Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 365-369

7.2 Conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades

365. Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.

366. La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Ap 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta.

367. La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan naturalmente nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales.

368. La conversión de los pastores nos lleva también a vivir y promover una espiritualidad de comunión y participación, “proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades”. La conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo Maestro y Pastor. De allí nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas. Hoy más que nunca el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor (cf. Jn 13, 35).

369. Encontramos el modelo paradigmático de esta renovación comunitaria en las primitivas comunidades cristianas (cf. Hch 2, 42-47), que supieron ir buscando nuevas formas para evangelizar de acuerdo con las culturas y las circunstancias. Asimismo, nos motiva la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II, el camino sinodal en el postconcilio y las anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe. No olvidamos, que como nos asegura Jesús, “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20).

octubre 5, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , | 4 comentarios

Comentario n. 304-306

Al considerar los lugares de formación de los discípulos de Jesucristo, aparece en primer lugar la familia, como lugar natural de la transmisión de la fe. Esto ha sido durante muchos años el lugar donde hemos tenido la primera formación cristiana. No puede ser de otro modo, la familia tiene una misión insustituible.

En segundo lugar tenemos la parroquia, como complemento, desarrollo, maduración y fortalecimiento de la fe. La parroquia es una estructura territorial, comprende a los católicos de un determinado lugar, pero está abierta a todos, puesto que la Iglesia no tiene fronteras.

La parroquia pone de relieve la dimensión comunitaria de la fe. Cuántas veces hemos escuchado que Dios no ha querido salvar a los hombres de modo individual, sino que escogió un pueblo, para que por medio de él, todos los hombres puedan llevar a las fuentes de la vida. Una persona que profundiza en su fe, sabe que la fe la hemos recibido en una comunidad. Como recuerda el Catecismo: yo puede decir creo, porque hay una comunidad que dice creemos.

La fe que hemos recibido nos libra de la presunción de inventarnos una religión a nuestra manera, a nuestro gusto, o según nuestros intereses. Es muy fácil querer encerrar la Palabra de Dios según nuestras categorías de pensamiento.  Por otra parte, desde que el pecado original hizo su entrada en el mundo, en cada persona, el hombre no sólo se aleja de Dios, sino que también se aleja de los demás y de sí mismo. A veces algunos se justifican diciendo: “yo no necesito ir a la Iglesia”, “yo rezo solo en mi casa”, “yo tengo la conciencia tranquila” y muchas cosas más que son expresión de no vivir  la auténtica fe cristiana.

Es verdad que a veces las parroquias, por su extensión o por diversas circunstancias, no se llega a tener una auténtica vida comunitaria. Pero en la actualidad, junto a  la forma tradicional de vivir la parroquia, hay nuevas y variadas expresiones de comunión. Es necesario que todos pudiéramos experimentar nuestra parroquia como extensión de nuestra familia. Es que la Iglesia es la familia de Dios, formamos un solo Cuerpo y Cristo es la Cabeza. Por esto se insiste en vivir la Eucaristía del domingo como “encuentro de las comunidades con el Señor Resucitado“. Considero que quien crecido en un ambiente de parroquia no se siente solo, sino que siente el apoyo real de sus hermanos en la fe. Vivir en comunidad es reconocer que yo también soy responsable de los demás, que no puedo ser indiferente a mis hermanos, y que puedo contar con ellos.

El Bautismo es la entrada en la comunidad de los creyentes; la Confirmación es recibir la fuerza del Espíritu Santo para ser testigos de Jesucristo tomando parte en su misión y la Eucaristía es Cristo quien se dona a sí mismo para hacer una comunidad nueva principio de una nueva humanidad. En la Reconciliación Dios Padre nos perdona por los méritos de su Hijo, para que también nosotros seamos capaces de perdonar  los demás. El Matrimonio supone tomar parte en la misión como padres o madres siendo responsables de la educación cristiana de los hijos. El Sacerdocio, configura a Cristo para servir a toda la comunidad. Y finalmente, la Unción de los enfermos nos une a Cristo quien en la Cruz se ofrece por la salvación de todos. Todo esto no se pude vivir sin reconocer la dimensión comunitaria de la fe.

