muchas cosas más que son expresión de no vivir  la auténtica fe cristiana.

Es verdad que a veces las parroquias, por su extensión o por diversas circunstancias, no se llega a tener una auténtica vida comunitaria. Pero en la actualidad, junto a  la forma tradicional de vivir la parroquia, hay nuevas y variadas expresiones de comunión. Es necesario que todos pudiéramos experimentar nuestra parroquia como extensión de nuestra familia. Es que la Iglesia es la familia de Dios, formamos un solo Cuerpo y Cristo es la Cabeza. Por esto se insiste en vivir la Eucaristía del domingo como “encuentro de las comunidades con el Señor Resucitado“. Considero que quien crecido en un ambiente de parroquia no se siente solo, sino que siente el apoyo real de sus hermanos en la fe. Vivir en comunidad es reconocer que yo también soy responsable de los demás, que no puedo ser indiferente a mis hermanos, y que puedo contar con ellos.

El Bautismo es la entrada en la comunidad de los creyentes; la Confirmación es recibir la fuerza del Espíritu Santo para ser testigos de Jesucristo tomando parte en su misión y la Eucaristía es Cristo quien se dona a sí mismo para hacer una comunidad nueva principio de una nueva humanidad. En la Reconciliación Dios Padre nos perdona por los méritos de su Hijo, para que también nosotros seamos capaces de perdonar  los demás. El Matrimonio supone tomar parte en la misión como padres o madres siendo responsables de la educación cristiana de los hijos. El Sacerdocio, configura a Cristo para servir a toda la comunidad. Y finalmente, la Unción de los enfermos nos une a Cristo quien en la Cruz se ofrece por la salvación de todos. Todo esto no se pude vivir sin reconocer la dimensión comunitaria de la fe.

El reto que se presenta a toda parroquia es: para llegar a ser centros de irradiación cristiana se tiene que fomentar la formación de sus miembros. Este principio debe guiar todo el quehacer pastoral en nuestras parroquias.

marzo 27, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, DOCUMENTO DE APARECIDA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 304-306

6.4.2 Las Parroquias

304. La dimensión comunitaria es intrínseca al misterio y a la realidad de la Iglesia que debe reflejar la Santísima Trinidad. A lo largo de los siglos, de diversas maneras, se ha vivido esta dimensión esencial. La Iglesia es comunión. Las Parroquias son células vivas de la Iglesia y lugares privilegiados en los que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y de su Iglesia. Encierran una inagotable riqueza comunitaria porque en ellas se encuentra una inmensa variedad de situaciones, de edades, de tareas. Sobre todo hoy, cuando la crisis de la vida familiar afecta a tantos niños y jóvenes, las Parroquias brindan un espacio comunitario para formarse en la fe y crecer comunitariamente.

305. Por tanto, debe cultivarse la formación comunitaria especialmente en la parroquia. Con diversas celebraciones e iniciativas, especialmente con la Eucaristía dominical, que es “momento privilegiado del encuentro de las comunidades con el Señor resucitado”, los fieles deben experimentar la parroquia como una familia en la fe y la caridad, en la que mutuamente se acompañen y ayuden en el seguimiento de Cristo.

306. Si queremos que las Parroquias sean centros de irradiación misionera en sus propios territorios, deben ser también lugares de formación permanente. Esto requiere que se organicen en ellas variadas instancias formativas que aseguren el acompañamiento y la maduración de todos los agentes pastorales y de los laicos insertos en el mundo. Las Parroquias vecinas también pueden aunar esfuerzos en este sentido, sin desaprovechar las ofertas formativas de la Diócesis y de la Conferencia Episcopal.

marzo 25, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 301-303

La familia es una institución de una gran relevancia a nivel humano, y por consiguiente también para la formación cristiana.

La familia es “fuente de valores humanos y cívicos“: es en el seno familiar donde la persona adquiere la formación para vivir y convivir en la sociedad. Dado que la persona es un ser social por naturaleza, es decir, no puede realizar su existencia, su vida, su proyecto personal por sí mismos, sino que siempre es necesario contar con un ambiente, con unas personas, con otros que le ayudan en el crecimiento personal.

La familia tiene su fundamento en el matrimonio. Hombre y mujer deciden realizar un proyecto juntos, se comprometen a vivir de modo estable el uno para el otro. El matrimonio es ese compromiso establecido sobre la base del amor y la libertad, entre dos personas que libremente aceptan el vínculo que les une de modo indisoluble.

