Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 221-224

La vida religiosa supone testimoniar la centralidad de Dios en la vida de cada persona. Algunos de ellos llevan una vida contemplativa. La Iglesia tiene dos ‘patronos’ de la Misión.

Uno san Francisco Javier, sacerdote jesuita, quien fue a tierras lejanas, al oriente, a los países que entonces no habían recibido el anuncio de la fe. Y según él mismo escribe, hubiera querido contar con muchas más personas para llevar adelante esta tarea. Murió exhausto de tanto trabajo apostólico.

El otro patrono de la misión es santa Teresa del Niño Jesús, esta religiosa carmelita, ingresó a una temprana edad al monasterio, y no volvió a salir de allí. Sin embargo, desde aquel lugar supo descubrir que si ella podía hacer mucho con su oración, su penitencia, su enfermedad por aquellos que estaban en la misión. El conocimiento de Dios y su amor  por la Iglesia la llevaron a darse completamente por esta causa. Y todo, sin salir del monasterio. Los padres de esta santa están en proceso de beatificación.

Por esta razón se insiste en la necesidad de este tipo de vida contemplativa. Es fundamentar para sostener la vida de la Iglesia. Pero también tiene un aspecto profético, en el sentido que este modo de vivir, denuncia que la vida no puede encontrar plenitud sólo en las cosas materiales. Cuánta gente vive sólo para su trabajo; cuántos piensan solamente en ir acumulando las cosas más recientes en la medida que éstas aparecen en el mercado; cuántos han reducido su horizonte vital o han decidido vivir para tener más, cuántos se han dejado seducir por aquel atrayente eslogan de la publicidad…

“Sólo Dios basta para llenar la vida de sentido y de gozo”. Este es el testimonio que muchas veces pasa oculto en la vida cotidiana, y que es necesario recordarlo: la primacía de Dios en nuestra vida. Descubrir también tantos valores del Evangelio que pueden configurar la vida de los cristianos partiendo de la pobreza, castidad, obediencia, alegría, desprendimiento, disponibilidad, solidaridad, compasión…

La Iglesia viene enriquecida con estos carismas que el Espíritu Santo suscita en su interior y que son para la edificación de toda la comunidad. Los pastores de la Iglesia disciernen sobre cada nueva realidad eclesial que se forma en las iglesias particulares, para que sea auténtica expresión de comunión.

En la Iglesia hay una gran variedad y modos de vivir la vida consagrada. Se distinguen por  el carisma fundacional. Esto quiere decir, que ‘el fundador’, o ‘la fundadora’, quien comenzó aquel modo de vida, recibió un carisma particular, vislumbró una llamada particular del Señor, y lo llevó adelante. Quien entra a formar parte de aquel modo de vivir se compromete a seguir aquel carisma propio durante toda su vida.

Conviene recordar la importancia que tiene la vida consagrada para la misión de la Iglesia. En algunos lugares se dice que ‘hay pocas vocaciones’ o que ‘ya no salen’ o que ‘la juventud de hoy prefiere otras cosas’… en realidad se trata de familias o parroquias que han venido a menos en su testimonio cristiano. Una comunidad viva da frutos.

septiembre 18, 2008 - Posted by | DISCÍPULOS, IGLESIA | , , , , , ,

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