El reto que se presenta a toda parroquia es: para llegar a ser centros de irradiación cristiana se tiene que fomentar la formación de sus miembros. Este principio debe guiar todo el quehacer pastoral en nuestras parroquias.

marzo 27, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, DOCUMENTO DE APARECIDA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 289-294

6.3.2 Propuestas para la iniciación cristiana

289. Sentimos la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la vida cristiana que comience por el kerygma y, guiado por la Palabra de Dios, que conduzca un encuentro personal cada vez mayor con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre experimentado como plenitud de la humanidad, y que lleve a la conversión, al seguimiento en una comunidad eclesial y a una maduración de fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y la misión.

290. Recordamos que el itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de la Iglesia “tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos”. Se trata de una experiencia que introduce en una profunda y feliz celebración de los sacramentos, con toda la riqueza de sus signos. De este modo, la vida se va transformando progresivamente por los santos misterios que se celebran, capacitando al creyente para transformar el mundo. Esto es lo que se llama “catequesis mistagógica”.

291. Ser discípulo es un don destinado a crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida. Es necesario asumir la dinámica catequética de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral.

292. Como rasgos del discípulo al que apunta la iniciación cristiana destacamos: que tenga como centro la persona de Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda madurez humana y cristiana. Que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra, practique la confesión frecuente y participe de la Eucaristía. Que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social, sea solidario en el amor y fervoroso misionero.

293. La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que habiendo escuchado el kerygma quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro.

294. Asumir esta iniciación cristiana exige no sólo una renovación de modalidad catequística de la parroquia. Proponemos que el proceso catequístico formativo adoptado por la Iglesia para la iniciación cristiana sea asumido en todo el Continente como la manera ordinaria e indispensable de introducir en la vida cristiana, y como la catequesis básica y fundamental. Después vendrá la catequesis permanente que continúa el proceso de maduración en la fe, en la que se debe incorporar un discernimiento vocacional y la iluminación para proyectos personales de vida.

marzo 3, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA | , , , , , , | 1 comentario

Comentario n. 201-204

Ahora nuestra atención se dirige a los párrocos como ‘animadores de la comunidad de discípulos y misioneros’. El párroco es un presbítero que ha recibido del obispo el encargo de la cura pastoral de una parroquia. Quien haya participado alguna vez en la ‘toma de posesión’ de una parroquia habrá visto unos ‘ritos propios’ de significan las tareas propias del párroco. Todo eso se traduce en una atención pastoral a los fieles que viven en aquel territorio, al mismo tiempo en el anuncio constante del Evangelio a quienes aún no profesan la fe cristiana, e ir  en busca de los católicos que han dejado su práctica cristiana. De este modo, el párroco lleva sobre sí la atención espiritual de la comunidad.

Quizá convenga hacer una aclaración antes de continuar: ‘No todos los presbíteros son párrocos’. Los sacerdotes que pertenecen a las diversas congregaciones religiosas, ellos están a tiempo completo al servicio de su congregación según el carisma propio, aunque algunas veces el obispo diocesano les pide su colaboración en parroquias. Otros sacerdotes, los recién ordenados, o los muy ancianos, o quien se vea limitado por enfermedad… normalmente colaboran con el párroco como ‘vicarios parroquiales’.

Algunos numerales anteriores nos han presentado la necesidad de una ‘renovación misionera de la parroquia’. Para que esto pueda llevarse a cabo se necesita un ‘cambio de mentalidad’, o ‘nuevas actitudes’. En primer lugar del párroco, y luego de los laicos que forman la parroquia, en definitiva, de todos. Cada uno desde su lugar y responsabilidad.

La primera exigencia del párroco: que sea un auténtico discípulo y al mismo tiempo un ardoroso misionero, una entrega generosa. Estas actitudes vitales están a la base de la renovación parroquial. Pero no es suficiente. Tengamos presente a nuestros párrocos en la oración de cada día, y manifestemos nuestra sincera disponibilidad para colaborar.

Es necesario que los laicos se sientan y sean ‘corresponsables’ de la formación de los discípulos misioneros. Pasar de una actitud pasiva a una activa, con más protagonismo. Un laico no es sólo un bautizado que siempre debe esperar que le den las cosas resueltas. Quien haya recibido un poco de formación, debe estar dispuesto a crecer más. Suscitar el interés personal por crecer en el conocimiento de la fe. Si conozco mi fe estoy en disposición de vivirla, si la vivo-testimonio estoy en camino de transmitirla a los demás. “Me diste cinco talentos… aquí están otros cinco”. Una herramienta básica: El Catecismo de la Iglesia Católica, o el Compendio del Catecismo, o los materiales que se preparan en las parroquias.

