Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 387-390

La dignidad humana es reconocida  en las constituciones de todos los países. Cada año hay varias celebraciones a nivel social que recuerdan la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hago referencia a esa Declaración porque en términos generales se comparte que cada persona humana tiene una dignidad especial, que precede a las legislaciones y a los Estados.

Esta dignidad humana tiene su fundamento en Dios. Solamente si reconocemos que Dios es el autor de la vida, sólo entonces es posible tratar a las personas como lo merecen. Cuando se olvida a Dios, el hombre es instrumentalizado, con frecuencia por ideologías.

La Iglesia quiere ayudar a cada persona a encontrar el sentido de su vida. Hay también otras voces de la cultura actual que presentan modos concretos de vivir. Entre una visión y otra, hay una gran diferencia. La propuesta que viene de los “maestros temporales” persiguen objetivos muy concretos: le dicen a la gente cómo tienen que vivir “hoy” sin preocuparse del “por qué” vivir de ese modo. Ojalá que nuestros hermanos en la fe, tengan un vivo sentido existencial: venimos de Dios y vamos a Dios, en la vida que se nos ha dado, tenemos una gran oportunidad de testimoniar que escuchando a Dios la vida se ilumina, enriquece y se vuelve fecunda.

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diciembre 1, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , | Deja un comentario

APARECIDA N. 88-97

2.1.5 Presencia de los pueblos indígenas y afrodescendientes en la Iglesia

88.      Los indígenas constituyen la población más antigua del Continente. Están en la raíz primera de la identidad latinoamericana y caribeña. Los afrodescendientes constituyen otra raíz que fue arrancada de África y traída aquí como gente esclavizada. La tercera raíz es la población pobre que migró de Europa desde el siglo XVI, en búsqueda de mejores condiciones de vida y el gran flujo de inmigrantes de todo el mundo desde mediados del siglo XIX. De todos estos grupos y de sus correspondientes culturas se formó el mestizaje que es la base social y cultural de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños, como lo reconoció ya la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Puebla, México.

89.      Los indígenas y afrodescendientes son, sobre todo, “otros” diferentes que exigen respeto y reconocimiento. La sociedad tiende a menospreciarlos, desconociendo su diferencia. Su situación social está marcada por la exclusión y la pobreza. La Iglesia acompaña a los indígenas y afroamericanos en las luchas por sus legítimos derechos.

90.      Hoy, los pueblos indígenas y afros están amenazados en su existencia física, cultural y espiritual; en sus modos de vida; en sus identidades; en su diversidad; en sus territorios y proyectos. Algunas comunidades indígenas se encuentran fuera de sus tierras porque éstas han sido invadidas y degradadas, o no tienen tierras suficientes para desarrollar sus culturas. Sufren graves ataques a su identidad y supervivencia, pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propia existencia como pueblos diferentes. Su progresiva transformación cultural provoca la rápida desaparición de algunas lenguas y culturas. La migración, forzada por la pobreza, está influyendo profundamente en el cambio de costumbres, de relaciones e incluso de religión.

91.      Los indígenas y afrodescendientes emergen ahora en la sociedad y en la Iglesia. Este es un “kairós” para profundizar el encuentro de la Iglesia con estos sectores humanos que reclaman el reconocimiento pleno de sus derechos individuales y colectivos, ser tomados en cuenta en la catolicidad con su cosmovisión, sus valores y sus identidades particulares, para vivir un nuevo Pentecostés eclesial.

92.      Ya en Santo Domingo los pastores reconocíamos que “los pueblos indígenas cultivan valores humanos de gran significación“; valores que “la Iglesia defiende… ante la fuerza arrolladora de las estructuras de pecado manifiestas en la sociedad moderna”; “son poseedores de innumerables riquezas culturales, que están en la base de nuestra identidad actual”; y, desde la perspectiva de la fe, “estos valores y convicciones son fruto de ‘las semillas del Verbo’, que estaban ya presentes y obraban en sus antepasados”.

93.      Entre ellos podemos señalar: “apertura a la acción de Dios por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humana, la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultual, la creencia en una vida ultra terrena”. Actualmente, el pueblo ha enriquecido estos valores ampliamente por la evangelización, y los ha desarrollado en múltiples formas de auténtica religiosidad popular.

94.      Como Iglesia, que asume la causa de los pobres, alentamos la participación de los indígenas y afrodescendientes en la vida eclesial. Vemos con esperanza el proceso de inculturación discernido a la luz del Magisterio. Es prioritario hacer  traducciones católicas de la Biblia y de los textos litúrgicos a  sus idiomas. Se necesita, igualmente, promover más las vocaciones y los ministerios ordenados procedentes de estas culturas.

