Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

APARECIDA N. 114-119

3.3 La buena nueva de la familia

114. Proclamamos con alegría el valor de la familia en América Latina y El Caribe. Afirma el Papa Benedicto XVI que la familia “patrimonio de la humanidad, constituye uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Ella ha sido y es escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente… La familia es insustituible para la serenidad personal y para la educación de sus hijos“.

115. Agradecemos a Cristo que nos revela que “Dios es amor y vive en sí mismo un misterio personal de amor”  y optando por vivir en familia en medio de nosotros, la eleva a la dignidad de ‘Iglesia Doméstica’.

116. Bendecimos a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, aunque hoy se quiera confundir esta verdad: “Creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó” (Gn 1, 27). Pertenece a la naturaleza humana el que el varón y la mujer busquen el uno en el otro su reciprocidad y complementariedad.

117. El ser amados por Dios nos llena de alegría. El amor humano encuentra su plenitud cuando participa del amor divino, del amor de Jesús que se entrega solidariamente por nosotros en su amor pleno hasta el fin (cf. Jn 13, 1; 15,9). El amor conyugal es la donación recíproca entre un varón y una mujer, los esposos: es fiel y exclusivo hasta la muerte y fecundo, abierto a la vida y a la educación de los hijos, asemejándose al amor fecundo de la Santísima Trinidad. El amor conyugal es asumido en el Sacramento del Matrimonio para significar la unión de Cristo con su Iglesia, por eso en la gracia de Jesucristo encuentra su purificación, alimento y plenitud (cf. Ef 5, 25-33). 

118. En el seno de una familia la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer a la familia de Dios. De ella recibimos la vida, la primera experiencia del amor y de la fe. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la celebra, la transmite y testimonia. Los padres deben tomar nueva conciencia de su gozosa e irrenunciable responsabilidad en la formación integral de sus hijos

119. Dios ama nuestras familias, a pesar de tantas heridas y divisiones. La presencia invocada de Cristo a través de la oración en familia nos ayuda a superar los problemas, a sanar las heridas y abre caminos de esperanza. Muchos vacíos de hogar pueden ser atenuados por servicios que presta la comunidad eclesial, familia de familias.

mayo 31, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 104-113

Esta primera parte presenta de modo sintético aquello que la revelación cristiana aporta como “buena nueva”. En primer lugar la “buena nueva de la dignidad humana”: cómo a la luz de Jesucristo se puede descubrir el “misterio de la creatura humana”, en el “origen” de la dignidad de toda persona humana se encuentra la bondad de un Dios creador. Es importante reconocer que Dios ha querido que el hombre pueda realizar una actividad en la creación: lo ha dotado de inteligencia y voluntad, lo ha creado a su imagen y semejanza. Así como es verdad que el pecado ha entrado en el mundo, también se debe reconocer que la redención ha sido realizada por Jesucristo, y el hombre tiene la puerta abierta a la comunión con Dios Padre.

Al preguntarnos: ¿Cómo debemos vivir la vida? encontramos diversidad de respuestas, que se sintetizan en algunas modos concretos: “la vida no tiene sentido”, “no hay esperanza”, “basta con las cosas materiales”, “busca sólo el placer”, “preocúpate sólo de ti mismo”, “triunfa sobre los demás”, “que no te importen los demás”… ante estas propuestas ilusorias, egoístas, superficiales, irresponsables, se proclama “el Evangelio de la Vida“: en Jesucristo se nos descubre el sentido último de nuestra existencia: Dios ama de tal modo al hombre que le promete “Vendremos a él y viviremos en él” (Jn 14, 23),  Jesús nos ofrece la resurrección y la vida eterna en la que Dios será todo en todos (cf. 1Cor 15, 28), presenta la vida en Dios como valor supremo “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo, si pierde su vida?” (Mc 8, 36), Jesús propone entregar la vida para ganarla, porque “quien aprecie su vida terrena, la perderá” (Jn 12, 25), “uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos” (Mt 23, 8), Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano, “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10). Quien escucha, medita y profundiza en esta palabra se da cuenta que hay otro modo de vivir la vida.

