Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 360-364

La misión de la Iglesia debe descubrir un sentido  más profundo de la vida humana para que ésta sea plena. Anunciar la vida nueva en Jesucristo supone afirmar que  “la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión”.

Tenemos que fijar nuestra mirada en Jesucristo. Muchas veces nos habló de la vida a través de las parábolas. Un lugar especial tiene aquella donde enseña que el grano de trigo para dar frutos tiene que morir. Pero tenemos que recordar que al centro del misterio cristiano se encuentra el Misterio Pascual: la pasión, muerte y resurrección del Señor. “Nadie me quita la vida, yo la entrego voluntariamente.”

Jesucristo ha enseñado a sus discípulos que  dando la vida es como se recibe. Los primeros discípulos  aprendieron a confiar. Dejaron las redes y se pusieron a caminar. Y solamente porque siguieron al Maestro hasta el final, recibieron el mandato de ir “hasta los confines del mundo”. Ellos  hubieran podido quedarse tranquilos con la vida que llevaban, hubieran podido continuar con sus trabajos que tenían. Pero fueron generosos con lo poco que tenían: se dispusieron a seguir a Jesucristo.

La misión supone una actitud de apertura ante la vida. Un discípulo de Jesucristo comprende que la vida tiene su fuente y origen en Dios Padre. Sabe que la vida la ha recibido como un don. Por tanto “mi vida”  es un don que he recibido. Mi vida encontrará plenitud si la pongo al servicio del Señor y al servicio de los hermanos. Esto es la Misión.

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septiembre 27, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 360-364

7.1.4 Una misión para comunicar vida

360. La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. El Evangelio nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia vida atenta contra la calidad humana y cristiana de esa misma vida. Se vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo: “Quien aprecie su vida terrena, la perderá” (Jn 12, 25). Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión.

361. El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre. Por eso pide a sus discípulos: “¡Proclamen que está llegando el Reino de los cielos!” (Mt 10, 7). Se trata del Reino de la vida. Porque la propuesta de Jesucristo a nuestros pueblos, el contenido fundamental de esta misión, es la oferta de una vida plena para todos. Por eso la doctrina, las normas, las orientaciones éticas, y toda la actividad misionera de la Iglesia, debe dejar transparentar esta atractiva oferta de una vida más digna, en Cristo, para cada hombre y para cada mujer de América Latina y de El Caribe.

362. Asumimos el compromiso de una gran misión en todo el Continente, que nos exigirá profundizar y enriquecer todas las razones y motivaciones que permitan convertir a cada creyente en un discípulo misionero. Necesitamos desarrollar la dimensión misionera de la vida en Cristo. La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del Continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo. Esperamos un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación al ambiente; una venida del Espíritu que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza. Por eso se volverá imperioso asegurar cálidos espacios de oración comunitaria que alimenten el fuego de un ardor incontenible y hagan posible un atractivo testimonio de unidad “para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

363. La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad misionera. Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo. Él sigue convocando, sigue invitando, sigue ofreciendo incesantemente una vida digna y plena para todos. Nosotros somos ahora, en América Latina y El Caribe, sus discípulos y discípulas, llamados a navegar mar adentro para una pesca abundante. Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos con valentía y confianza (parresía) a la misión de toda la Iglesia.

364. Detenemos la mirada en María y reconocemos en ella una imagen perfecta de la discípula misionera. Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga (cf. Jn 2, 5) para que Él pueda derramar su vida en América Latina y El Caribe. Junto con ella queremos estar atentos una vez más a la escucha del Maestro, y en torno a ella volvemos a recibir con estremecimiento el mandato misionero de su hijo: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Mt 28, 19). Lo escuchamos como comunidad de discípulos misioneros que hemos experimentado el encuentro vivo con Él y queremos compartir todos los días con los demás esa alegría incomparable. 

septiembre 25, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | 2 comentarios

Comentario n. 355-357

La vida humana es una vida recibida, se nos ha dado a cada unos de nosotros. Nos somos los creadores de nuestra existencia. Dios nos ha dado la vida. Dios es la fuente de la vida. Él es la Vida. En el plan de Dios está que los hombres puedan vivir en comunión con Él eternamente. Sabemos que este plan lo quiso llevar a plenitud  de modo  inimaginable por medio de la Encarnación del Verbo. Quiso revelarnos a su Hijo, quien nació de Santa María, y por sus palabras, gestos y milagros, nos ha mostrado el amor del Padre.