En la medida que la familia cumple su función la sociedad se fortalece y se enriquece.  Es por esto que la Iglesia proclama con claridad la  verdad del matrimonio y la familia, como instituciones que solo pueden estar a disposición del bien de la persona, de su desarrollo y crecimiento integral.

Creo que todos somos conscientes que crecer en una familia unida es la mejor escuela de la vida. Cuando papá y mamá saben estar a la altura de sus responsabilidades, ellos mismos experimentan la alegría de entregarse mutuamente y por sus hijos.

Y por otra parte también nos damos cuenta que cuando un matrimonio se rompe, es un mal y sufrimiento para todos. Dentro del plan de Dios, está que hombre y mujer vivan su “alianza” de amor durante toda la vida. El paradigma de este amor lo encontramos en Dios mismo, que ha querido hacer una “Alianza con los hombres” y Dios es fiel a esta Alianza. En el fondo, y como causa última, es el pecado el que rompe esta unidad entre Dios y los hombres, y como consecuencia también entro los hombres entre sí. El divorcio no puede ser una bien  ni para los esposos ni para los hijos. Es sobre la unidad del amor que se funda la persona.

Tener matrimonios fuertes, sólidos, bien constituidos, hogares donde se acoge generosa y responsablemente, familias que educan a sus hijos es algo que entra dentro de la misión de la Iglesia. En la medida que papá y mamá viven su fe, se ponen en disposición de transmitir la fe. Este es el mejor modo de cumplir la gran misión continental que la Iglesia quiere impulsar. En la experiencia diaria es donde se realiza la formación cristiana de los hijos, y no sólo en los momentos aislados.

La pastoral familiar tiene un lugar importantísimo para hacer descubrir a los matrimonios que no pueden olvidar o poner en segundo plano la formación cristiana de los hijos. Todo esto viene facilitado cuando hay conciencia de la dignidad del matrimonio.

marzo 21, 2009 Posted by | FAMILIA, FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISIÓN, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 301-303

6.4 Lugares de formación para los discípulos misioneros

301. A continuación consideraremos brevemente algunos espacios de formación de discípulos misioneros.

6.4.1 La Familia, primera escuela de la fe

302. La familia, “patrimonio de la humanidad”, constituye uno de los tesoros más valiosos de los pueblos latinoamericanos. Ella ha sido y es espacio y escuela de comunión, fuente de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente. Para que la familia sea “escuela de la fe” y pueda ayudar a los padres a ser los primeros catequistas de sus hijos, la pastoral familiar debe ofrecer espacios formativos, materiales catequéticos, momentos celebrativos, que le permitan cumplir su misión educativa. La familia está llamada a introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana. La familia, pequeña Iglesia, debe ser junto con la Parroquia el primer lugar para la iniciación cristiana de los niños. Ella ofrece a los hijos un sentido cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida, como discípulos misioneros.

303. Es además un deber de los padres, especialmente a través de su ejemplo de vida, la educación de los hijos para el amor como don de sí mismos y la ayuda que ellos le presten para descubrir su vocación de servicio, sea en la vida laical como en la consagrada. De este modo, la formación de los hijos como discípulos de Jesucristo, se opera en las experiencias de la vida diaria en la familia misma. Los hijos tienen  el derecho de poder contar con el padre y la madre para que cuiden de ellos y los acompañen hacia la plenitud de vida. La “catequesis familiar”, implementada de diversas maneras, se ha revelado como una ayuda exitosa a la unidad de las familias, ofreciendo además, una posibilidad eficiente de formar a los padres de familia, los jóvenes y los niños, para que sean testigos firmes de la fe en sus respectivas comunidades.

marzo 18, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 295-300

La catequesis permanente está llamada a entrar en la mente y el corazón de los pastores y de todos aquellos colaboradores en la formación cristiana de los bautizados. Si por una parte se llama a poner más atención en la ‘iniciación cristiana‘ ahora se completa con la ‘catequesis permanente‘. En palabras sencillas esto quiere decir: la catequesis debe acompañar durante toda la vida al cristiano. Desde la infancia a la ancianidad, desde el nacimiento hasta la muerte, desde el Bautismo hasta la Unción de los enfermos.