Como conclusión se nos invita a reconocer que “la propia vocación, la propia libertad y la propia originalidad son dones de Dios para la plenitud y el servicio del mundo“.

mayo 30, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario

APARECIDA N. 104-113

3.1 La buena nueva de la dignidad humana

104. Bendecimos a Dios por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Nos ha creado libres y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes en medio de la creación. Le agradecemos por asociarnos al perfeccionamiento del mundo, dándonos inteligencia y capacidad para amar; por la dignidad, que recibimos también como tarea que debemos proteger, cultivar y promover. Lo bendecimos por el don de la fe que nos permite vivir en alianza con Él hasta compartir la vida eterna. Lo bendecimos por hacernos hijas e hijos suyos en Cristo, por habernos redimido con el precio de su sangre y por la relación permanente que establece con nosotros, que es fuente de nuestra dignidad absoluta, innegociable e inviolable. Si el pecado ha deteriorado la imagen de Dios en el hombre y ha herido su condición, la buena nueva, que es Cristo lo ha redimido y restablecido en la gracia (cf. Rm 5, 12-21).

105. Alabamos a Dios por los hombres y mujeres de América Latina y El Caribe que, movidos por su fe, han trabajado incansablemente en defensa de la dignidad de la persona humana, especialmente de los pobres y marginados. En su testimonio, llevado hasta la entrega total, resplandece la dignidad del ser humano.

3.2 La buena nueva de la vida

106. Alabamos a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican al ponerla al servicio de los demás; por el espíritu alegre de nuestros pueblos que aman la música, la danza, la poesía, el arte, el deporte y cultivan una firme esperanza en medio de problemas y luchas. Alabamos a Dios porque siendo nosotros pecadores, nos mostró su amor reconciliándonos consigo por la muerte de su Hijo en la cruz. Lo alabamos porque ahora continúa derramando su amor en nosotros por el Espíritu Santo y alimentándonos con la Eucaristía, pan de vida (cf. Jn 6, 35). La Encíclica “Evangelio de la Vida“, de Juan Pablo II, ilumina el gran valor de la vida humana, la cual debemos cuidar y por la cual continuamente alabamos a Dios.

107. Bendecimos al Padre por el don de su Hijo Jesucristo “rostro humano de Dios y rostro divino del hombre”. “En realidad, tan sólo en el misterio del Verbo encarnado se aclara verdaderamente el misterio del hombre. Cristo, en la revelación misma del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre su altísima vocación”.

108. Bendecimos al Padre porque todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14-15), el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término natural, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta “la convivencia humana y la misma comunidad política”.

109. Ante una vida sin sentido, Jesús nos revela la vida íntima de Dios en su misterio más elevado, la comunión trinitaria. Es tal el amor de Dios, que hace del hombre, peregrino en este mundo, su morada: “Vendremos a él y viviremos en él” (Jn 14, 23). Ante la desesperanza de un mundo sin Dios, que sólo ve en la muerte el término definitivo de la existencia, Jesús nos ofrece la resurrección y la vida eterna en la que Dios será todo en todos (cf. 1Cor 15, 28). Ante la idolatría de los bienes terrenales, Jesús presenta la vida en Dios como valor supremo: “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo, si pierde su vida?” (Mc 8, 36).

110. Ante el subjetivismo hedonista, Jesús propone entregar la vida para ganarla, porque “quien aprecie su vida terrena, la perderá” (Jn 12, 25). Es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como sal de la tierra y luz del mundo. Ante el individualismo, Jesús convoca a vivir y caminar juntos. La vida cristiana sólo se profundiza y se desarrolla en la comunión fraterna. Jesús nos dice “uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos” (Mt 23, 8). Ante la despersonalización, Jesús ayuda a construir identidades integradas.

111. La propia vocación, la propia libertad y la propia originalidad son dones de Dios para la plenitud y el servicio del mundo.

112. Ante la exclusión, Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano. De su Maestro, el discípulo ha aprendido a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona humana. Sólo el Señor es autor y dueño de la vida. El ser humano, su imagen viviente, es siempre sagrado, desde su concepción hasta su muerte natural; en todas las circunstancias y condiciones de su vida. Ante las estructuras de muerte, Jesús hace presente la vida plena. “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10). Por ello sana a los enfermos, expulsa los demonios y compromete a los discípulos en la promoción de la dignidad humana y de relaciones sociales fundadas en la justicia.

