Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 154-157

“Llamados a vivir en comunión”. La llamada de Jesucristo a sus discípulos, va seguida de aceptar la misión que supone ser sus discípulos. Esta misión es continuada en el tiempo por la acción del Espíritu Santo: hace entrar en la comunión con Jesucristo. A quienes fue anunciada “la buena nueva”, “el Evangelio”, “la salvación” comprendieron que esto comportaba un nuevo modo de vivir. De la profesión de fe nacía unos nuevos lazos que unen a los creyentes, de la “fracción del pan” brotaba la unión más fuerte: eran un solo cuerpo, puesto que comían de un mismo “Pan”.

La llamada a vivir en comunión no es otra cosa sino el vivir la experiencia del conocer a Jesucristo, Él nos introduce en la comunión con el Padre y el Espíritu Santo; al entrar en comunión con el Padre aprendemos a reconocernos como hermanos unos de otros, “hijos de un mismo Padre”. Podemos decir que la comunión es fruto del conocer a Jesucristo: una manifestación clara de la acción divina en los hombres. Si el pecado es causa de división, la redención es el comienzo de una nueva comunión con Dios y unidad entre los hombres.

Esta comunión es la autenticidad del conocimiento de Jesucristo. Pero a muchos de nosotros está lejos de reconocer una auténtica comunión con los que se hacen llamar “cristianos”. El término “cristiano” viene aplicado por primera vez a los discípulos de Antioquía: fue en Antioquía donde los discípulos recibieron por primera vez el nombre de cristianos (Hch 11,26). Estos discípulos son los que habían recibido el bautismo el día de Pentecostés, luego de escuchar la predicación de san Pedro.

Esta será una característica: la apostolicidad de la Iglesia. “Es difícil tener a Dios por Padre, si no tenemos a la Iglesia por madre” decía un padre de la Iglesia, para decir, que reconocer la Iglesia como comunión es importantísimo en el camino cristiano. No todo el que habla de Cristo, habla de comunión. ¿Por qué?

En la oración de Jesús había un deseo que los discípulos puedan vivir en comunión: “que sean uno, como nosotros somos uno”. Este es el camino de la comunión, el camino del acoger el amor de Dios sin mutilarlo por nuestras diferencias.

junio 26, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , , | Deja un comentario

APARECIDA N. 154-157

CAPÍTULO 5 LA COMUNIÓN DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS EN LA IGLESIA

5.1 Llamados a vivir en comunión

154. Jesús al inicio de su ministerio elige a los doce para vivir en comunión con Él (cf. Mc 3, 14). Para favorecer la comunión y evaluar la misión, Jesús les pide: “Vengan ustedes solos a un lugar deshabitado, para descansar un poco” (Mc 6, 31-32). En otras oportunidades se encontrará con ellos para explicarles el misterio del Reino (cf. Mc. 4, 11.33-34). De la misma manera se comporta con el grupo de los setenta y dos discípulos (cf. Lc 10, 17-20). Al parecer, el encuentro a solas indica que Jesús quiere hablarles al corazón (cf. Os 2, 14). Hoy también el encuentro de los discípulos con Jesús en la intimidad es indispensable para alimentar la vida comunitaria y la actividad misionera.

155. Los discípulos de Jesús están llamados a vivir en comunión con el Padre (1Jn 1, 3) y con su Hijo muerto y resucitado, en “la comunión en el Espíritu Santo” (2Cor 13, 13). El misterio de la Trinidad es la fuente, el modelo y la meta del misterio de la Iglesia: “un pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, llamada en Cristo “como un sacramento, o signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”. La comunión de los fieles y de las Iglesias Particulares en el Pueblo de Dios se sustenta en la comunión con la Trinidad.

156. La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión. Ante la tentación, muy presente en la cultura actual de ser cristianos sin Iglesia y las nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella “nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia Católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión”.

Esto significa que una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta en la que podamos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de los Apóstoles y con el Papa.