Me gustaría que quien lea estas palabras se pregunte: ¿yo, cuánto tiempo -semanas, meses, años- recibí la catequesis? No digo sólo hace cuánto tiempo. Algo más: veamos a los niños que ‘van’ a la catequesis: es un grupo constante hasta que llega la recepción del sacramento, y luego ¿qué pasa? Muchos de ellos no regresan. Son como aquellos nueve leprosos de los que habla el Evangelio, fueron curados pero no regresaron a dar la gracias a Jesús.

Otra pregunta: ¿Cuál puede ser la causa? Quizá es muy superficial pensar que los niños, o adolescentes o los jóvenes ‘ya no son como los de antes‘ y con esto nos quedamos tranquilos. En lo personal no creo que tengan toda la culpa los niños ¿Y qué pasa con la familia? Creo que allí está el punto fundamental. Mientras en casa no se respire una fe viva, una fe que se sienta que influye en la vida, será difícil que esto lo perciban los hijos. Tampoco se puede echar la culpa a la sociedad o a la parroquia.

Pueden tener un catequista muy entregado, o un párroco muy ejemplar. Pero esto no basta. Solo se puede motivar a otros cuando se miran personas motivadas. Y si damos todavía un paso más: ¿cuántos de los adultos están dispuestos a seguir un proceso continuo de catequesis? ¿No nos encontramos a caso, con que no hay tiempo, o que hay tantas otras cosas que no pueden esperar? Si es difícil convencer a un adulto para que asista a una catequesis permanente, ¿cómo no lo va a ser para los jóvenes? Está claro que para los adultos cambia los modos y las formas de la catequesis.

Por supuesto que no es fácil. Hay que saber hacer renuncias. También supone un gran trabajo y cooperación pastoral. Es necesario contar en las parroquias con la disponibilidad de los agentes de pastoral. De esto tienen experiencias los miembros de las parroquias, grupos, comunidades o movimientos que periódicamente se reúnen para compartir y vivir la fe. Animo a todos a reflexionar en este punto fundamental.

marzo 14, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 295-300

6.3.3 Catequesis permanente

295. En cuanto a la situación actual de la catequesis, es evidente que ha habido un gran progreso. Ha crecido el tiempo que se le dedica a la preparación para los sacramentos. Se ha tomado mayor conciencia de su necesidad tanto en las familias como entre los pastores. Se comprende que es imprescindible en toda formación cristiana. Se han constituido ordinariamente comisiones diocesanas y parroquiales de catequesis. Es admirable el gran número de personas que se sienten llamadas a hacerse catequistas, con gran entrega. A ellas esta Asamblea les manifiesta un sincero reconocimiento.

296. Sin embargo, a pesar de la buena voluntad, la formación teológica y pedagógica de los catequistas no suele ser la deseable. Los materiales y subsidios son con frecuencia muy variados y no se integran en una pastoral de conjunto; y no siempre son portadores de métodos pedagógicos actualizados. Los servicios catequísticos de las parroquias carecen con frecuencia de una colaboración cercana de las familias. Los párrocos y demás responsables no asumen con mayor empeño la función que les corresponde como primeros catequistas.

297. Los desafíos que plantea la situación de la sociedad en América Latina y El Caribe requieren una identidad católica más personal y fundamentada. El fortalecimiento de esta identidad  pasa por una catequesis adecuada que promueva una adhesión personal y comunitaria a Cristo, sobre todo en los más débiles en la fe. Es una tarea que incumbe a toda la comunidad de discípulos pero de manera especial a quienes, como obispos, hemos sido llamados a servir a la Iglesia, pastoreándola, conduciéndola al encuentro con Jesús y enseñándole a vivir todo lo que nos ha mandado (cf. Mt. 28, 19-20).

298. La catequesis no debe ser sólo ocasional, reducida a los momentos previos a los sacramentos o a la iniciación cristiana, sino más bien “un itinerario catequético permanente”. Por esto, compete a cada Iglesia particular, con la ayuda de las Conferencias Episcopales, establecer un proceso catequético orgánico y progresivo que se extienda por todo el arco de la vida, desde la infancia hasta la ancianidad, teniendo en cuenta que el Directorio General de Catequesis considera la catequesis de adultos como la forma fundamental de la educación en la fe. Para que, en verdad, el pueblo conozca a fondo a Cristo y lo siga fielmente, debe ser conducido especialmente en la lectura y meditación de la Palabra de Dios, que es el primer fundamento de una catequesis permanente.

