Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 382-386

8.1 Reino de Dios, justicia social y caridad cristiana

382. “El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15). La voz del Señor nos sigue llamando como discípulos misioneros y nos interpela a orientar toda nuestra vida desde la realidad transformadora del Reino de Dios que se hace presente en Jesús. Acogemos con mucha alegría esta buena noticia. Dios amor es Padre de todos los hombres y mujeres de todos los pueblos y razas. Jesucristo es el Reino de Dios que procura desplegar toda su fuerza transformadora en nuestra Iglesia y en nuestras sociedades. En Él, Dios nos ha elegido para que seamos sus hijos con el mismo origen y destino, con la misma dignidad, con los mismos derechos y deberes vividos en el mandamiento supremo del amor. El Espíritu ha puesto este germen del Reino en nuestro Bautismo y lo hace crecer por la gracia de la conversión permanente gracias a la Palabra y los sacramentos.

383. Señales evidentes de la presencia del Reino son: la vivencia personal y comunitaria de las bienaventuranzas, la evangelización de los pobres, el conocimiento y cumplimiento de la voluntad del Padre, el martirio por la fe, el acceso de todos a los bienes de la creación, el perdón mutuo, sincero y fraterno, aceptando y respetando la riqueza de la pluralidad, y la lucha para no sucumbir a la tentación y no ser esclavos del mal.

384. Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano. El amor de misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia, requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los ámbitos nacionales e internacionales. Urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales.

385. La misericordia siempre será necesaria, pero no debe contribuir a crear círculos viciosos que sean funcionales a un sistema económico inicuo. Se requiere que las obras de misericordia estén acompañas por la búsqueda de una verdadera justicia social, que vaya elevando el nivel de vida de los ciudadanos, promoviéndolos comos sujetos de su propio desarrollo. En su Encíclica Deus Caritas est, el Papa Benedicto XVI ha tratado con claridad inspiradora la compleja relación entre justicia y caridad. Allí nos dice que “el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política” y no de la Iglesia. Pero la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. Ella colabora purificando la razón de todos aquellos elementos que la ofuscan e impiden la realización de una liberación integral. También es tarea de la Iglesia ayudar con la predicación, la catequesis, la denuncia, y el testimonio del amor y de justicia, para que se despierten en la sociedad las fuerzas espirituales necesarias y se desarrollen los valores sociales. Sólo así las estructuras serán realmente más justas, podrán ser eficaces y sostenerse en el tiempo. Sin valores no hay futuro, y no habrá estructuras salvadoras, ya que en ellas siempre subyace la fragilidad humana.

386. La Iglesia tiene como misión propia y específica comunicar la vida de Jesucristo a todas las personas, anunciando la Palabra, administrando los Sacramentos y practicando la caridad. Es oportuno recordar que el amor se muestra en las obras más que en las palabras, y esto vale también para nuestras palabras en esta V Conferencia. No todo el que diga Señor, Señor… (cf. Mt 7,21). Los discípulos misioneros de Jesucristo tenemos la tarea prioritaria de dar testimonio del amor a Dios y al prójimo con obras concretas. Decía San Alberto Hurtado: “En nuestras obras, nuestro pueblo sabe que comprendemos su dolor”.

Noviembre 11, 2009 Publicado por Simeón Reyes | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Aún no hay comentarios

Comentario 380-381

El capítulo 8 que comentamos lleva por título: “Reino de Dios y promoción de la dignidad humana”. Cada vez comenzamos a concretizar algunos aspectos de la misión que son necesarios considerar a partir del Documento de Aparecida.

En la introducción leemos: “todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios”. Es por esto que a la luz del proyecto de Dios, Reino de Dios, aprendemos a valorar las diversas realidades que encontramos a nuestro alrededor o que son parte del nuestro vivir cotidiano.

Después de afirmar el compromiso por la vida, ahora se destacan “ámbitos, prioridades y tareas”  para la misión. En este capítulo vamos a encontrar temas como la dignidad humana, la opción preferencial por los pobres, globalización de la solidaridad, migrantes, enfermos, adictos…

Noviembre 8, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , | Aún no hay comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 380-381

CAPÍTULO 8 REINO DE DIOS Y PROMOCIÓN DE LA DIGNIDAD HUMANA

380. La misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño. La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia humana de la fe, que Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos. Por eso, todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios.