157. Al recibir la fe y el bautismo, los cristianos acogemos la acción del Espíritu Santo que lleva a confesar a Jesús como Hijo de Dios y a llamar a Dios “Abba”. Todos los bautizados y bautizadas de América Latina y El Caribe “a través del sacerdocio común del Pueblo de Dios”, estamos llamados a vivir y transmitir la comunión con la Trinidad, pues “la evangelización es un llamado a la participación de la comunión trinitaria”.

junio 24, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , , , | Deja un comentario

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO

Las lecturas indicadas para este domingo son las siguientes: Jr 20,10-13; Sal 68; Rom 5, 12-15; Mt 10,16-33

El Señor ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados. La primera lectura muestra el grito de lamento del profeta Jeremías, quien experimenta la dificultad, la angustia, la incomprensión y la soledad por permanecer fiel al Señor. La confianza del profeta parece disminuir al mirar a su alrededor y darse cuenta que hasta sus amigos le están deseando el mal. Entonces viene la súplica a Dios; la oración se torna insistente, comprende que el Señor “prueba al justo” y “lo libra de los malvados“. Muchas veces se repetirá esta escena: quien permanece fiel al Señor experimenta muchas veces la contradicción.

Escúchame, Señor, porque eres bueno. El Salmo 68 es la oración del “justo”, del que permanece fiel al Señor. Delante del Señor, quizá en el templo, dirige sus “lamentos”: “he sufrido oprobios” y todo porque “me devora el celo de tu casa”. La fidelidad de Dios le hace esperar con confianza pues “el Señor jamás desoye al pobre” y por esto continuará su camino de esperar solamente en Dios. Este salmo abre a la esperanza en medio del dolor.

El don de Dios  supera con mucho el delito. El texto de la segunda lectura es fundamental para comprender la doctrina de pecado original, la muerte y la redención. “por un solo hombre entró el pecado en el mundo” y como consecuencia: “por el pecado la muerte“. La desobediencia en Adán y Eva, nuestros primeros padres, se conoce como el pecado original. Las consecuencias de este pecado se mencionan en el mismo texto del génesis, pero aquí se sintetizan mencionando la “muerte”. Pero no se detiene aquí la historia de salvación y éste es el segundo punto importante: “por Jesucristo se ha desbordado la abundancia de la vida y de la gracia de Dios”, de modo que aquella primera ruina, que todos llevamos, ha sido superada por un “don” mucho más grande: la redención de Cristo nos ha abierto las puertas a la Vida.

No tengan miedo de los que matan el cuerpo. Las palabras del Evangelio son una advertencia para sus discípulos quienes tienen que permanecer fieles al Señor cuando las contrariedades parezcan que son más fuertes que las promesas del Señor. En realidad todo el mal que el hombre puede hacer a otro tiene un límite en muerte “matan el cuerpo”. Pero la persona no es “solo cuerpo” tiene un alma espiritual que no depende del cuerpo para vivir.

Para quien piensa que la vida es solamente “comamos y bebamos que mañana moriremos” se llevará una gran sorpresa al descubrir que simplemente ha perdido su vida. Que nosotros vamos a morir es evidente; mueren las personas cercanas a nosotros y cada día mueren muchos que no conocemos. Hay otros que “mueren” por ser fieles al Señor. Nos llegan noticias de los países donde está prohibido hacerse cristiano, o nos damos cuenta de las críticas que reciben los católicos que viven con coherencia su fe. No tengan miedo” repite el Señor: quien da la vida la encuentra para siempre.

Por esto el recuerdo de mártires a lo largo del año litúrgico nos recuerda a aquellos que han vivido su fe hasta el final. También podemos recordar a todos aquellos católicos que en nuestro país, más en concreto en nuestra diócesis, han sido capaces de vivir su fe en situaciones difíciles. Por esto no podemos ignorar el testimonio de todos ellos.

junio 22, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, LITURGIA | , , , | Deja un comentario

LOS APÓSTOLES MISIONEROS

El Documento de Aparecida es la gran invitación de los obispos de América Latina y el Caribe para que todos los bautizados vivan un camino formativo de discípulos para que sean auténticos misioneros.

Lo podemos entender como el gran desafío que los bautizados tienen en este comienzo de milenio: profundizar en su vida cristiana de modo que Cristo viva en ellos. En realidad es una consecuencia del Bautismo y la Confirmación: hemos recibido un encargo, una tarea, una misión que o la podemos dejar sin respuesta.

Si lo vemos con más profundidad podemos decir que es la “llamada de Jesucristo” a través de sus pastores para que sean sus testigos, los testigos de su Resurrección, los testigos de su amor y perdón.

Quizá muchos de nosotros hemos nacido en un hogar católico, nuestros padres, y familiares han sido católicos; otros tal vez han tenido un camino personal de búsqueda, inquietudes, interrogantes, estudio hasta llegar a la fe católica; otros probablemente han considerado la fe como algo superficial, como algo de poca importancia o para cuando “hay tiempo libre”.

