Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 406

Es probable que quien lee los numerales precedentes piense que, hacer esta reflexión en un documento de la Iglesia, sea como tomar campo en la política partidaria. No se trata de esto. Simplemente es proponer a los creyentes los principios del Evangelio en la construcción de la sociedad.  La tarea actual es: la sociedad la construimos todos los que formamos parte de ella, y nosotros, tenemos mucho que aportar a favor de la persona. El Evangelio ilumina la vida del hombre y ayuda a que se reconozca sus valores fundamentales.

Ante todo estas sugerencias se refieren a los católicos laicos. A esa gran mayoría de hombres y mujeres que forman el tejido social. A los hombres y mujeres que cada día se empeñan en distintas tareas y ocupaciones humanas. Y por supuesto, a todo hombre de buena voluntad.

Es necesario que los valores del evangelio sean vividos en la familia y en la sociedad. Se vuelve necesario que ninguno renuncia a ser protagonista desde su condición en que vive. Ser protagonista en el mundo de hoy, participando en la vida democrática. Ninguno tendría que sentirse ajeno a proponer la solidaridad humana y la justicia social como caminos de progreso y libertad. Quizá convendría recordar aquella recomendación de san Pablo: “todo lo bueno, noble y justo” tienen que apoyarlo.

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febrero 7, 2010 Posted by | DOCUMENTO DE APARECIDA, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 399-405

Vuelvo a los comentarios después de unos días sin poder  hacerlo. Espero que los lectores no se hayan aburrido de esperar los numerales del Documento de Aparecida. El anuncio del Evangelio lleva a reconocer a la persona humana una dignidad nueva: la de ser hijo de Dios. Desde esta perspectiva se sitúa el actuar de la Iglesia. Cada hombre ha sido querido y amado de un modo particular por Dios.

Viendo la situación de muchos grupos de personas que parecen olvidadas en la sociedad, el documento de Aparecida propone una acción social guiada por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Significa poner a la persona como centro de la sociedad. Parece sólo una definición pero en realidad significa hacer una distinción de valores según el evangelio.

La pastoral social se ocupa en muchos lugares de hacer llegar una ayuda material y una promoción de la persona para que sea sujeto de su propio desarrollo. Pero también es parte de esta pastoral la promoción del actuar social responsable de los cristianos en la sociedad. Una visión de la sociedad guiada exclusivamente por los intereses económicos termina marginando a quien no puede aportar según estas categorías. Cosa que no puede ser. Promover la solidaridad en la sociedad significa despertar la conciencia que la persona debe ocupar un puesto esencial en las políticas de la sociedad.

enero 21, 2010 Posted by | DISCÍPULOS, DOCUMENTO DE APARECIDA, MISION CONTINENTAL | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 399-405

8.4 Una renovada pastoral social para la promoción humana integral

399. Asumiendo con nueva fuerza esta opción por los pobres, ponemos de manifiesto que todo proceso evangelizador implica la promoción humana y la auténtica liberación “sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad”. Entendemos además que la verdadera promoción humana no puede reducirse a aspectos particulares: “Debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” desde la vida nueva en Cristo que transforma a la persona de tal manera que “la hace sujeto de su propio desarrollo”. Para la Iglesia, el servicio de la caridad, igual que el anuncio de la Palabra y la celebración de los Sacramentos, “es expresión irrenunciable de la propia esencia”.

400. Queremos, por tanto, desde nuestra condición de discípulos y misioneros impulsar en nuestros planes pastorales, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, el Evangelio de la vida y la solidaridad. Además, promover caminos eclesiales más efectivos, con la preparación y compromiso de los laicos para intervenir en los asuntos sociales. Es esperanzador lo que decía Juan Pablo II: “Aunque imperfecto y provisional, nada de lo que se pueda realizar mediante el esfuerzo solidario de todos y la gracia divina en un momento dado de la historia, para hacer más humana la vida de los hombres, se habrá perdido ni habrá sido vano”.

