Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 328-330

Plantear el tema de la educación, es reflexionar sobre la función que tiene la escuela –llámese también colegios, institutos, centros de formación- en la vida de las nuevas generaciones.

¿Cuál es la función de la escuela? Algunos pueden decir que es evidente: la función de la escuela es enseñar. Pero, enseñar ¿qué cosa? Y aquí es donde se están dando los cambios. El Documento de Aparecida señala un modo de entender esta función: la escuela debe limitarse a que los alumnos adquieran los conocimientos y habilidades, en función de la producción, la competitividad y el mercado. Es una visión antropológica limitada. El límite de este modo de concebir la educación es que la educación no lleva a que los jóvenes puedan desplegar  sus mejores valores, ni su espíritu religioso.

La Iglesia quiere algo más respetuoso de la persona. Que la escuela cumpla la función específica: ayudar en la formación y promoción integral mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura. Que los jóvenes puedan responder a los desafíos que la época les presenta, y no sumarse inconscientemente en los fenómenos sociales  como uno más.

La primera forma de entender la escuela se limita a “ofrecer” un contenido sin forjar la personalidad, sin llegar a plantear un modo de vivir. En la otra perspectiva de la educación, se descubre un interés por llegar a proponer la singularidad de de cada persona en las variadas circunstancias y se le ofrece las herramientas para que pueda responder de un modo personal, responsable, libre, maduro y constructivo.

En esta consideración no pueden faltar unas palabras hacia los profesores. En lo particular agradezco a esas personas que encontré en mis diferentes etapas de mi formación. Considero que cuando se vive la profesión como entrega entonces es cuando se llega a ser “maestro”: una persona que es referencia para sus estudiantes, que es capaz de mostrar el bien y el mal, que les prepara para afrontar los retos y desafíos que cada uno tiene que vivir, donde se ayuda a entender la sociedad y el mundo como realidades que están en función de la persona y se crea también unos valores por los cuales vale la pena vivir y actuar.

El reduccionismo antropológico debe ser superado para abrirse a una comprensión de la persona en su integridad y unicidad.

mayo 16, 2009 - Posted by | DISCÍPULOS, FAMILIA CRISTIANA, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , ,

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