Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 307-310

El documento de Aparecida propone no sólo la renovación de las parroquias en clave misionera, la formación para todos los fieles entendida como catequesis permanente, la recuperación de la piedad popular como lugar de encuentro con Jesucristo, sino que va además promueve iniciativas pastorales que han dado fruto. Es el caso de las “pequeñas comunidades eclesiales“.

No quiero entrar en detalles de historia sobre las Comunidades eclesiales y sus diferencias en diversos lugares, tampoco quiero hacer valoraciones generales sobre ellas. En parte porque no conozco ni su historia, ni me parece el lugar más apropiado para exponerla.

Prefiero hablar de aquello que he podido conocer por la experiencia personal. En mi parroquia natal, una parroquia de ámbito rural, con tradiciones bastante arraigadas, con una presencia escasa del sacerdote, puesto que no teníamos párroco, en un momento determinado para dar más vitalidad a los parroquianos se lanzó la invitación a formar comunidades en los barrios y caseríos. Algunos comenzaron con ilusión, otros no lo veían con distancia, algunos no quisieron comprometerse a seguir un encuentro semanal por las noches en la casa particulares.

Por aquellos años yo tenía poca edad, estaba en la escuela primaria, sin embargo me llamó la atención y comencé a asistir -con dos más de la mi familia- y poco a poco fui entrando en el ritmo de “mi comunidad”. Los miembros de la comunidad eran diversos en edad, habían adultos ‘de tercera edad’, adultos ‘de segunda edad’, alguno que otro joven, unos niños… teníamos de todo. Al principio nos acompañaba una religiosa, más tarde uno de la comunidad hacía de animador o guía. Lo interesante era que cada uno podía ir creciendo según su condición y madurando su fe para que fuera más coherente y poder servir mejor en la Iglesia.

Desde el principio se puso el acento en la meditación de la Palabra de Dios, aquello era el punto fundamental. Y las primeras lecturas nos llevaban a los Hechos de los Apóstoles 2, 42; 4, 32 y otros textos que reflejaban la vida de los primeros cristianos. Aquellos textos llegamos a aprenderlos de memoria. Meditar y escuchar en primera persona la Palabra de Dios era el centro y la guía de nuestras reuniones. Procuramos ser constantes y animarnos mutuamente. Fue así que semana tras semana teníamos aquel encuentro: de la escucha de la Palabra fuimos entendiendo mejor nuestra participación litúrgica y fomentando la piedad popular.

Debo decir que aquella comunidad fue un lugar importante para ir planteando mi vocación en la Iglesia. Después de un periodo de discernimiento vocacional y conocer otras realidades eclesiales, ingresé al seminario y ahora soy sacerdote. Otros de aquella comunidad, llegado su momento, formaron sus familias. Creo que a todos nos ayudó aquella experiencia.

Cuando  la primacía la tiene la Palabra de Dios, y los miembros se sienten los primeros destinatarios de ella, es posible abrirse a vivencia más profunda de la vida cristiana. Los métodos pueden cambiar pero el contenido es el mismo: Jesucristo, ayer, hoy y simpre.

abril 3, 2009 - Posted by | DISCÍPULOS, DOCUMENTO DE APARECIDA, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , ,

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