401. Las Conferencias Episcopales y las Iglesias locales tienen la misión de promover renovados esfuerzos para fortalecer una Pastoral Social estructurada, orgánica e integral que con la asistencia, la promoción humana, se haga presente en las nuevas realidades de exclusión y marginación que viven los grupos más vulnerables, donde la vida está más amenazada. En el centro de esta acción está cada persona, que es acogida y servida con calidez cristiana. En esta actividad a favor de la vida de nuestros pueblos, la Iglesia católica apoya la colaboración mutua con otras comunidades cristianas.

402. La globalización hace emerger en nuestros pueblos, nuevos rostros de pobres. Con especial atención y en continuidad con las Conferencias Generales anteriores, fijamos nuestra mirada en los rostros de los nuevos excluidos: los migrantes, las víctimas de la violencia, desplazados y refugiados, víctimas del tráfico de personas y secuestros, desaparecidos, enfermos de HIV y de enfermedades endémicas, tóxicodependientes, adultos mayores, niños y niñas que son víctimas de la prostitución, pornografía y violencia o del trabajo infantil, mujeres maltratadas, víctimas de la exclusión y del tráfico para la explotación sexual, personas con capacidades diferentes, grandes grupos de desempleados/as, los excluidos por el analfabetismo tecnológico, las personas que viven en la calle de las grandes urbes, los indígenas y afrodescendientes, campesinos sin tierra y los mineros. La Iglesia con su Pastoral Social debe dar acogida y acompañar a estas personas excluidas en los ámbitos que correspondan.

403. En esta tarea y con creatividad pastoral, se deben diseñar acciones concretas que tengan incidencia en los Estados para la aprobación de políticas sociales y económicas que atiendan las variadas necesidades de la población y que conduzcan hacia un desarrollo sostenible. Con la ayuda de distintas instancias y organizaciones, la Iglesia puede hacer una permanente lectura cristiana y una aproximación pastoral a la realidad de nuestro continente, aprovechando el rico patrimonio de la Doctrina Social de la Iglesia. De esta manera, tendrá elementos concretos para exigir que aquellos que tienen la responsabilidad de diseñar y aprobar las políticas que afectan a nuestros pueblos, lo hagan desde una perspectiva ética, solidaria y auténticamente humanista. En ello juegan un papel fundamental los laicos y las laicas, asumiendo tareas pertinentes en la sociedad.

404. Alentamos a los empresarios que dirigen las grandes y medianas empresas y a los microempresarios, a los agentes económicos de la gestión productiva y comercial, tanto del orden privado como comunitario, por ser creadores de riqueza en nuestras naciones, cuando se esfuerzan en generar empleo digno, en facilitar la democracia, y en promover la aspiración a una sociedad justa y a una convivencia ciudadana con bienestar y en paz. Igualmente a los que no invierten su capital en acciones especulativas sino en crear fuentes de trabajo preocupándose de los trabajadores, considerándolos ‘a ellos y a sus familias’ la mayor riqueza de la empresa, que viven modestamente por haber hecho como cristianos de la austeridad un valor inestimable, que colaboran con los gobiernos en la preocupación y el logro del bien común y se prodigan en obras de solidaridad y misericordia.

405. En fin, no podemos olvidar que la mayor pobreza es la de no reconocer la presencia del misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre, que es lo único que verdaderamente salva y libera. En efecto, “quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas”. La verdad de esta afirmación resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis.

diciembre 29, 2009 Posted by | IGLESIA | , , , , | 1 comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 391-398

8.3 La opción preferencial por los pobres y excluidos

391. Dentro de esta amplia preocupación por la dignidad humana, se sitúa nuestra angustia por los millones de latinoamericanos y latinoamericanas que no pueden llevar una vida que responda a esa dignidad. La opción preferencial por los pobres es uno de los rasgos que marca la fisonomía de la Iglesia latinoamericana y caribeña. De hecho, Juan Pablo II, dirigiéndose a nuestro continente, sostuvo que “convertirse al Evangelio para el pueblo cristiano que vive en América, significa revisar todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común”.