Se necesita ‘imaginación’ para encontrar respuestas a los nuevos desafíos, y junto a esto mucha disponibilidad de los laicos, de colaboradores dispuestos a trabajar en un único proyecto evangelizador. Y no se puede ignorar el lugar fundamental que tiene la familia en esta nueva perspectiva. De allí debe arrancar la nueva convicción. Laicos, hombres y mujeres, padres y madres que estén dispuesto a vivir su ‘vocación familiar’: los padres son los primeros transmisores de la fe a sus hijos, enseñándoles a través del ejemplo y la palabra a ser verdaderos discípulos misioneros. ¿Cómo se hace esto? Aquí tienen un reto. Cuando este espíritu se viva en las familias podrá vislumbrarse también a su alrededor. La familia animada por la parroquia y la parroquia apoyada por la familia. Un gran reto, una gran propuesta, un desafío.

agosto 29, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 201-204

5.3.2.2 Los párrocos, animadores de una comunidad de discípulos misioneros

201. La renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración.

202. Pero, sin duda, no basta la entrega generosa del sacerdote y de las comunidades de religiosos. Se requiere que todos los laicos se sientan corresponsables en la formación de los discípulos y en la misión. Esto supone que los párrocos sean promotores y animadores de la diversidad misionera y que dediquen tiempo generosamente al sacramento de la reconciliación. Una parroquia renovada multiplica las personas que prestan servicios y acrecienta los ministerios. Igualmente, en este campo se requiere imaginación para encontrar respuesta a los muchos y siempre cambiantes desafíos que plantea la realidad, exigiendo nuevos servicios y ministerios. La integración de todos ellos en la unidad de un único proyecto evangelizador es esencial para asegurar una comunión misionera.

203. Una parroquia, comunidad de discípulos misioneros, requiere organismos que superen cualquier clase de burocracia. Los Consejos Pastorales Parroquiales tendrán que estar formados por discípulos misioneros constantemente preocupados por llegar a todos. El Consejo de Asuntos Económicos, junto a toda la comunidad parroquial, trabajará para obtener los recursos necesarios, de manera que la misión avance y se haga realidad en todos los ambientes. Estos y todos los organismos han de estar animados por una espiritualidad de comunión misionera: “Sin este camino espiritual de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento”.

204. Dentro del territorio parroquial, la familia cristiana es la primera y más básica comunidad eclesial. En ella se viven y se transmiten los valores fundamentales de la vida cristiana. Se le llama “Iglesia Doméstica”. Allí los padres son los primeros transmisores de la fe a sus hijos, enseñándoles a través del ejemplo y la palabra a ser verdaderos discípulos misioneros. Al mismo tiempo, cuando esta experiencia de discipulado misionero es auténtica, “una familia se hace evangelizadora de muchas otras familias y del ambiente en que ella vive”. Esto opera en la vida diaria “dentro y a través de los hechos, las dificultades, los acontecimientos de la existencia de cada día”. El Espíritu, que todo lo hace nuevo, actúa aun dentro de situaciones irregulares en las que se realiza un proceso de transmisión de la fe, pero hemos de reconocer que, en las actuales circunstancias, a veces este proceso se encuentra con bastantes dificultades. La Parroquia no se propone llegar sólo a sujetos aislados, sino a la vida de todas las familias, para fortalecer su dimensión misionera.

agosto 27, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 178-180

Después de exponer el lugar y la misión de la parroquia en el camino de formación de los “discípulos misioneros”, y después de definir la parroquia como “comunidad de comunidades” ahora nos presenta un tipo de esas comunidades: “las Comunidades Eclesiales de Base” (CEBs), que en América Latina han “ayudado a formar cristianos comprometidos con su fe”.

Probablemente algunos han escuchado hablar de las Comunidades Eclesiales de Base en un sentido negativo, como algo que está fuera de la comunión eclesial, o se les suele aplicar “etiquetas” que brotan de su desconocimiento. Hace más de cuarenta años se reconoció su importancia –en Medellín– como una “célula inicial”, más tarde –Puebla– habló de los frutos que habían aportado, aunque también señaló los errores de alguno de sus miembros al salirse de la comunión eclesial.