381. Procurando acercar la vida de Jesucristo como respuesta a los anhelos de nuestros pueblos, destacamos a continuación algunos grandes ámbitos, prioridades y tareas para la misión de los discípulos de Jesucristo en el hoy de América Latina y de El Caribe.

Octubre 29, 2009 Publicado por Simeón Reyes | FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , | Aún no hay comentarios

Comentario n. 373-379

Cuando hablamos de misión distinguimos dos grandes partes: la misión ad intra y la misión ad gentes.

Con la misión ad intra nos referimos a la misión que se realiza de modo ordinario en los lugares donde la Iglesia se ha radicado. Sería aquellas situaciones donde hay una  estructura  bien definida: Las diócesis, las parroquias, los ordinariatos. Es la tarea permanente de evangelización o “nueva evangelización”  para todos aquellos que viven la fe cristiana. Es como acompañar a la madurez de la fe de los cristianos y enseñarla a las nuevas generaciones. Es quizá la realidad que nos hemos encontrado aquellos que hemos vivido en una comunidad parroquial.

En cambio, con la misión ad gentes, se refiere a un tipo específico de tarea evangelizadora: anunciar por primera vez a Jesucristo a aquellos que aún no le conocen, o no han escuchado hablar de Él. Aquí nos viene a la mente la figura del “misionero”: de quien está dispuesta a ir allá donde hayan hombres que aún no conocen la fe cristiana. Se trata de un comienzo de la Iglesia en estos lugares.

En dos mil años de cristianismo nos damos cuenta que la misión ad gentes es aún una realidad actual y urgente: La Iglesia no puede renunciar a su misión, a su tarea , a su naturaleza misionera. Los misioneros no tienen asegurado el éxito en la misión. Sabemos que las dificultades son de diversa índole, algunas veces, las mismas autoridades civiles no reconocen el derecho a la libertad religiosa. Muchos son los misioneros que se juegan la vida por Jesucristo en la actualidad, quizá no nos enteramos porque no viene dicho en ningún periódico de nuestros países, pero es la realidad.

América Latina tiene madurar esta conciencia misionera. Nuestras comunidades tienen sentir el ardor misionero.

Octubre 23, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL, MISIÓN | , , , , , , , , | Aún no hay comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 373-379

7.3 Nuestro compromiso con la misión ad gentes

373. Conscientes y agradecidos porque el Padre amó tanto al mundo que envió a su Hijo para salvarlo (cf. Jn 3, 16), queremos ser continuadores de su misión, ya que ésta es la razón de ser de la Iglesia y que define su identidad más profunda.

374. Como discípulos misioneros, queremos que el influjo de Cristo llegue hasta los confines de la tierra. Descubrimos la presencia del Espíritu Santo en tierras de misión mediante signos:

a)         La presencia de los valores del Reino de Dios en las culturas, recreándolas desde dentro para transformar las situaciones antievangélicas.

b)         Los esfuerzos de hombres y mujeres que encuentran en sus creencias religiosas el impulso para su compromiso histórico.

c)         El nacimiento de la comunidad eclesial.

d)        El testimonio de personas y comunidades que anuncian a Jesucristo con la santidad de sus vidas.

375. Su Santidad Benedicto XVI ha confirmado que la misión ad gentes se abre a nuevas dimensiones: “El campo de la Misión ad gentes se ha ampliado notablemente y no se puede definir sólo basándose en consideraciones geográficas o jurídicas. En efecto, los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas sino también los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones”.

376. Al mismo tiempo, el mundo espera de nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña un compromiso más significativo con la misión universal en todos los Continentes. Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir “a la otra orilla”, aquélla en la que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente.

377. Los discípulos, quienes por esencia somos misioneros en virtud del Bautismo y la Confirmación, nos formamos con un corazón universal, abierto a todas las culturas y a todas las verdades, cultivando nuestra capacidad de contacto humano y de diálogo. Estamos dispuestos con la valentía que nos da el Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es aceptado, con nuestra vida, con nuestra acción, con nuestra profesión de fe y con su Palabra. Los emigrantes son igualmente discípulos y misioneros, y están llamados a ser una nueva semilla de evangelización, a ejemplo de tantos emigrantes y misioneros que trajeron la fe cristiana a nuestra América.