392. Nuestra fe proclama que “Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre”. Por eso “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Esta opción nace de nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre, que se ha hecho nuestro hermano (cf. Hb 2, 11-12). Ella, sin embargo, no es ni exclusiva, ni excluyente.

393. Si esta opción está implícita en la fe cristológica, los cristianos como discípulos y misioneros estamos llamados a contemplar en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: “Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”. Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 40). Juan Pablo II destacó que este texto bíblico “ilumina el misterio de Cristo”. Porque en Cristo el grande se hizo pequeño, el fuerte se hizo frágil, el rico se hizo pobre.

394. De nuestra fe en Cristo brota también la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio, que ha de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente en la defensa de la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos, y en el permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y transformación de su situación. El servicio de caridad de la Iglesia entre los pobres “es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral”.

395. El Santo Padre nos ha recordado que la Iglesia está convocada a ser “abogada de la justicia y defensora de los pobres” ante “intolerables desigualdades sociales y económicas”, que “claman al cielo”. Tenemos mucho que ofrecer, ya que “no cabe duda de que la Doctrina Social de la Iglesia es capaz de suscitar esperanza en medio de las situaciones más difíciles, porque si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, ni siquiera para los llamados ricos”. La opción preferencial por los pobres exige que prestemos especial atención a aquellos profesionales católicos que son responsables de las finanzas de las naciones, a quienes fomentan el empleo, los políticos que deben crear las condiciones para el desarrollo económico de los países, a fin de darles orientaciones éticas coherentes con su fe.

396. Nos comprometemos a trabajar para que nuestra Iglesia Latinoamericana y Caribeña siga siendo, con mayor ahínco, compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio. Hoy queremos ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres hecha en las Conferencias anteriores. Que sea preferencial implica que debe atravesar todas nuestras estructuras y prioridades pastorales. La Iglesia latinoamericana está llamada a ser sacramento de amor, solidaridad y justicia entre nuestros pueblos.

397. En esta época suele suceder que defendemos demasiado nuestros espacios de privacidad y disfrute, y nos dejamos contagiar fácilmente por el consumismo individualista. Por eso nuestra opción por los pobres corre el riesgo de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo, sin verdadera incidencia en nuestros comportamientos y en nuestras decisiones. Es necesaria una actitud permanente que se manifieste en opciones y gestos concretos, y evite toda actitud paternalista. Se nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación. No podemos olvidar que el mismo Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos” (Lc 14, 13).

398. Sólo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe. La opción por los pobres debe conducirnos a la amistad con los pobres. Día a día los pobres se hacen sujetos de la evangelización y de la promoción humana integral: educan a sus hijos en la fe, viven una constante solidaridad entre parientes y vecinos, buscan constantemente a Dios y dan vida al peregrinar de la Iglesia. A la luz del Evangelio reconocemos su inmensa dignidad y su valor sagrado a los ojos de Cristo, pobre como ellos y excluido entre ellos. Desde esta experiencia creyente compartiremos con ellos la defensa de sus derechos.

diciembre 3, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 382-386

8.1 Reino de Dios, justicia social y caridad cristiana

382. “El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15). La voz del Señor nos sigue llamando como discípulos misioneros y nos interpela a orientar toda nuestra vida desde la realidad transformadora del Reino de Dios que se hace presente en Jesús. Acogemos con mucha alegría esta buena noticia. Dios amor es Padre de todos los hombres y mujeres de todos los pueblos y razas. Jesucristo es el Reino de Dios que procura desplegar toda su fuerza transformadora en nuestra Iglesia y en nuestras sociedades. En Él, Dios nos ha elegido para que seamos sus hijos con el mismo origen y destino, con la misma dignidad, con los mismos derechos y deberes vividos en el mandamiento supremo del amor. El Espíritu ha puesto este germen del Reino en nuestro Bautismo y lo hace crecer por la gracia de la conversión permanente gracias a la Palabra y los sacramentos.