Tenemos presente también con el pecado original y los pecados personales el camino de encuentro y comunión con Dios se oscurece, y no es muy viva la conciencia de buscar y amar a Dios sobre todas las cosas. Se pierde un poco en la conciencia la dimensión de una vida eterna. ¿Qué nos queda?  “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. Una vida sin horizontes eternos queda reducida a poca cosa. Y hoy nos damos cuenta cómo se presentan distintos “profetas y maestros” diciendo o mostrando cómo deben vivir los hombres de hoy.  En muchas esferas sociales prevalece una dimensión individualista y consumista: “busco solamente lo mío y aquello que me gusta. Los demás no me interesan”. A esto se le llama ‘caminos de muerte’.

No es verdad que quien sigue a Jesucristo se desinteresa por el mundo que le rodea. Tampoco es verdad que quien busca la vida eterna se desentiende de la vida temporal. No se puede acusar a la Iglesia de no buscar el progreso de los pueblos. Recientemente se ha publicado la tercera encíclica del Papa, allí nos encontramos de nuevo con aquella preocupación de impulsar un progreso o desarrollo humano integral. Dios mismo quiere el desarrollo de los hombres, de “todo hombre y de todos los hombres”.

Quien vive su vida cristiana está llamado a vivir en plenitud su vida humana. La condición humana ha sido elevada y ha recibido una dignidad por encima de cualquier otra realidad humana.

agosto 24, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 355-357

7.1.2 Variadas dimensiones de la vida en Cristo

355. Jesucristo es plenitud de vida que eleva la condición humana a condición divina para su gloria. “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10). Su amistad no nos exige que renunciemos a nuestros anhelos de plenitud vital, porque Él ama nuestra felicidad también en esta tierra. Dice el Señor que Él creó todo “para que lo disfrutemos” (1Tim 6, 17).

356. La vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en plenitud la existencia humana “en su dimensión personal, familiar, social y cultural”. Para ello hace falta entrar en un proceso de cambio que transfigure los variados aspectos de la propia vida. Sólo así se hará posible percibir que Jesucristo es nuestro salvador en todos los sentidos de la palabra. Sólo así manifestaremos que la vida en Cristo sana, fortalece y humaniza. Porque “Él es el Viviente, que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta”. La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el entusiasmo por progresar, el gusto de trabajar y de aprender, el gozo de servir a quien nos necesite, el contacto con la naturaleza, el entusiasmo de los proyectos comunitarios, el placer de una sexualidad vivida según el Evangelio, y todas las cosas que el Padre nos regala como signos de su amor sincero. Podemos encontrar al Señor en medio de las alegrías de nuestra limitada existencia, y así brota una gratitud sincera.

357. Pero el consumismo hedonista e individualista, que pone la vida humana en función de un placer inmediato y sin límites, oscurece el sentido de la vida y la degrada. La vitalidad que Cristo ofrece nos invita a ampliar nuestros horizontes, y a reconocer que abrazando la cruz cotidiana entramos en las dimensiones más profundas de la existencia. El Señor que nos invita a valorar las cosas y a progresar, también nos previene sobre la obsesión por acumular: “No amontonen tesoros en esta tierra” (Mt 6, 19). “¿De qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si pierde su vida?” (Mt 16, 26). Jesucristo nos ofrece mucho, incluso mucho más de lo que esperamos. A la Samaritana le da más que el agua del pozo, a la multitud hambrienta le ofrece más que el alivio del hambre. Se entrega Él mismo como la vida en abundancia. La vida nueva en Cristo es participación en la vida de amor del Dios Uno y Trino. Comienza en el bautismo y llega a su plenitud en la resurrección final.

agosto 19, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 353-354

Se  presentan diversos textos del Evangelio donde encontramos esos gestos de Jesús que expresan su voluntad de ponerse al servicio de la vida. No hay barreras de ninguna clase. Las condiciones sociales, los prejuicios, las acusaciones, las separaciones establecidas para con los enfermos y pecadores, y todo tipo de barreras fueron superadas por Jesús y llegó mucho más allá al proponer el amor hasta los enemigos. Como ha dicho en otro momento, Él no ha venido a condenar sino a salvar y a dar su vida para que los hombres puedan tener vida en Él.

Ese rico y variado testimonio de amor por la vida continúa en su Palabra y en los sacramentos. De modo que también nosotros nos somos los destinatarios de ese amor preferencial de Jesucristo por la vida de los hombres, de todo hombre y mujer. Viviendo en comunión con Jesucristo, alimentados de su Palabra y fortalecidos por sus sacramentos, podemos dar a los demás aquello que hemos recibido de Él: el amor por la vida.

Los discípulos de Jesucristo reciben este legado y quieren continuar esta tarea en el mundo de hoy, en la realidad que les ha tocado vivir, en las circunstancias del vivir cotidiano. La Iglesia es servidora de la vida y lo hace siguiendo la enseñanza de su Señor.

agosto 16, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , | Deja un comentario