95.      Nuestro servicio pastoral a la vida plena de los pueblos indígenas exige anunciar a Jesucristo y la Buena Nueva del Reino de Dios, denunciar las situaciones de pecado, las estructuras de muerte, la violencia y las injusticias internas y externas, fomentar el diálogo intercultural, interreligioso y ecuménico. Jesucristo es la plenitud de la revelación para todos los pueblos y el centro fundamental de referencia para discernir los valores y las deficiencias de todas las culturas, incluidas las indígenas. Por ello, el mayor tesoro que les podemos ofrecer es que lleguen al encuentro con Jesucristo resucitado, nuestro Salvador. Los indígenas que ya han recibido el Evangelio, están llamados, como discípulos y misioneros de Jesucristo, a vivir con inmenso gozo su realidad cristiana, a dar razón de su fe en medio de sus comunidades, y a colaborar activamente para que ningún pueblo indígena de América Latina reniegue de su fe cristiana, sino que por el contrario, sientan que en Cristo encuentran el sentido pleno de su existencia.

96.      La historia de los afrodescendientes ha sido atravesada por una exclusión social, económica, política y, sobre todo, racial, donde la identidad étnica es factor de subordinación social. Actualmente, son discriminados en la inserción laboral, en la calidad y contenido de la formación escolar, en las relaciones cotidianas y, además, existe un proceso de ocultamiento sistemático de sus valores, historia, cultura y expresiones religiosas. En algunos casos permanece una mentalidad y una cierta mirada de menor respeto acerca de los indígenas y afrodescendientes. De modo que, descolonizar las mentes, el conocimiento, recuperar la memoria histórica, fortalecer espacios y relaciones interculturales, son condiciones para la afirmación de la plena ciudadanía de estos pueblos.

97.      La realidad latinoamericana cuenta con  comunidades afrodescendientes muy vivas que aportan y participan activa y creativamente en la construcción de este continente. Los movimientos por la recuperación de las identidades, de los derechos ciudadanos y contra el racismo, los grupos alternativos de economías solidarias, hacen de las mujeres y hombres negros sujetos constructores de su historia, y de una nueva historia que se va dibujando en la actualidad latinoamericana y caribeña. Esta nueva realidad se basa en relaciones interculturales donde la diversidad no significa amenaza, no justifica jerarquías de poder de unos sobre otros, sino diálogo desde visiones culturales diferentes, de celebración, de interrelación y de reavivamiento de la esperanza.

mayo 8, 2008 Posted by | IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

COMENTARIO 52-59

Los aspectos positivos también están presentes en la cultura actual, aunque algunas veces sea un tanto difícil reconocerlos, pues no aparecen a primera vista, o se habla poco de ellos. “El valor fundamental de la persona, de su conciencia y experiencia, la búsqueda del sentido de la vida y la trascendencia”, “anhelo de encontrar razones para la existencia”, la riqueza y la diversidad cultural” no se dice que sean valores nuevos, pero sí se dice que ahora se tiene más conciencia de ellos.

A lo largo de historia se han presentado diversas concepciones sobre el hombre mismo, su existencia, su desarrollo, su origen. En siglos recientes se han sucedido diversas ideologías, que en su afán de convencer y llevar adelantes sus propósitos, no dudan en dar una visión reductiva del hombre, señalan algo que es verdadero pero lo llevan al extremo como lo único. Y frente a estas visiones que han tenido “éxito” por un tiempo, luego se ha visto su “fracaso”.

La Iglesia es portadora de la Revelación de Dios, llevada en plenitud en su Hijo Jesucristo, “sólo Cristo puede revelar al hombre su ser, su vocación, su dignidad”. Esta visión del hombre, antropología cristiana, es base y fundamento del quehacer de la Iglesia. “La única criatura amada por sí mismo”, “principio y centro de sociedad”, “sediento de Dios”, “no encontrará descanso hasta que encuentre a Dios”… tantas frases que se podrían citar, tanto de la doctrina de la Iglesia, como de su vida pastoral, donde se manifiesta la comprensión cristiana.

Y donde la Iglesia no ha sido escuchada, o los principios del Evangelios han sido puestos de lado, se ha experimentado que los hombres por sí mismos no son capaces de vivir según su dignidad. Cuantas veces, quizá, hemos escuchado que la “Iglesia es experta en humanidad” esto quiere decir, que su Magisterio  no es partidista, no busca agradar o seguir el pensamiento de moda, busca que la revelación de Dios pueda llevar al hombre a la salvación.