113. Ante la naturaleza amenazada, Jesús, que conocía el cuidado del Padre por las criaturas que Él alimenta y embellece (cf. Lc 12, 28), nos convoca a cuidar la tierra para que brinde abrigo y sustento a todos los hombres (cf. Gn 1, 29; 2, 15).

mayo 29, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 101-103

Comenzamos la Segunda parte (101-346) del Documento de Aparecida, que tiene por guía: la vida de Jesucristo en los discípulos misioneros. Si en la primera parte se acentuaban los diversos aspectos de la realidad de los pueblos de América Latina, en esta segunda parte vamos a encontrar una temática más espiritual y formativa desde el punto de vista cristiano: cómo podemos hacer nuestra la vida de Jesucristo. En qué medida el profesar la fe en Jesucristo nos lleva a un itinerario de vida, cómo a la luz del Evangelio somos capaces de ver las demás realidades de las cuales se ha hablado en la primera parte.

Por supuesto que cada uno se encuentra en una situación concreta de su vida cristiana. Aquí se van a ir presentando diversas consideraciones al respecto, sobre temas que no son nuevos, pero que conviene recordarlos para darles el lugar que les corresponde dentro de la vida cristiana  y de este modo procurar una respuesta más fiel al Señor.

No hay “un” solo modo de vivir la fe cristiana,  por esto en la Iglesia existe la diversidad de dones y carismas, pero todo con un mismo fin(unidad en la diversidad): que en la medida que conocemos al Señor, nuestra vida se ilumina y podemos aportar como fermento una nuevo a nuestro alrededor.

Discípulos misioneros va  a ser un “duo” inseparable, como un matrimonio: uno para el otro, quien es discípulo es misionero. Ser discípulo conlleva un “camino o itinerario”, como los apóstoles que en el seguimiento del Señor comprendieron que valía la pena “dejarlo todo” y “seguirlo”, por esto, Él les dijo: “serán pescadores de hombres”, es decir, van a compartir la tarea que el Padre me encomendó.

A todos aquellos que leen el blog, yo les invito a ir por delante con la lectura del Documento, y también a esta propuesta de Aparecida llegue a más católicos: es hora de plantearnos un camino de discípulos misioneros allí donde cada uno se encuentra. También sería interesante que compartieran las diversas iniciativas que van surgiendo a partir de Aparecida en los lugares donde cada uno vive: parroquia, comunidades, movimientos, iniciativas personales…

mayo 28, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

APARECIDA N. 101-103

SEGUNDA PARTE LA VIDA DE JESUCRISTO EN LOS DISCÍPULOS MISIONEROS

CAPÍTULO 3 LA ALEGRÍA DE SER DISCÍPULOS MISIONEROS PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO DE JESUCRISTO

101. En este momento, con incertidumbres en el corazón, nos preguntamos con Tomás: “¿Cómo vamos a saber el camino?” (Jn 14, 5). Jesús nos responde con una propuesta provocadora: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6).

Él es el verdadero camino hacia el Padre, quien tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna (cf. Jn 3, 16). Esta es la vida eterna: “que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado” (Jn 17, 3). La fe en Jesús como el Hijo del Padre es la puerta de entrada a la Vida. Los discípulos de Jesús confesamos nuestra fe con las palabras de Pedro: “Tus palabras dan Vida eterna” (Jn 6, 68); “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16).

102. Jesús es el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne (cf. Jn 1, 14), verdadero Dios y verdadero hombre, prueba del amor de Dios a los hombres. Su vida es una entrega radical de sí mismo a favor de todas las personas, consumada definitivamente en su muerte y resurrección. Por ser el Cordero de Dios, Él es el salvador. Su pasión, muerte y resurrección posibilita la superación del pecado y la vida nueva para toda la humanidad. En Él, el Padre se hace presente, porque quien conoce al Hijo conoce al Padre (cf. Jn 14, 7).

103. Los discípulos de Jesús reconocemos que Él es el primer y más grande evangelizador enviado por Dios (cf. Lc 4, 44) y, al mismo tiempo, el Evangelio de Dios (cf. Rm 1, 3). Creemos y anunciamos “la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios” (Mc 1, 1). Como hijos obedientes a la voz del Padre queremos escuchar a Jesús (cf. Lc 9, 35) porque Él es el único Maestro

Como discípulos suyos sabemos que sus palabras son Espíritu y Vida (cf. Jn 6, 63. 68). Con la alegría de la fe somos misioneros para proclamar el Evangelio de Jesucristo y, en Él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad con la creación.