¿En qué se fundan las CEBs?, ¿Cuál es su inspiración?, ¿A qué responden? “Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los apóstoles. ¿Van por su cuenta? No pues ellas tienen la Palabra de Dios como fuente de su espiritualidad y la orientación de sus Pastores como guía que asegura la comunión eclesial”. Quien lee Hechos de los Apóstoles y medita la vida de aquellos primeros cristianos, se da cuenta que “eran asiduos a la oración, a la enseñanza de los apóstoles, a la fracción del pan y a la convivencia”, “cada día se reunían en el templo y partían el pan en sus casas”, “tenían un solo corazón y una sola alma”… todo esto lleva plantearse la vida cristiana de un modo más profundo. La Eucaristía del Domingo es esencial, y un día a la semana se reúnen para reflexionar la Palabra de Dios. En la medida que se conoce la Palabra se invita a vivir y actuar en consecuencia. Y así como entre los primeros cristianos había temor de dar la vida por el Señor, así muchos de los miembros de estas comunidades han llegado hasta derramar la sangre por el Señor.

A este breve esquema inicial, hay que añadir la diversidad de situaciones en que se han desarrollado las CEBs. No se trata de un esquema rígido, la meta es vivir mejor la vida cristiana. Hay parroquias donde han dado más frutos que en otras; de un país a otro pueden tener diferencias grandes. Algunos han preparado materiales que ayudan a orientar el trabajo e insertarlos en el quehacer parroquial o diocesano. Recordemos que todo esto tiene lugar dentro de la comunión eclesial, sólo así pueden dar frutos y enriquecer a la Iglesia. Del conocimiento de la Palabra de Dios se pasa al conocimiento del Magisterio de la Iglesia, auténtico intérprete de la Palabra divina. Quien esté interesado en conocer un poco más, puedo dejar un material para descargarlo.

Junto a las CEBs hay otras “Pequeñas Comunidades” que dependen directamente del trabajo pastoral parroquial. Son aquellas comunidades que surgen de la misión en los diversos sectores de la parroquia, se reúnen semanalmente, hay coordinadores que preparan las catequesis bajo la guía del párroco. Con el tiempo los miembros de las comunidades realizan diversos ministerios laicales en la propia parroquia. De este modo nos encontramos “pequeñas comunidades” de adultos, de jóvenes, de matrimonios…

En lo personal, he participado durante muchos años en la “pequeña comunidad” de mi barrio en mi parroquia, y puedo asegurar que me ayudó a crecer en la fe.

agosto 2, 2008 Posted by | IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 174-177

Al considerar que estamos al inicio de un nuevo milenio, es posible plantearnos que  quienes formamos parte de la Iglesia podemos dejar una herencia espiritual única a los que vendrán después de nosotros, si sabemos vivir con convicción nuestra fe cristiana.

Durante el primer milenio se pudo vivir la unidad en la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente; lastimosamente el segundo milenio deja muchas heridas a la comunión en la fe y los sacramentos, pero también fue un tiempo de grandes misiones, y la fe cristiana llegó a nuestras tierras. Ahora nos corresponde  consolidar y transmitir el mejor testimonio de fe cristiana, viviendo como discípulos y misioneros del Señor.

En este camino de misión la parroquia ocupa un lugar importante. El reto que se plantea es el siguiente: la convocatoria y  la formación de laicos misioneros”. Como en otros momentos se ha señalado, el Documento de Aparecida hace énfasis en la misión de todos los bautizados, y de un modo particular en aquella gran mayoría formada por los “fieles laicos”.

“Convocar” y “formar” a los laicos para que se conviertan en misioneros. En nuestras parroquias son muchos los laicos que están dispuestos a tomar un camino de formación, algunas veces ellos mismos lo exigen. Sin embargo hay otros que “brillan” por su ausencia, han hecho una “ruptura” de su vida cristiana y su vida social.

Cuando haya muchos laicos “formados” dispuestos a dar razón de su fe porque la conocen, la aman  y la viven entonces las realidades temporales podrán cambiar desde dentro.

Necesitamos tomar conciencia de una “Evangelización integral”: que nos lleve presentar la fe en toda su amplitud para que sea “fermento” de una nueva sociedad. A partir de la Palabra y la Eucaristía, de los sacramentos de que nos comunican la vida divina, es posible emprender un camino misionero, que pasa por la conversión permanente.

julio 31, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 174-177

174. Los mejores esfuerzos de las parroquias, en este inicio del tercer milenio, deben estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros. Solamente a través de la multiplicación de ellos podremos llegar a responder a las exigencias misioneras del momento actual.