¿Cómo es posible superar una visión reduccionista de la fe cristiana?, ¿Por qué encontramos cristianos tan apostólicos junto a otros tan apáticos? ¿Será que a algunos Jesús no les da los dones y talentos y en cambio a otros sí? ¿O será porque seguimos al Señor como la “muchedumbre” sin acercarnos mucho no sea que el Señor nos pida algo?

Considero oportuno meditar en la vida de aquellos hombres que fueron llamados por el Señor, aquellos “Doce” primeros discípulos que hicieron un camino de formación “del Bautismo de Juan hasta Jerusalén”; hombres comunes y corrientes, muy diversos entre sí, de modos de pensar diferentes, pero que cuando sintieron la llamada del Señor y a medida que fueron entrando en su intimidad descubrieron el sentido de sus vidas y aquello que debían hacer.

Conocieron a Jesucristo, lo siguieron, lo escucharon, entraron en comunión y se les abrió un panorama mucho más grande de lo que se hubieran podido imaginar. Jesucristo les habló como “hermano” y como “amigo”, les mostró la verdad de su existencia y les abrió el camino a la esperanza y a la vida plena.

Lo mejor será que cada uno pueda tomar unos minutos para detenerse en la vida de estos primeros “apóstoles misioneros” y tomar de ellos un impulso para ser también un discípulo misionero. El Papa Benedicto XVI fue comentando la vida de estos discípulos en el 2006, y son un valioso material de reflexión personal, comunitaria, parroquial.

“Los Apóstoles eran compañeros de camino de Jesús, amigos de Jesús, y su camino con Jesús no era sólo un camino exterior, desde Galilea hasta Jerusalén, sino un camino interior, en el que aprendieron la fe en Jesucristo, no sin dificultad, pues eran hombres como nosotros..” Se trata del Apóstol Pedro –pescador, apóstol, roca-; Andrés el protóclito, Santiago el mayor, Santiago el menor, Juan –hijo del Zebedeo, el teólogo, el vidente de Patmos-; Mateo; Felipe; Tomás; Bartolomé; Simón el Cananeo y Judas Tadeo; Judas Iscariote y Matías.

Se pueden descargar estas catequesis. He subrayado algunos aspectos importantes de las catequesis.

junio 21, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | 2 comentarios

Comentario n. 149-153

¿Qué lugar tiene el Espíritu Santo en la misión de la Iglesia, en la vida de los discípulos misioneros?

En primer lugar tenemos que decir que la revelación del Espíritu Santo es progresiva, se le conoce en la medida que se conoce la misión de Jesucristo. El Espíritu Santo existe desde siempre, es el Amor del Padre y del Hijo; prepara la venida del Salvador, y acompaña en todo momento la existencia terrena de Jesús.

Hay momentos especiales en que el Espíritu Santo sea hace más “visible”: en el bautismo del Señor en el Jordán.  Había llegado el momento de pasar de la “vida oculta” a la “vida pública”, o sea de hacer visible la misión para la que se había venido.

Conocemos al Espíritu Santo por Jesucristo. Esta revelación se hace más intensa en la medida que Jesús con sus discípulos “suben a Jerusalén”. Jesús les anuncia a los discípulos que serán “revestidos” por la fuerza de lo alto, que les “llevará” a la verdad completa.

Pero previo a que los discípulos puedan “recibir” al Espíritu Santo, tiene que pasar algo que ellos todavía no comprenden: “es necesario que yo me vaya”. Sabemos que Jesús está hablando de su Pasión, Muerte y Resurrección. Solamente después de la Pascua viene el Espíritu Santo, como gran fruto de la Cruz.

Visiblemente se cumple la promesa de Jesús “cincuenta días después de la Pascua”, es decir, durante la fiesta de Pentecostés. Allí, de un modo totalmente nuevo, irrumpe el Espíritu en aquellos que habían acompañada a Jesús desde su bautismo hasta Jerusalén, y se convierten de este modo, en sus testigos.