 

mayo 26, 2008 Posted by | IGLESIA | , , , | Deja un comentario

DOMINGO DE CORPUS CHRISTI

Las lecturas de este Domingo de Corpus Christi son las siguientes: Dt 8, 2-3.14-16; Sal 147; 1Co 10,16-17; Jn 6, 51-58

“Te di un alimento que tú ni tus padres conocían” Moisés habla al pueblo de Israel, invitándoles a que hagan memoria de su camino por el desierto. Dios va revelándose progresivamente, y mediante los acontecimientos habla a su pueblo. El duro caminar por el desierto lleva a protestas, a dudas, a desear volver a la esclavitud. Pero de diversos modos Dios se hará presente, y el maná fue una gran ayuda para tomar fuerzas en el camino. No sólo les dio el maná, primero les había dado los Mandamientos, como una orientación para sus vidas, como un signo de la Alianza. Aquel alimento va a recibir su comprensión más profunda a partir de Jesucristo.

“Bendito sea el Señor” Hoy tomamos unos versos de un salmo de alabanza, que muestra la predilección de Dios por su pueblo. Que ha enviado su “mensaje a la tierra”, que con el “trigo” sacia el hambre… imágines que llevan un claro recuerdo a las manifestaciones de Dios. Por todo esto, la Iglesia hace suya la invitación a “glorifica al Señor”, “ríndele honores” y pensando en la Eucaristía, esto se transforma a actitudes concretas, de piedad, adoración, cantos.

“El pan es uno y los que comemos de ese pan formamos un solo cuerpo” Es breve la segunda lectura, pero desvela una verdad central: la unidad de la Iglesia es fruto de la Comunión con Cristo. Dos preguntas retóricas se hace san Pablo: “el cáliz de la bendición ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo?” Es como decir: cada vez que tomamos parte de Cristo, en su Cuerpo y su Sangre, estamos más unidos a Él. Una unión profunda, desde el interior, Cristo nos transforma hace parte de su Cuerpo, de allí que “ya no hay distinción entre judíos y griegos”, toda división que hacemos nosotros nosotros queda superada, y debe en consecuencia reflejarse en nuestras vidas. No habla sólo de comunión en la fe, habla de comunión en los sacramentos. Por esto, la Eucaristía hace la Iglesia.

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” Y el Evangelio toma unos versículos del gran discurso de Jesús en Cafarnaún, que presenta san Juan en el capítulo 6, conocido también como el “discurso del Pan de Vida”. Al finalizar Jesús esta enseñanza, “algunos ya no lo siguieron”, dijeron “este modo de hablar es duro”, y el Catecismo comenta: el primer anuncio de la Eucaristía dividió  a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los encandalizó. La Eucaristía y la cruz son piedra de tropiezo (n. 1336). Esto se vive todavía hoy.

La solemnidad de Corpus Christi nos invita a dar una pública manifestación de nuestra fe: la adoración pública a Jesús Sacramentado. “Dios está aquí, venid adoradores adoremos, a Cristo Redentor” cantos como este están impregnados de oración, adoración. Demos a Dios la adoración debida, en Jesucristo tomó nuestra naturaleza humana, y quiso quedarse entre nosotros “todos los días hasta el fin del mundo”.

¡Infinitamente seas alabado! Mi Jesús Sacramentado.

mayo 25, 2008 Posted by | IGLESIA | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 100

Con este largo numeral se presentan las diversas realidades existentes que necesitan particular atención de parte de los católicos. Si en el numeral anterior se mencionaba la credibilidad de la Iglesia, aquí nos encontramos con una expresión de lo que eso significa: “notamos sombras”. Es mirar su interior y juzgar, que sus miembros, nosotros los católicos, no siempre hemos estado o estamos la altura del discípulo de Jesucristo.

Mencionar las sombras o debilidades es algo que no cualquier institución lo hace, al menos públicamente, pero la Iglesia -me parece- quiere mostrar cuáles son las realidades que no se pueden seguir descuidando. Y por lo tanto hay que hacer algo, según la posibilidad de cada uno.

Decir que faltan sacerdotes y religiosos, que los laicos deben asumir sus responsabilidades dentro de la Iglesia y en la sociedad, que uno abandona la Iglesia… está indicando un desafío que es necesario asumir. Así se pueden leer los demás numerales, como retos para nosotros: ¿Y qué puedo hacer yo? Es el momento de tomar parte en la solución. Sabemos cuáles son los desafíos, ahora viene el momento de asumirlos, no de olvidarlos. De los católicos que se han ido, en parte, es por desconocer la fe, si no se conoce no se vive, si no se vive no se trasmite.