378. Queremos estimular a las iglesias locales para que apoyen y organicen los centros misioneros nacionales y actúen en estrecha colaboración con las Obras Misionales Pontificias y otras instancias eclesiales cooperantes, cuya importancia y dinamismo para la animación y la cooperación misionera reconocemos y agradecemos de corazón. Con ocasión de los cincuenta años de la encíclica Fidei Donum, agradecemos a Dios por los misioneros y misioneras que vinieron al Continente y a quienes hoy están presentes en él, dando testimonio del espíritu misionero de sus Iglesias locales al ser enviados por ellas.

379. Nuestro anhelo es que esta V Conferencia sea un estímulo para que muchos discípulos de nuestras Iglesias vayan y evangelicen en la “otra orilla”. La fe se fortifica dándola y es preciso que entremos en nuestro continente en una nueva primavera de la misión ad gentes. Somos Iglesias pobres, pero “debemos dar desde nuestra pobreza y desde la alegría de nuestra fe” y esto sin descargar en unos pocos enviados el compromiso que es de toda la comunidad cristiana. Nuestra capacidad de compartir nuestros dones espirituales, humanos y materiales con otras Iglesias, confirmará la autenticidad de nuestra nueva apertura misionera. Por ello, alentamos la participación en la celebración de los congresos misioneros.

Octubre 18, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Aún no hay comentarios

Comentario n. 370-372

Los cambios que pudieran darse  para que los cristianos respondan mejor a la vocación cristiana no son fines en sí mismos. Las nuevas líneas de acción a nivel diocesano o parroquial deben considerarse a la luz de la Nueva Evangelización.

Como dice el Documento, no se trata sólo de unas estrategias pastorales, sino de “fidelidad a la misión del Maestro”. En la escucha y meditación de su Palabra, en la respuesta como discípulos, en la apertura a su plan de salvación, en la  comunión  de fe  y en el testimonio constante de los valores del Reino es como  manifestamos vida de cristianos.

La fe recibida no puede quedar sólo en nosotros mismos. Debe ser comunicada, con convicción y alegría a las nuevas generaciones, debe impregnarse en la cultura que vivimos para sanar y purificar, para construir un mundo según la voluntad de Dios Padre, quien quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su voluntad.

Octubre 15, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Aún no hay comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 370-372

370. La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera.

371. El proyecto pastoral de la Diócesis, camino de pastoral orgánica, debe ser una respuesta consciente y eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy con “indicaciones programáticas concretas, objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura”. Los laicos deben participar del discernimiento, la toma de decisiones, la planificación y la ejecución. Este proyecto diocesano exige un seguimiento constante por parte del obispo, los sacerdotes y los agentes pastorales, con una actitud flexible que les permita mantenerse atentos a los reclamos de la realidad siempre cambiante.

372. Teniendo en cuenta las dimensiones de nuestras parroquias es aconsejable la sectorización en unidades territoriales más pequeñas, con equipos propios de animación y coordinación que permitan una mayor proximidad a las personas y grupos que viven en el territorio.

Es recomendable que los agentes misioneros promuevan la creación de comunidades de familias que fomenten la puesta en común de su fe cristiana y las respuestas a los problemas. Reconocemos como un fenómeno importante de nuestro tiempo la aparición y difusión de diversas formas de voluntariado misionero que se ocupan de una pluralidad de servicios. La Iglesia apoya las redes y programas de voluntariado nacional e internacional -que en muchos países, en el ámbito de las organizaciones de la sociedad civil, han surgido para el bien de los más pobres de nuestro continente -, a la luz de los principios de dignidad, subsidiariedad y solidaridad, en conformidad con la Doctrina Social de la Iglesia.

No se trata sólo de estrategias para procurar éxitos pastorales, sino de la fidelidad en la imitación del Maestro, siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comunicar vida en cada rincón de la tierra.