383. Señales evidentes de la presencia del Reino son: la vivencia personal y comunitaria de las bienaventuranzas, la evangelización de los pobres, el conocimiento y cumplimiento de la voluntad del Padre, el martirio por la fe, el acceso de todos a los bienes de la creación, el perdón mutuo, sincero y fraterno, aceptando y respetando la riqueza de la pluralidad, y la lucha para no sucumbir a la tentación y no ser esclavos del mal.

384. Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano. El amor de misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia, requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los ámbitos nacionales e internacionales. Urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales.

385. La misericordia siempre será necesaria, pero no debe contribuir a crear círculos viciosos que sean funcionales a un sistema económico inicuo. Se requiere que las obras de misericordia estén acompañas por la búsqueda de una verdadera justicia social, que vaya elevando el nivel de vida de los ciudadanos, promoviéndolos comos sujetos de su propio desarrollo. En su Encíclica Deus Caritas est, el Papa Benedicto XVI ha tratado con claridad inspiradora la compleja relación entre justicia y caridad. Allí nos dice que “el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política” y no de la Iglesia. Pero la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. Ella colabora purificando la razón de todos aquellos elementos que la ofuscan e impiden la realización de una liberación integral. También es tarea de la Iglesia ayudar con la predicación, la catequesis, la denuncia, y el testimonio del amor y de justicia, para que se despierten en la sociedad las fuerzas espirituales necesarias y se desarrollen los valores sociales. Sólo así las estructuras serán realmente más justas, podrán ser eficaces y sostenerse en el tiempo. Sin valores no hay futuro, y no habrá estructuras salvadoras, ya que en ellas siempre subyace la fragilidad humana.

386. La Iglesia tiene como misión propia y específica comunicar la vida de Jesucristo a todas las personas, anunciando la Palabra, administrando los Sacramentos y practicando la caridad. Es oportuno recordar que el amor se muestra en las obras más que en las palabras, y esto vale también para nuestras palabras en esta V Conferencia. No todo el que diga Señor, Señor… (cf. Mt 7,21). Los discípulos misioneros de Jesucristo tenemos la tarea prioritaria de dar testimonio del amor a Dios y al prójimo con obras concretas. Decía San Alberto Hurtado: “En nuestras obras, nuestro pueblo sabe que comprendemos su dolor”.

noviembre 11, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 358-359

Viendo la situación de muchas personas en América Latina, “muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y su dolor” el discípulo de Jesucristo se siente interpelado a un “mayor compromiso a favor de la cultura de la vida”.

La Iglesia quiere una vida más digna para todos. No lo hace desde una perspectiva social o política, sino desde la convicción que “la vida sólo se desarrolla  plenamente en la comunión fraterna y justa”. El Evangelio nos descubre un modo de ver el mundo y sus relaciones. La Iglesia nos propone unos principios, reflexiones y líneas de acción a través de la Doctrina Social. Consideramos que debemos poner siempre en primer término que el amor a Dios es inseparable del amor al prójimo.

Los hombres y mujeres que quieren vivir según el Evangelio buscan también que esos valores lleguen a ser parte de la realidad en que vivimos. Personas nuevas que buscan estructuras nuevas que respondan mejor al plan divino de salvación.

septiembre 22, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 353-354

Se  presentan diversos textos del Evangelio donde encontramos esos gestos de Jesús que expresan su voluntad de ponerse al servicio de la vida. No hay barreras de ninguna clase. Las condiciones sociales, los prejuicios, las acusaciones, las separaciones establecidas para con los enfermos y pecadores, y todo tipo de barreras fueron superadas por Jesús y llegó mucho más allá al proponer el amor hasta los enemigos. Como ha dicho en otro momento, Él no ha venido a condenar sino a salvar y a dar su vida para que los hombres puedan tener vida en Él.