Dado que se menciona en varias ocasiones el Concilio Vaticano II quiero hacer una breve referencia.  El Concilio Vaticano II se realizó  en los años 1962-65 y constituye una nueva etapa dentro del caminar de toda la Iglesia, se habla de “renovación conciliar” para señalar que de acuerdo a los documentos se ha emprendido un cambio. A poco más de cuarenta años podemos considerar la doctrina con más calma y profundidad.

Fueron cuatro los documentos bases –“constituciones”-: uno sobre la Iglesia en sí misma (Lumen Gentium), otro sobre la Revelación, transmitida en la Palabra de Dios y en la Tradición (Dei Verbum), un tercero sobre la Sagrada Liturgia (Sacrosantum Concilium), y el cuarto sobre la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et spes).

De estos cuatro documentos principales, se obtiene la guía para el actuar de la Iglesia, que en Cristo es instrumento de unión íntima con Dios  y de unidad entre los hombres; actuar que brota de la comunión con Cristo, quien se hace presente en la Liturgia, y envía a los cristianos a ser sal y luz del mundo. Un cristiano ha recibido una misión y consagración en su bautismo, la cual debe  realizarla buscando la santidad de vida y ordenando la creación hacia la gloria de Dios.

Los otros documentos –“decretos”- se refieren a los diversos miembros de la Iglesia: obispos, presbíteros, formación sacerdotal, vida religiosa, apostolado de los laicos, Iglesias orientales, ecumenismo y medios de comunicación.

Se concluye con tres “declaraciones”: una sobre la libertad religiosa, otra sobre la educación cristiana y la última que se refiere a las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Cuando se habla de renovación conciliar no se puede entender un aspecto aisladamente, es necesario entenderlo dentro del conjunto.

Probablemente pocos católicos han leído tales documentos, por la razón que sea, pero una síntesis completa, sistemática y clara se encuentra en el Catecismo de la Iglesia Católica. Y todavía para facilitarlo más, se ha hecho un resumen llamando Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.

Muchos laicos por razones de trabajo, familia, -…- pueden decir que no se alcanza a tanto, pero en medio de todo, está el interés por buscar una buena formación cristiana, y un punto importante es la disposición personal para conocer mejor la propia fe católica.

Hoy con internet, es posible  acceder a toda esta documentación en poco tiempo. Sin embargo asimilarla lleva toda la vida.

 

mayo 23, 2008 Posted by | IGLESIA | , , , , , , , | Deja un comentario

APARECIDA N. 100

                100. A pesar de los aspectos positivos que nos alegran en la esperanza, notamos sombras, entre las cuales mencionamos las siguientes:

                a) Para la Iglesia Católica, América Latina y El Caribe son de gran importancia, por su dinamismo eclesial, por su creatividad y porque el 43% de todos sus feligreses vive en ellas; sin embargo, observamos que el crecimiento porcentual de la Iglesia no ha ido a la par con el crecimiento poblacional. En promedio, el aumento del clero, y sobre todo de las religiosas, se aleja cada vez más del crecimiento poblacional en nuestra región40.

                b) Lamentamos, sea algunos intentos de volver a un cierto tipo de eclesiología y espiritualidad contrarias a la renovación del Concilio Vaticano II, sea algunas lecturas y aplicaciones reduccionistas de la renovación conciliar; lamentamos la ausencia de una auténtica obediencia y de ejercicio evangélico de la autoridad, las infidelidades a la doctrina, a la moral y a la comunión, nuestras débiles vivencias de la opción preferencial por los pobres, no pocas recaídas secularizantes en la vida consagrada influida por una antropología meramente sociológica y no evangélica. Tal como lo manifestó el Santo Padre en el Discurso Inaugural de nuestra Conferencia, “se percibe un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia Católica”.

                c) Constatamos el escaso acompañamiento dado a los fieles laicos en sus tareas de servicio a la sociedad, particularmente cuando asumen responsabilidades en las diversas estructuras del orden temporal. Percibimos una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones, un énfasis en el ritualismo sin el conveniente itinerario formativo, descuidando otras tareas pastorales. De igual forma, nos preocupa una espiritualidad individualista. Verificamos, asimismo, una mentalidad relativista en lo ético y religioso, la falta de aplicación creativa del rico patrimonio que contiene la Doctrina Social de la Iglesia, y en ocasiones, una limitada comprensión del carácter secular que constituye la identidad propia y específica de los fieles laicos.