Con Pentecostés comienza el camino visible e histórico de lo que llamamos “Iglesia”. Aquellos discípulos se convierten ahora en “testigos”, son partícipes de la misma misión de Jesucristo. Y a medida que la comunidad de los creyentes va creciendo, así surgen los diversos carismas, ministerios y oficios. El Espíritu Santo no deja de suscitar en medio de la comunidad hombres y mujeres que con su vida enriquecen la vida de la comunidad. El Espíritu Santo siempre acompaña a la Iglesia, realiza en ella la unidad, la comunión y la misión.

junio 21, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | 1 comentario

APARECIDA N. 149-153

4.4 Animados por el Espíritu Santo

149. Jesús, al comienzo de su vida pública, después de su bautismo, fue conducido por el Espíritu Santo al desierto para prepararse a su misión (cf. Mc 1, 12-13) y, con la oración y el ayuno, discernió la voluntad del Padre y venció las tentaciones de seguir otros caminos. Ese mismo Espíritu acompañó a Jesús durante toda su vida (cf. Hch 10, 38). Una vez resucitado, comunicó su Espíritu vivificador a los suyos (cf. Hch 2, 33). 

150. A partir de Pentecostés, la Iglesia experimenta de inmediato fecundas irrupciones del Espíritu, vitalidad divina que se expresa en diversos dones y carismas (cf. 1Cor 12, 1-11) y variados oficios que edifican la Iglesia y sirven a la evangelización (cf. 1Cor 12, 28-29). Por estos dones del Espíritu, la comunidad extiende el ministerio salvífico del Señor hasta que Él de nuevo se manifieste al final de los tiempos (cf. 1Cor 1, 6-7). El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro (cf. Hch 4, 13) y Pablo (cf. Hch 13, 9), señala los lugares que deben ser evangelizados y elige a quiénes deben hacerlo (cf. Hch 13, 2).

151. La Iglesia, en cuanto marcada y sellada “con Espíritu Santo y fuego” (Mt 3, 11), continúa la obra del Mesías, abriendo para el creyente las puertas de la salvación (cf. 1 Cor 6, 11). Pablo lo afirma de este modo: “Ustedes son una carta de Cristo redactada por ministerio nuestro y escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo” (2Cor 3, 3).

El mismo y único Espíritu guía y fortalece a la Iglesia en el anuncio de la Palabra, en la celebración de la fe y en el servicio de la caridad hasta que el Cuerpo de Cristo alcance la estatura de su Cabeza (cf. Ef 4, 15-16). De este modo, por la eficaz presencia de su Espíritu, Dios asegura hasta la parusía su propuesta de vida para hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares, impulsando la transformación de la historia y sus dinamismos. Por tanto, el Señor sigue derramando hoy su Vida por la labor de la Iglesia que, con “la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo” (1Pe 1, 12), continúa la misión que Jesucristo recibió de su Padre (cf. Jn 20, 21).

152. Jesús nos transmitió las palabras de su Padre y es el Espíritu quien recuerda a la Iglesia las palabras de Cristo (cf. Jn 14, 26). Ya desde el principio los discípulos habían sido formados por Jesús en el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 2); es, en la Iglesia, el Maestro interior que conduce al conocimiento de la verdad total formando discípulos y misioneros. Esta es la razón por la cual los seguidores de Jesús deben dejarse guiar constantemente por el Espíritu (cf. Gal 5, 25), y hacer propia la pasión por el Padre y el Reino: anunciar la Buena Nueva a los pobres, curar a los enfermos, consolar a los tristes, liberar a los cautivos y anunciar a todos el año de gracia del Señor (cf. Lc 4, 18-19).

153. Esta realidad se hace presente en nuestra vida por obra del Espíritu Santo que también, a través de los sacramentos, nos ilumina y vivifica.

En virtud del Bautismo y la Confirmación somos llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo y entramos a la comunión trinitaria en la Iglesia, la cual tiene su cumbre en la Eucaristía, que es principio y proyecto de misión del cristiano. “Así, pues, la Santísima Eucaristía lleva la iniciación cristiana a su plenitud y es como el centro y fin de toda la vida sacramental“.

junio 19, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 143-148

Hablar de la misión supone explicitar en qué consiste esta misión.  Después de mencionar la originalidad del llamado de Jesús,  de la universalidad del mismo, de la necesidad de configurarse con el Maestro ahora se menciona el “envío”, es decir la participación en la misión.

Una misión actual. “Jesús salió al encuentro de personas en situaciones muy diversas: hombres y mujeres, pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y pecadores…, invitándolos a todos a su seguimiento“. También hoy sigue llamando, a hombres y mujeres de nuestro tiempo para dar una respuesta de discípulos.