Octubre 12, 2009 Publicado por Simeón Reyes | DISCÍPULOS, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , | 2 comentarios

Comentario n. 365-369

A estas alturas del 2009 muchas personas han escuchado hablar de la Misión Continental. Recordemos que el Documento de Aparecida que estamos comentando es fruto de la V Conferencia del Episcopado Latinamericano (CELAM) reunido en mayo de 2007 en Brasil.

Muchos de los laicos que toman parte de nuestras parroquias  habrán escuchado, al obispo diocesano o al párroco, detalles de las tareas inmediatas de cara a la misión diocesana o parroquial.

Pero todavía queda mucha gente, pienso en los católicos que van a Misa, que quizá todavía siguen pregutándose: ¿Cuándo comenzarán con la Misión? Otros que van a la Iglesia para ocasiones especiales quizá comentarán: ¿Qué es eso de la Misión Continental?  ¿A dónde van a ir?

Yo me atrevería a decir que la Misión Continental no va a comenzar sino cuando cada uno de nosotros los bautizados, hombres y mujeres, casados o solteros, comience por reconocer que necesita de la conversión personal. Antes que esperar los frutos externos hay que trabajar la respueta personal. La Misión Continental plantea que cada bautizado, cada católico, se ponga en actitud de conversión, de escucha, de seguimiento de Jesucristo.

¿Cuándo comenzará la Misión? Cuando pongamos al centro de nuestra vida a Jesucristo: su Palabra  y sus sacramentos. Cuando aprendamos a vivir en comunión. Cuando descubramos que la Iglesia somos nosotros y Jesucristo en nuestra Cabeza. Cuando nuestra vida sea más acorde a la voluntad del Padre. Cuando vivamos como hombres y mujeres que han encontrado la Verdad que hace libres. Este es el camino de la Misión. La conversión personal. Solamente depués podremos esperar otros cambios.

Octubre 10, 2009 Publicado por Simeón Reyes | IGLESIA | , , , , , , | Aún no hay comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 365-369

7.2 Conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades

365. Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.

366. La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Ap 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta.

367. La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan naturalmente nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales.

368. La conversión de los pastores nos lleva también a vivir y promover una espiritualidad de comunión y participación, “proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades”. La conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo Maestro y Pastor. De allí nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas. Hoy más que nunca el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor (cf. Jn 13, 35).

369. Encontramos el modelo paradigmático de esta renovación comunitaria en las primitivas comunidades cristianas (cf. Hch 2, 42-47), que supieron ir buscando nuevas formas para evangelizar de acuerdo con las culturas y las circunstancias. Asimismo, nos motiva la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II, el camino sinodal en el postconcilio y las anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe. No olvidamos, que como nos asegura Jesús, “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20).

Octubre 5, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , | 1 comentario

Comentario n. 360-364

La misión de la Iglesia debe descubrir un sentido  más profundo de la vida humana para que ésta sea plena. Anunciar la vida nueva en Jesucristo supone afirmar que  “la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión”.

Tenemos que fijar nuestra mirada en Jesucristo. Muchas veces nos habló de la vida a través de las parábolas. Un lugar especial tiene aquella donde enseña que el grano de trigo para dar frutos tiene que morir. Pero tenemos que recordar que al centro del misterio cristiano se encuentra el Misterio Pascual: la pasión, muerte y resurrección del Señor. “Nadie me quita la vida, yo la entrego voluntariamente.”

Jesucristo ha enseñado a sus discípulos que  dando la vida es como se recibe. Los primeros discípulos  aprendieron a confiar. Dejaron las redes y se pusieron a caminar. Y solamente porque siguieron al Maestro hasta el final, recibieron el mandato de ir “hasta los confines del mundo”. Ellos  hubieran podido quedarse tranquilos con la vida que llevaban, hubieran podido continuar con sus trabajos que tenían. Pero fueron generosos con lo poco que tenían: se dispusieron a seguir a Jesucristo.

La misión supone una actitud de apertura ante la vida. Un discípulo de Jesucristo comprende que la vida tiene su fuente y origen en Dios Padre. Sabe que la vida la ha recibido como un don. Por tanto “mi vida”  es un don que he recibido. Mi vida encontrará plenitud si la pongo al servicio del Señor y al servicio de los hermanos. Esto es la Misión.

Septiembre 27, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Aún no hay comentarios