                d) En la evangelización, en la catequesis y, en general, en la pastoral, persisten también lenguajes poco significativos para la cultura actual, y en particular, para los jóvenes. Muchas veces los lenguajes utilizados parecieran no tener en cuenta la mutación de los códigos existencialmente relevantes en las sociedades influenciadas por la postmodernidad, y marcadas por un amplio pluralismo social y cultural. Los cambios culturales dificultan la transmisión de la Fe por parte de la familia y de la sociedad. Frente a ello, no se ve una presencia importante de la Iglesia en la generación de cultura, de modo especial en el mundo universitario y en los medios de comunicación social.

                e) El insuficiente número de sacerdotes y su no equitativa distribución, imposibilitan que muchas comunidades puedan participar regularmente en la celebración de la Eucaristía. Recordando que la Eucaristía hace a la Iglesia, nos preocupa la situación de miles de estas comunidades privadas de la Eucaristía dominical por largos períodos de tiempo. A esto se añade la relativa escasez de vocaciones al ministerio y a la vida consagrada. Falta espíritu misionero en miembros del clero, incluso en su formación. Muchos católicos viven y mueren sin asistencia de la Iglesia, a la que pertenecen por el bautismo. Se afrontan dificultades para asumir el sostenimiento económico de las estructuras pastorales. Falta solidaridad en la comunión de bienes al interior de las Iglesias locales y entre ellas. No se asume suficientemente en muchas de nuestras Iglesias particulares la pastoral penitenciaria, ni la pastoral de menores infractores y en situaciones de riesgo. Es insuficiente el acompañamiento pastoral para los migrantes e itinerantes. Algunos movimientos eclesiales no siempre se integran adecuadamente en la pastoral parroquial y diocesana; a su vez, algunas estructuras eclesiales no son suficientemente abiertas para acogerlos.

                f) En las últimas décadas vemos con preocupación, por un lado, que numerosas personas pierden el sentido trascendente de sus vidas y abandonan las prácticas religiosas, y, por otro lado, que un número significativo de católicos están abandonando la Iglesia para pasarse a otros grupos religiosos. Si bien es cierto que éste es un problema real en todos los países latinoamericanos y caribeños, no existe homogeneidad en cuanto a sus dimensiones y su diversidad.

                g) Dentro del nuevo pluralismo religioso en nuestro continente, no se ha diferenciado suficientemente a los creyentes que pertenecen a otras iglesias o comunidades eclesiales, tanto por su doctrina como por sus actitudes, de los que forman parte de la gran diversidad de grupos cristianos (incluso pseudocristianos) que se han instalado entre nosotros, ya que no es adecuado englobar a todos en una sola categoría de análisis. Muchas veces no es fácil el diálogo ecuménico con grupos cristianos que atacan a la Iglesia Católica con insistencia.

                h) Reconocemos que, en ocasiones, algunos católicos se han apartado del Evangelio, que requiere un estilo de vida más fiel a la verdad y a la caridad, más sencillo, austero y solidario, como también nos ha faltado valentía, persistencia y docilidad a la gracia para proseguir, fiel a la Iglesia de siempre, la renovación iniciada por el Concilio Vaticano II, impulsada por las anteriores Conferencias Generales, y para asegurar el rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia. Nos reconocemos como comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la misericordia de Dios, congregada, reconciliada, unida y enviada por la fuerza de la Resurrección de su Hijo y la gracia de conversión del Espíritu Santo.

mayo 21, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | 1 comentario

Comentario n. 99

 

La Iglesia tiene como misión llevar al encuentro con Jesucristo, hacer presente su obra salvífica en el tiempo, invitar a los hombres a esta comunión con Dios. En el presente numeral se resumen, o más bien, se señalan las diversos caminos que llevan a este encuentro, los distintos agentes que toman parte, las nuevas circunstancias que intervienen en la evangelización.

No es que cambie el mensaje, -es el mismo: Jesucristo, enviado por el Padre con la fuerza del Espíritu Santo, abre a los hombres las puertas de la salvación-, pero sí hay modos de actualizarlo para que sea mejor recibido, conocido y vivido. Y precisamente son estos elementos los que aquí vienen enumerados y que se concretizan en diversos aspectos: La animación bíblica de la pastoral, amor por la palabra de Dios y renovación de la catequesis; la renovación litúrgica, la centralidad de la Eucaristía, las manifestaciones de la piedad popular; el aprecio por los sacerdotes, la colaboración de los laicos; la abnegación de los misioneros y misioneras; los esfuerzos de renovación parroquial, las diversas comunidades, los movimientos; la doctrina Social de la Iglesia, las diversas iniciativas laicales… además de todo esto,  cada uno conocerá mejor el hacer y quehacer de su parroquia, en lo concreto de cada realidad, como todo conlleva y se encamina al encuentro con Jesucristo, o es una respuesta a este compromiso de seguirlo.