La misión se entiende como una consecuencia, ¿consecuencia de qué? Una consecuencia del conocer a Jesucristo. Jesús es “el mismo ayer, hoy y siempre” no cambia, por lo tanto su amor y su misericordia son eternas para todos.

Si el Maestro no cambia, entonces el que  tiene que cambiar es el discípulo. Y cuando en el discípulo comienza a operarse esta transformación interior, entonces los frutos comienzan a notarse. El camino fue así para los apóstoles: primero fueron llamados, estuvieron con el Señor, le acompañaron en su vida, se sorprendieron y asustaron ante la pasión, se regocijaron al verlo resucitado, luego fueron confortados con el Paráclito, y de este modo, fueron enviados: “vayan por todo el mundo”.

Podría decirse que lo mismo tendría que suceder con cualquier otro discípulo: mientras no se produzca esta “sintonía” del discípulo con el Maestro, mientras el discípulo no sienta “arder” en su corazón la misión  del Señor, no dará un paso para anunciarlo, es decir para testimoniarlo.

Y con esto volvemos a la consideración sobre la santidad, y aclara las posibles interpretaciones equivocadas: “la santidad no es una fuga hacia el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un mundo exclusivamente espiritual“.

junio 18, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

APARECIDA N. 143-148

4.3 Enviados a anunciar el Evangelio del Reino de vida

143. Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, con palabras y acciones, con su muerte y resurrección, inaugura en medio de nosotros el Reino de vida del Padre, que alcanzará su plenitud allí donde no habrá más “muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha desaparecido” (Ap 21, 4).

Durante su vida y con su muerte en cruz, Jesús permanece fiel a su Padre y a su voluntad (cf. Lc 22, 42). Durante su ministerio, los discípulos no fueron capaces de comprender que el sentido de su vida sellaba el sentido de su muerte. Mucho menos podían comprender que, según el designio del Padre, la muerte del Hijo era fuente de vida fecunda para todos (cf. Jn 12, 23-24). El misterio pascual de Jesús es el acto de obediencia y amor al Padre y de entrega por todos sus hermanos, mediante el cual el Mesías dona plenamente aquella vida que ofrecía en caminos y aldeas de Palestina. Por su sacrificio voluntario, el Cordero de Dios pone su vida ofrecida en las manos del Padre (cf. Lc 23, 46), quien lo hace salvación “para nosotros” (1Cor 1, 30). Por el misterio pascual, el Padre sella la nueva alianza y genera un nuevo pueblo que tiene por fundamento su amor gratuito de Padre que salva.

144. Al llamar a los suyos para que lo sigan, les da un encargo muy preciso: anunciar el evangelio del Reino a todas las naciones (cf. Mt 28, 19; Lc 24, 46-48). Por esto, todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace partícipe de su misión al mismo tiempo que lo vincula a Él como amigo y hermano. De esta manera, como Él es testigo del misterio del Padre, así los discípulos son testigos de la muerte y resurrección del Señor hasta que Él vuelva. Cumplir este encargo no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana, porque es la extensión testimonial de la vocación misma.

145. Cuando crece la conciencia de pertenencia a Cristo, en razón de la gratitud y alegría que produce, crece también el ímpetu de comunicar a todos el don de ese encuentro. La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines del mundo (cf. Hch 1, 8).

146. Benedicto XVI nos recuerda que: “el discípulo, fundamentado así en la roca de la Palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la Buena Nueva de la salvación a sus hermanos. Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva (cf. Hch 4, 12). En efecto, el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro“.

Esta es la tarea esencial de la evangelización, que incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana.

147. Jesús salió al encuentro de personas en situaciones muy diversas: hombres y mujeres, pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y pecadores…, invitándolos a todos a su seguimiento. Hoy sigue invitando a encontrar en Él el amor del Padre. Por esto mismo el discípulo misionero ha de ser un hombre o una mujer que hace visible el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y pecadores.

148. Al participar de esta misión, el discípulo camina hacia la santidad. Vivirla en la misión lo lleva al corazón del mundo. Por eso la santidad no es una fuga hacia el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un mundo exclusivamente espiritual.

junio 17, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | 3 comentarios

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO

Las lecturas propuestas para este domingo XI del Tiempo Ordinario, Ciclo A, son las siguientes: Ex 19, 2-6; Sal 99; Rom 5,6-11; Mt 9,36-38; 10,1-8

Serán para mí un reino de sacerdote y una nación consagrada. La primera lectura viene a ser un alto en el camino por el desierto, y una explicación del sentido de la liberación de Egipto: una elección de Dios. Ahora se trata que los israelitas den una respuesta consciente y quieran vivir según los mandamientos de Dios. Cada uno de nosotros debemos renovar las promesas bautismales de vivir para Dios, como “un reino de sacerdotes y nación santa”. Esto comporta vivir, no “solo cumplir”, los mandamientos.