También es importante recordar que el campo específico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación, la vida profesional, sobre todo en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos.

175. Siguiendo el ejemplo de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 2, 46-47), la comunidad parroquial se reúne para partir el pan de la Palabra y de la Eucaristía y perseverar en la catequesis, en la vida sacramental y la práctica de la caridad. En la celebración eucarística, ella renueva su vida en Cristo. La Eucaristía, en la cual se fortalece la comunidad de los discípulos, es para la Parroquia una escuela de vida cristiana. En ella, juntamente con la adoración eucarística y con la práctica del sacramento de la reconciliación para acercarse dignamente a comulgar, se preparan sus miembros en orden a dar frutos permanentes de caridad, reconciliación y justicia para la vida del mundo.

a) La Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, hace que nuestras parroquias sean siempre comunidades eucarísticas que viven sacramentalmente el encuentro con Cristo Salvador. Ellas también celebran con alegría:

b) En el Bautismo: la incorporación de un nuevo miembro a Cristo y a su cuerpo que es la Iglesia.

c) En la Confirmación: la perfección del carácter bautismal y el fortalecimiento de la pertenencia eclesial y de la madurez apostólica.

d) En la Penitencia o Reconciliación: la conversión que todos necesitamos para combatir el pecado, que nos hace incoherentes con los compromisos bautismales.

e) En la Unción de los Enfermos: el sentido evangélico de los miembros de la comunidad, seriamente enfermos o en peligro de muerte.

f) En el sacramento del Orden: el don del ministerio apostólico que sigue ejerciéndose en la Iglesia para el servicio pastoral de todos los fieles.

g) En el Matrimonio: el amor esponsal que como gracia de Dios germina y crece hasta la madurez haciendo efectiva en la vida cotidiana la donación total que mutuamente se hicieron al casarse.

176. La Eucaristía, signo de la unidad con todos, que prolonga y hace presente el misterio del Hijo de Dios hecho hombre (cf. Fil 2,6-8), nos plantea la exigencia de una evangelización integral. La inmensa mayoría de los católicos de nuestro continente viven bajo el flagelo de la pobreza. Esta tiene diversas expresiones: económica, física, espiritual, moral, etc.

Si Jesús vino para que todos tengamos vida en plenitud, la parroquia tiene la hermosa ocasión de responder a las grandes necesidades de nuestros pueblos. Para ello, tiene que seguir el camino de Jesús y llegar a ser buena samaritana como Él. Cada parroquia debe llegar a concretar en signos solidarios su compromiso social en los diversos medios en que ella se mueve, con toda “la imaginación de la caridad”. No puede ser ajena a los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente y que, con mucha frecuencia, son pobrezas escondidas.

Toda auténtica misión unifica la preocupación por la dimensión trascendente del ser humano y por todas sus necesidades concretas, para que todos alcancen la plenitud que Jesucristo ofrece.

177. Benedicto XVI nos recuerda que “el amor a la Eucaristía lleva también a apreciar cada vez más el Sacramento de la Reconciliación”. Vivimos en una cultura marcada por un fuerte relativismo y una pérdida del sentido del pecado que nos lleva a olvidar la necesidad del sacramento de la Reconciliación para acercarnos dignamente a recibir la Eucaristía.

Como pastores, estamos llamados a fomentar la confesión frecuente. Invitamos a nuestros presbíteros a dedicar tiempo suficiente para ofrecer el sacramento de la reconciliación con celo pastoral y entrañas de misericordia, a preparar dignamente los lugares de la celebración, de manera que sean expresión del significado de este sacramento.

Igualmente, pedimos a nuestros fieles valorar este regalo maravilloso de Dios y acercarse a él para renovar la gracia bautismal y vivir, con mayor autenticidad, la llamada de Jesús a ser sus discípulos y misioneros. Nosotros, obispos y presbíteros, ministros de la reconciliación, estamos llamados a vivir, de manera particular, la intimidad con el Maestro. Somos conscientes de nuestra debilidad y de la necesidad de ser purificados por la gracia del sacramento, que se nos ofrece para identificarnos cada vez más con Cristo, Buen Pastor y misionero del Padre. A la vez, con plena disponibilidad, tenemos la alegría de ser ministros de la reconciliación, también nosotros hemos de acercarnos frecuentemente, en un camino penitencial, al Sacramento de la Reconciliación.

julio 26, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | 4 comentarios

Comentario n. 170-173

La parroquia: Comunidad de comunidades. Aquí se recoge una definición de parroquia presentada en un documento anterior, y que concibe la parroquia, más que como un determinado territorio, como una “Comunidad” que a su vez está formada por “diversas comunidades”.