Estos son los caminos que se deben continuar en la Iglesia, han dado fruto y pueden dar mucho más. Más que comentar estos elementos positivos tendríamos que saber descubrirlos, promoverlos, apoyarlos y abrir nuestros ojos a tantas otras realidades que fructifican y que no están aquí señaladas.

El encuentro con Jesucristo vivo, es camino de conversión, comunión y solidaridad.

mayo 19, 2008 Posted by | IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Las lecturas para este Domingo, Solemnidad de la Santísima Trinidad, son las siguientes: Ex 34,4-6.8-9; Dn 3 (Como salmo responsorial);2 Co 13,11-13, Jn 3,16-18

Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso”. La primera lectura nos muestra el momento el que Moisés sube al monte por segunda vez, después que el pueblo se había hecho un becerro de oro, Moisés se encoleriza por la condescendencia de Aarón, y tira por tierra las tablas de la Alianza. En esta nueva ocasión, vuelve a entablar el diálogo con Dios, e intercede por el pueblo, y pide a Dios que perdone y acompañe a su pueblo. Será la renovación de la  alianza. Dios responderá de nuevo mostrando su misericordia, su compasión, su predilección por su pueblo escogido. En esta etapa del Antiguo Testamento, Dios habla a su pueblo a través de su mediador: Moisés.

A ti gloria y alabanza por los siglos” Normalmente siempre tenemos un salmo que continúa el sentido de la primera lectura. En cambio, hoy se nos presentan unos versículos del libro de Daniel, que recogen “el cántico de los tres jóvenes” que fueron salvados del horno encendido al que fueron condenados por no adorar la estatua de oro que el rey había ordenado. Prefirieron  la ayuda de Dios a complacer al rey. Y el Señor les libró del fuego y ellos entonan un canto de alabanza.

“La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo”. Los últimos tres versículos de la segunda carta a los corintios, que es la despedida que hace el Apóstol, nos hablan  de la fiesta de hoy. “Estén alegres”, “trabajen por su perfección”, “tengan un mismo sentir”, “vivan en paz”, son palabras que condensan el mensaje apostólico y son un programa de vida para todo cristiano. Y termina con una doxología, es decir, una alabanza a la Santísima Trinidad: “La gracia de Jesucristo”, “el amor de Dios” y “la comunión del Espíritu Santo”. Para cualquiera de nosotros es muy familiar estos versículos, los escuchamos cada vez que participamos de la Santa Misa, y tendríamos  que aprender a decir estas palabras con un sentido reverencial y de adoración. Desde los primeros cristianos esta alabanza a la Santísima Trinidad ha sido ininterrumpida.

“Dios mandó a su Hijo al mundo, para que se salve por Él”. El año litúrgico es un camino para profundizar en nuestra fe, para entrar en la comunión con Dios. Si el domingo pasado celebrábamos Pentecostés, como conclusión de la gran  solemnidad de la Resurrección del Señor, ahora nos dirigimos a las tres divinas Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre envía a su Hijo para salvar a todos los hombres, esta salvación encuentra su punto culmen en la Pascua del Señor, en su Pasión, Muerte y Resurrección. Una vez que Cristo ha recibido la glorificación envía al Espíritu Santo, como el Paráclito, el que es abogado de los creyentes, el que hace presente la obra salvadora de Jesucristo en el tiempo, el tiempo de la Iglesia.

Conclusión: Dios mandó a su Hijo al mundo para salvarlo. La Iglesia existe para  anunciarlo, para llevar la salvación, para hacer presente al Señor. Por eso no puede dejar de invitarnos a la conversión. Y quien no crea, simplemente no puede entrar en comunión de Amor  del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Fruto de la comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es la comunión entre los hombres. Profesar esta fe –la fe verdadera- nos impulsa a buscar y fomentar la comunión, comenzando por la familia.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén!

 

mayo 18, 2008 Posted by | LITURGIA | , , , , | Deja un comentario