El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo. Este salmo es una invitación a la alabanza universal al Señor, porque nos ha creado y somos sus criaturas. “Reconozcamos que el Señor es Dios“, “sirvamos al Señor con alegría“: estas dos breves frases del salmo nos llevan a recordar la señoría de Dios en nuestra vida, y que servir al Señor debe ser motivo de alegría.

Si la muerte de Cristo nos reconcilió con Dios, mucho más nos reconciliará su vida. Un breve resumen del significado de la redención obrada por Jesucristo: no puede ser otra cosa que una manifestación del amor de Dios. “Cuando todavía éramos pecadores“: ahora la situación del bautizado es otra, ha recibido el perdón de sus pecados y ha entrado a formar parte del Cuerpo de Cristo por medio del Espíritu Santo. Quien se mantenga en esta comunión debe estar seguro de la ayuda del Señor.

Jesús envió a sus doce apóstoles con instrucciones. La mirada de Jesús llega al fondo de las personas, las mira y sabe que andan sin rumbo ni dirección, en pocas palabras “como ovejas que no tienen pastor”. “Rueguen al dueño de la mies” este es el camino propuesto por el Señor: orar para que el Señor suscite “trabajadores para sus campos“. La llamada de Dios siempre es un misterio, pero por otro tenemos respuesta humana: Dios llama, sí, pero si no hay quien responda afirmativamente, no tendremos trabajadores en la viña. Oremos insistentemente, y pongamos los medios, para que esta voz resuene en los jóvenes. De ellos, el Señor llamará, como lo hizo con Pedro, Santiago, Juan…

junio 15, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, LITURGIA | , , , | Deja un comentario

Comentario n. 136-142

Una vez que Jesús ha llamado  y escogido a sus discípulos para que le sigan, sabiendo que se trata de un llamado totalmente nuevo y distinto del que hacían los maestros de aquel tiempo, les va revelando progresivamente el misterio de su Persona: es el Hijo del Padre.

Después de vivir con Jesús durante unos tres años, escuchar sus predicaciones que llegaban al corazón, ver los milagros que realizaba, acompañarlo en sus continuos viajes, verlo orar tan frecuentemente, su cercanía hacia los pecadores, los pobres, los marginados, los pequeños, los enfermos; su modo de enseñar, de hablar, de vivir era algo que a los discípulos les hacía reflexionar: “La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor”.

De aquí surge la respuesta: una respuesta consciente y libre, una determinación a seguirlo, una adhesión a su Persona, y por consiguiente a su misión.

Este es el segundo momento que representa la respuesta del discípulo: las palabras de Jesús fueron: “Sígueme” ahora responde el discípulo y esta respuesta es vital, afecta toda la esfera del discípulo. Se plantea su vida a partir de esta nueva amistad: la de Jesucristo.

En ocasiones esta respuesta en el Evangelio está como escondida: “lo siguió“, “dejó todo“; otras veces también está la negación: “se fue triste“, “le suplicaron que se fuera“…

Quien dice: “te seguiré” compromete su vida presente y futura. “Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida“. Te seguiré quiere decir estar dispuestos a “identificarse” con el Maestro, querer llegar a tener la misma “identidad” de Jesucristo.

También para nosotros, el seguimiento de Jesús, como discípulos suyos, miembros de la misma Iglesia, supone comprometer nuestra vida y aprender de la vida de Jesucristo Camino, Verdad y Vida. Sencillamente no podemos seguir “cualquier camino”, ni debemos temer a la verdad, ni aferrarnos a nuestro modo de concebir la “vida”.

¿Qué significa para un discípulo creer en Jesús Camino, Verdad y Vida? Camino: abrirse a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; Verdad: renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones; Vida: abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros “tengan vida en Él”.

En el proceso de identificación con el Maestro, la Eucaristía ocupa un lugar central, es la gran transformación que realiza desde el interior que tiene su reflejo en el exterior. La Eucaristía es Cristo en mí, y yo en Cristo.

junio 15, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , , , | Deja un comentario