Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 280

La persona que cree en Jesucristo, es el hombre o la mujer, que tiene su propia historia personal, que vive en unas circunstancias concretas, en un lugar determinado. La fe cristiano no aísla al creyente, no lo pone como en una esfera de cristal donde hay una barrera que le impide cualquier contacto con la realidad que le circunda. Nada de esto. Y por esto es necesario prestar atención a las diversas relaciones que una persona vive, porque serán dimensiones en las cuales la fe tiene algo importante que decirle. Cuántas veces nos hemos encontrado en el Evangelio, o en el Nuevo Testamento, o a lo largo de la historia de la Iglesia, o quizá en nuestras parroquias y comunidades, personas que después de un tiempo, de una vida alejada de Dios, deciden volver, o comenzar a llevar un camino auténticamente cristiano.

Es necesario que cada uno asuma su historia personal, y cuando sea necesario: sanarla. No podemos pensar que hay persona que no ‘tengan remedio’. Todos, para todos hay un camino de esperanza. Lo importante es descubrir que al encuentro con Jesucristo sigue un modo de vivir nuevo: ‘somos criaturas nuevas’ lo dice tantas veces el apóstol Pablo. Y como la Iglesia es comunidad, tenemos a abrirnos a esta nueva realidad. No se puede ser un creyente sin tener una comunidad. La fe que yo profeso la he recibido por medio de otros que me han ayudado en mi camino personal. Y al mismo tiempo, en la medida que vivo en comunidad mi fe es capaz de generar un testimonio, que lleva consigo el apoyar a otros en su camino personal de fe.

La formación cristiana nos prepara para dar nuestra respuesta personal y comunitaria, en lo que se refiere a ‘las cosas de la familia espiritual’ y a las que se refieren al orden temporal. Recordemos que la misión, para los laicos, tiene siempre ese doble sentido: en la Iglesia y en el mundo. No una cosa o la otra, sino que la vocación cristiana me compromete también en la historia presente, aquí y ahora.

febrero 13, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 280

6.2.2.2 Una formación atenta a dimensiones diversas

280. La formación abarca diversas dimensiones que deberán ser integradas armónicamente a lo largo de todo el proceso formativo. Se trata de la dimensión humana comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral-misionera.

a) La Dimensión Humana y Comunitaria. Tiende a acompañar procesos de formación que lleven a asumir la propia historia y a sanarla, en orden a volverse capaces de vivir como cristianos en un mundo plural, con equilibrio, fortaleza, serenidad y libertad interior. Se trata de desarrollar personalidades que maduren en el contacto con la realidad y abiertas al Misterio.

b) La Dimensión Espiritual. Es la dimensión formativa que funda el ser cristiano en la experiencia de Dios manifestado en Jesús y que lo conduce por el Espíritu a través de los senderos de una maduración profunda. Por medio de los diversos carismas se arraiga la persona en el camino de vida y de servicio propuesto por Cristo, con un estilo personal. Permite adherirse de corazón por la fe, como la Virgen María, a los caminos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su Maestro y Señor.

c) La Dimensión Intelectual. El encuentro con Cristo, Palabra hecha Carne, potencia el dinamismo de la razón que busca el significado de la realidad y se abre al Misterio. Se expresa en una reflexión seria, puesta constantemente al día a través del estudio que abre la inteligencia, con la luz de la fe, a la verdad. También capacita para el discernimiento, el juicio crítico y el diálogo sobre la realidad y la cultura. Asegura de una manera especial el conocimiento bíblico teológico y de las ciencias humanas para adquirir la necesaria competencia en vista de los servicios eclesiales que se requieran y para la adecuada presencia en la vida secular.

d) La Dimensión Pastoral y Misionera. Un auténtico camino cristiano llena de alegría y esperanza el corazón y mueve al creyente a anunciar a Cristo de manera constante en su vida y en su ambiente. Proyecta hacia la misión de formar discípulos misioneros al servicio del mundo. Habilita para proponer proyectos y estilos de vida cristiana atrayentes, con intervenciones orgánicas y de colaboración fraterna con todos los miembros de la comunidad. Contribuye a integrar evangelización y pedagogía, comunicando vida y ofreciendo itinerarios pastorales acordes con la madurez cristiana, la edad y otras condiciones propias de las personas o de los grupos.

Incentiva la responsabilidad de los laicos en el mundo para construir el Reino de Dios. Despierta una inquietud constante por los alejados y por los que ignoran al Señor en sus vidas.

febrero 10, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA, MISIÓN | , , , , , , , | Deja un comentario