La comunión, de la que hemos hablado en números anteriores, tiene otro modo de concretizarse: en la vida parroquial. Es fácil descubrir como en las parroquias hay diversidad de “comunidades”, en unas más que otras, pero todas con un mismo fin: llevarnos a la vivencia de fe cristiana. Nos referimos a los diversos grupos parroquiales, pastorales, ministerios, comunidades, movimientos, asociaciones, institutos… presentes en la parroquia. Uno que vive dentro de la parroquia habrá experimentado dificultades para coordinar el trabajo con estas diferentes realidades; algunas veces es palpable cierta rivalidad o crítica de unos con otros, -que en el fondo se deriva de la falta de conversión-  pero se trata se superar todo esto para ver el desafío que tenemos todos por delante: “ser responsables de la evangelización de los hombres y mujeres en sus ambientes”.

La comunidad parroquial tiene una singular importancia: “en ella viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo”. Es importante  dar el lugar que tiene la parroquia, que de modo especial se visualiza en Domingo, donde la gran comunidad escucha al Señor y celebra su memorial.  Superar también dentro de la Iglesia nuestros particularismos: antes que pertenecer a tal o cual comunidad o movimiento somos una única Iglesia, redimida con la sangre de Jesucristo.

Una llamada de los obispos reunidos en Aparecida va en este sentido: impulsar la “renovación misionera de las parroquias” para conseguir que: que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión. Conseguir esto no es tarea fácil. Cada uno se aferra a sus propias convicciones. En lo personal creo que vale la pena aceptar este reto, y a esto se dirige el blog –conocer el texto de Aparecida y ofrecer algunos comentarios- insistir “con ocasión o sin ella” –como dice san Pablo- sobre esta urgencia pastoral: que todos los bautizados nos sintamos y lo seamos, en la medida de nuestras capacidades, “discípulos y misioneros” de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida.  

 

 

 

julio 21, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 170-173

5.2.2 La Parroquia, comunidad de comunidades

170. Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias. Ellas son células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión.

Uno de los anhelos más grandes que se ha expresado en las Iglesias de América Latina y El Caribe, con motivo de la preparación de la V Conferencia General, es el de una valiente acción renovadora de las Parroquias a fin de que sean de verdad “espacios de la iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y supraparroquiales y a las realidades circundantes”.

171. Todos los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la evangelización de los hombres y mujeres en cada ambiente. El Espíritu Santo, que actúa en Jesucristo, es también enviado a todos en cuanto miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés (cf. Hch 2, 1-13).

172. La renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión.

Desde la parroquia, hay que anunciar lo que Jesucristo “hizo y enseñó” (Hch 1, 1) mientras estuvo con nosotros. Su Persona y su obra son la buena noticia de salvación anunciada por los ministros y testigos de la Palabra que el Espíritu suscita e inspira. La Palabra acogida es salvífica y reveladora del misterio de Dios y de su voluntad. Toda parroquia está llamada a ser el espacio donde se recibe y acoge la Palabra, se celebra y se expresa en la adoración del Cuerpo de Cristo, y, así, es la fuente dinámica del discipulado misionero. Su propia renovación exige que se deje iluminar siempre de nuevo por la Palabra viva y eficaz.

173. La V Conferencia General es una oportunidad para que todas nuestras parroquias se vuelvan misioneras. Es limitado el número de católicos que llegan a nuestra celebración dominical; es inmenso el número de los alejados, así como el de los que no conocen a Cristo.

La renovación misionera de las parroquias se impone tanto en la evangelización de las grandes ciudades como del mundo rural de nuestro continente, que nos está exigiendo imaginación y creatividad para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo. Particularmente, en el mundo urbano, se plantea la creación de nuevas estructuras pastorales, puesto que muchas de ellas nacieron en otras épocas para responder a las necesidades del ámbito rural.

julio 19, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | 3 comentarios