Las diversas distinciones que se hacen de la variedad de culturas en América Latina, lleva a mostrar que sobre una base común, se encuentran distintas expresiones culturales, tradiciones que se han forjado con el pasar de los años, y que dan una identidad. Diversidad que muestra la riqueza de unos pueblos, diversidad que no es superioridad, diversidad que lleva a recordar la complementariedad. Y sobre todo, la diversidad que refleja los valores que una cultura-unas personas- son capaces de forjar.

abril 23, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , | Deja un comentario

APARECIDA N. 52-59

52.      Entre los aspectos positivos de este cambio cultural aparece el valor fundamental de la persona, de su conciencia y experiencia, la búsqueda del sentido de la vida y la trascendencia. El fracaso de las ideologías dominantes para dar respuesta a la búsqueda más profunda del significado de la vida, ha permitido que emerja como valor la sencillez y el reconocimiento en lo débil y lo pequeño de la existencia, con una gran capacidad y potencial que no puede ser minusvalorado. Este énfasis en el aprecio de la persona abre nuevos horizontes, donde la tradición cristiana adquiere un renovado valor, sobre todo cuando se reconoce en el Verbo encarnado y que nace en un pesebre, y asume una condición humilde, de pobre.

53.      La necesidad de construir el propio destino y el anhelo de encontrar razones para la existencia, puede poner en movimiento el deseo de encontrarse con otros y compartir lo vivido, como una manera de darse una respuesta. Se trata de una afirmación de la libertad personal y, por ello, de la necesidad de cuestionarse en profundidad las propias convicciones y opciones.

54.      Pero junto con el énfasis en la responsabilidad individual en medio de sociedades que promueven a través de los medios el acceso a bienes, se niega paradójicamente el acceso de los mismos a las grandes mayorías, bienes que constituyen elementos básicos y esenciales para vivir como personas.

55.      El énfasis en la experiencia personal y lo vivencial nos lleva a considerar el testimonio como un componente clave en la vivencia de la fe. Los hechos son valorados en cuanto que son significativos para la persona. En el lenguaje testimonial podemos encontrar un punto de contacto con las personas que componen la sociedad y de ellas entre sí.

56.      Por otra parte, la riqueza y la diversidad cultural de los pueblos de América Latina y El Caribe resultan evidentes. Existen en nuestra región diversas culturas indígenas, afrodescendientes, mestizas, campesinas, urbanas y suburbanas. Las culturas indígenas se caracterizan sobre todo por su apego profundo a la tierra y por la vida comunitaria, y por una cierta búsqueda de Dios. Las afrodescendientes se caracterizan, entre otros elementos, por la expresividad corporal, el arraigo familiar y el sentido de Dios. La cultura campesina está referida al ciclo agrario. La cultura mestiza, que es la más extendida entre muchos pueblos de la región, ha buscado en medio de contradicciones sintetizar a lo largo de la historia estas múltiples fuentes culturales originarias, facilitando el diálogo de las respectivas cosmovisiones y permitiendo su convergencia en una historia compartida. A esta complejidad cultural habría que añadir también la de tantos inmigrantes europeos que se establecieron en los países de nuestra región.

57.      Estas culturas coexisten en condiciones desiguales con la llamada cultura globalizada. Ellas exigen reconocimiento y ofrecen valores que constituyen una respuesta a los antivalores de la cultura que se impone a través de los medios de comunicación de masas: comunitarismo, valoración de la familia, apertura a la trascendencia y solidaridad. Estas culturas son dinámicas y están en interacción permanente entre sí y con las diferentes propuestas culturales.

58.      La cultura urbana es híbrida, dinámica y cambiante, pues amalgama múltiples formas, valores y estilos de vida, y afecta a todas las colectividades. La cultura suburbana es fruto de grandes migraciones de población en su mayoría pobre, que se estableció alrededor de las ciudades en los cinturones de miseria. En estas culturas los problemas de identidad y pertenencia, relación, espacio vital y hogar son cada vez más complejos.

59.      Existen también comunidades de migrantes que han aportado las culturas y tradiciones traídas de sus tierras de origen, sean cristianas o de otras religiones. Por su parte, esta diversidad incluye a comunidades que se han ido formando por la llegada de distintas denominaciones cristianas y otros grupos religiosos. Asumir la diversidad cultural, que es un imperativo del momento, implica superar los discursos que pretenden uniformar la cultura, con enfoques basados en modelos únicos.

abril 22, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , | Deja un comentario