299. La catequesis no puede limitarse a una formación meramente doctrinal sino que ha de ser una verdadera escuela de formación integral. Por tanto, se ha de cultivar la amistad con Cristo en la oración, el aprecio por la celebración litúrgica, la vivencia comunitaria, el compromiso apostólico mediante un permanente servicio a los demás. Para ello, resultarían útiles algunos subsidios catequéticos elaborados a partir del Catecismo de la Iglesia Católica y del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, estableciendo cursos y escuelas de formación permanente para catequistas.

300. Debe darse una catequesis apropiada que acompañe la fe ya presente en la religiosidad popular. Una manera concreta puede ser el ofrecer un proceso de iniciación cristiana en visitas a las familias, donde no sólo se les comunique los contenidos de la fe, sino que se las conduzca a la práctica de la oración familiar, a la lectura orante de la Palabra de Dios y al desarrollo de las virtudes evangélicas, que las consoliden cada vez más como iglesias domésticas. Para este crecimiento en la fe también es conveniente aprovechar pedagógicamente el potencial educativo que encierra la piedad popular mariana. Se trata de un camino educativo que, cultivando el amor personal a la Virgen, verdadera “educadora de la fe” que nos lleva a asemejarnos cada vez más a Jesucristo, provoque la apropiación progresiva de sus actitudes.

marzo 12, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 289-294

Si hemos leído detenidamente estos numerales nos hemos dado cuenta que la iniciación cristiana es algo fundamental. De ella se señala: “La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo”. Quizá hemos reflexionado poco -a nivel personal, comunitario, parroquial o diocesano- en la realidad significada por ‘iniciación cristiana’ pero de ella depende en gran medida el crecimiento eficaz del cristiano.

No hace falta que seamos catequistas, animadores de la comunidad, agentes pastorales o responsables de ministerios, pastorales o sectores dentro de la parroquia para sentirnos directamente responsables de la iniciación cristiana de los demás. Basta con ser padres de familia, o mejor dicho, basta ser un bautizado para tomar conciencia que la iniciación cristiana es fundamental.

Actualmente para algunas familias católicas, y con toda buena intención, luego que ha nacido el hijo y ha sido bautizado, esperan que crezca para que a su debido momento pueda recibir la catequesis básica o ‘la doctrina’ en la parroquia o en la escuela donde estudia, para que haga la Primera Comunión y de este modo cumplen con su deber de padres. Otras familias -también católicas- dejan que el niño o la niña cuando ya esté grandecito(a) pida voluntariamente la recepción de los sacramentos para no ‘obligarlos’. Y otros, se que se preocupan de la catequesis lo hacen porque lo miran como un ‘acto social’ nuestros hijos deben recibir los sacramentos, pues ‘qué va a decir la gente’.

Quizá he exagerado un poco. Espero que la idea se comprenda. Se trata de algo mucho más importante que las simples razones que se han dado. Iniciación cristiana quiere decir: ayudar al bautizado a que ‘viva’ su vida cristiana. Esto era muy claro en los primeros cristianos, cuando ser cristiano no era motivo de gloria sino de desprecio, y se evidencia en los tiempos de persecución: ¿Por qué voy a arriesgar mi vida? Solamente cuando hay conciencia que el cristiano tiene una vida nueva, y que debe ser sal y luz del mundo, y sobre todo, que en Jesucristo se le ha revelado el amor misericordioso del Padre, entonces puede plantearse la vida de un modo nuevo.

En definitiva, es ayudar a los más jóvenes, pero no sólo a ellos, -también a los ‘viejos’- a que vivan con coherencia. Que sean conscientes de porqué es importante vivir de un modo y no de otro. Mirar más a Jesucristo y no tanto ‘al mundo’. El bautizado ha recibido un don tan grande que no lo puede perder, y todos somos responsables de todos: formamos un solo Cuerpo en Cristo Jesús.

marzo 8, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISIÓN, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | 2 comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 289-294

6.3.2 Propuestas para la iniciación cristiana

289. Sentimos la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la vida cristiana que comience por el kerygma y, guiado por la Palabra de Dios, que conduzca un encuentro personal cada vez mayor con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre experimentado como plenitud de la humanidad, y que lleve a la conversión, al seguimiento en una comunidad eclesial y a una maduración de fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y la misión.