Ese rico y variado testimonio de amor por la vida continúa en su Palabra y en los sacramentos. De modo que también nosotros nos somos los destinatarios de ese amor preferencial de Jesucristo por la vida de los hombres, de todo hombre y mujer. Viviendo en comunión con Jesucristo, alimentados de su Palabra y fortalecidos por sus sacramentos, podemos dar a los demás aquello que hemos recibido de Él: el amor por la vida.

Los discípulos de Jesucristo reciben este legado y quieren continuar esta tarea en el mundo de hoy, en la realidad que les ha tocado vivir, en las circunstancias del vivir cotidiano. La Iglesia es servidora de la vida y lo hace siguiendo la enseñanza de su Señor.

agosto 16, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 60-73

Situación económica. Un elemento que está en clara referencia con la economía es la “globalización”, y hasta cierto punto, el aspecto económico es lo más conocido y extendido de la globalización.

Aquí nos podríamos preguntar, ¿qué han dicho los obispos sobre la globalización?, o ¿cuál es la visión que se tiene de ella?  Yo diría que no se puede tener una idea completa de qué cosa sea la globalización, puesto que es una realidad que está en estos momentos desarrollándose todavía. Es evidente que no es una realidad unidimensional, tiene aspectos positivos y negativos.

Pero puede describirse, y así viene presentado en el documento, como un fenómeno de “relaciones de nivel planetario”, un “logro de la familia humana”, que comporta el “riesgo de monopolios y de convertir el lucro en el valor supremo”.

Ante esta concepción de la globalización, la Iglesia propone ir más lejos, de ampliar  el sentido de la globalización, y desde años presenta la propuesta de globalizar la solidaridad, la justicia y el respeto a los derechos humanos.

Son diversas las realidades que tienen que ver con la globalización. Aquí hemos podido leer algunos de los frutos de poner “el lucro como valor supremo” y las huellas que deja tras de sí en un continente como el nuestro, donde es difícil encontrar países con economías estables.

Hay una cuestión todavía más profunda, a mi modo de ver, ¿quiénes son los que hacen posible la globalización? Viene facilitado por las nuevas tecnologías y modos de comunicarse. Pero de fondo nos encontramos con el sujeto de estas actividades: la persona humana. Hombres y mujeres que hacen posible este conjunto de relaciones. Como en toda realidad humana conviene considerar al que realiza tal actividad. Conviene recordar que las acciones de cada uno son las que van forjando la sociedad en que vivimos. Con el trabajo cotidiano, con las iniciativas en este gran campo.

Si aquí se apela al sentido ético de la globalización, quiere decir que ésta debe ponerse al servicio de la persona humana. Ésta guía es la que ofrece la Iglesia: dar a la persona la prioridad, no tergiversar el valor de cada hombre o mujer, que la sociedad en su conjunto pueda permitir el desarrollo de sus miembros. Esta parte de la enseñanza de la Iglesia la encontramos en la llamada “Doctrina Social de la Iglesia” donde encontramos los principios y criterios de acción que se desprenden del evangelio y de la tradición cristiana. Lastimosamente pocos son los que conocen esta parte de la enseñanza social. No son recetas, son principios que iluminan el actuar de los cristianos.

No podemos esperar una “respuesta” sobre el modo de “hacer” la globalización. Esto es un campo de las ciencias humanas, de la economía por ejemplo. Y yendo  a fondo, esto es un campo de trabajo propio de los laicos, que están en medio de todos los afanes sociales.

Si la lectura de esta parte no nos mueve a hacer la parte que nos corresponde sea cultural, económica, política… no podemos quejarnos que la situación siga como hasta el momento. Quien se ha detenido a leer esta parte, 60-73, puede darse cuenta de los grandes retos que supone la globalización, a nivel personal, social y de país. Algunos por la situación personal tienen la posibilidad de interactuar más en este campo. De cada uno la Iglesia de América Latina espera una respuesta. Y es muy importante tomar conciencia de esto.

abril 29, 2008 Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , , | Deja un comentario