290. Recordamos que el itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de la Iglesia “tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos”. Se trata de una experiencia que introduce en una profunda y feliz celebración de los sacramentos, con toda la riqueza de sus signos. De este modo, la vida se va transformando progresivamente por los santos misterios que se celebran, capacitando al creyente para transformar el mundo. Esto es lo que se llama “catequesis mistagógica”.

291. Ser discípulo es un don destinado a crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida. Es necesario asumir la dinámica catequética de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral.

292. Como rasgos del discípulo al que apunta la iniciación cristiana destacamos: que tenga como centro la persona de Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda madurez humana y cristiana. Que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra, practique la confesión frecuente y participe de la Eucaristía. Que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social, sea solidario en el amor y fervoroso misionero.

293. La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que habiendo escuchado el kerygma quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro.

294. Asumir esta iniciación cristiana exige no sólo una renovación de modalidad catequística de la parroquia. Proponemos que el proceso catequístico formativo adoptado por la Iglesia para la iniciación cristiana sea asumido en todo el Continente como la manera ordinaria e indispensable de introducir en la vida cristiana, y como la catequesis básica y fundamental. Después vendrá la catequesis permanente que continúa el proceso de maduración en la fe, en la que se debe incorporar un discernimiento vocacional y la iluminación para proyectos personales de vida.

marzo 3, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA | , , , , , , | 1 comentario

Comentario n. 286-288

El Documento de Aparecida aporta luz para visualizar mejor algunos aspectos externos e internos de la Iglesia. En esta ocasión se mira ‘ad intra’, es decir, al quehacer pastoral o evangelizar se ha realizado en la Iglesia para formar a los cristianos: la iniciación cristiana.

Si por un momento pensáramos en lo que sucede en el campo del trabajo, de la empresa, de la industria: ¿Por qué exigen al nuevo -al novato-  trabajador  tener o adquirir un mínimo de experiencia? O, ¿Por qué razón lo tienen en un periodo de ‘aprendizaje’? La respuesta diría cualquiera de ustedes es obvia: porque ninguno puede comenzar un trabajo sin saber lo mínimo para realizarlo bien, es necesario un ‘mímino’. De acuerdo.

Esto mismo ocurre en la vida cristiana. A una persona que quiere vivir una vida cristiana necesita ayuda, un tiempo en que va madurando su nueva condición de cristiano.  Normalmente un niño, un adolescente, un joven y en general, cualquier persona debe haber tenido esta oportunidad: la iniciación cristiana. En la antigüedad se le llamaba: neófito. En nuestros días hay una figura que tiene una función importantísima, pero que muchas veces solamente se queda en un nombre: el padrino o la madrina en la fe. No es la presencia de una persona solamente en el día en que se celebra el sacramento, sino que es una persona que está presente a lo largo de la vida del cristiano. La Iglesia pide y exige que haya esta persona y que sea responsable con la misión que está llamada a realizar.

De modo que la familia tiene un lugar fundamental en la transmisión de la fe. Papá y mamá se comprometen el día del Matrimonio a educar cristianamente a sus hijos. Son ellos los que viven con sus hijos en la vida de cada día. Luego viene la figura del padrino en la fe, que asegura al ‘ahijado’ que se preocupará por la atención en la fe.

Y por supuesto, tenemos la parroquia, que como comunidad de fe, está llamada a fortalecer la fe recibida, a dar la instrucción necesaria en este camino, a cada uno según su estado. La presencia de la Iglesia se puede diversificar a través de las diversas manifestaciones de vida eclesial: grupos, comunidades, movimientos, fraternidades… la finalidad es la misma: ayudar a vivir en plenitud la fe.

A todo esto se refiere la iniciación cristiana, a esos esfuerzos por transmitir la fe. Que quien ha sido bautizado, luego pueda recibir la confirmación y la Eucaristía, porque son los fundamentos para un vivir cristiano. Y el Documento de Aparecida señala que esta parte se ha descuidado en muchos lugares y por lo tanto es un reto: dar sólidos fundamentos para que se pueda vivir la fe cristiana, esa vida nueva recibida por los sacramentos tiene que germinar y crecer. En otras palabras es necesario revisar el modo en que se transmite y se educa a los bautizados para que vivan cristianamente. Esto es parte de la Misión Continental.

marzo 1, 2009 Posted by | FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario