Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 216-220

“La vida consagrada es un don del Padre a la Iglesia… es un elemento decisivo para la misión”. No podía faltar una valoración de aquellos hombres y mujeres que siguen un camino especial de seguimiento de Cristo “asumiendo la forma de vida que Cristo escogió para venir a este mundo: una vida virginal, pobre y obediente”. Ellos guían su vida observando de un modo radical los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia.

¿Quiénes forman parte de la vida consagrada? Tenemos aquí una gran diversidad: “la vida monástica, contemplativa y activa, los institutos seculares, a los que se añaden las sociedades de vida apostólica y otras nuevas formas”.

Todos los bautizados hemos sido consagrados, ungidos por el Espíritu Santo mediante el santo Crisma. Pero algunos de estos bautizados descubren que Dios Padre les llama a una vida nueva, para dedicarse a Él con corazón indiviso. Es entonces que se da la respuesta libre, consciente y generosa al Señor: para toda la vida al servicio de Dios y de los demás hermanos. Y esta respuesta a Dios puede encauzarse a través de diversos caminos que son expresión de los dones y carismas con los cuales Dios enriquece a su Iglesia.

Un paréntesis. No todos tienen vocación a la vida religiosa. Pero quien siente este llamado debe recibir la ayuda, apoyo y acompañamiento necesarios para discernir sobre su vocación. Algunas veces es fácil para los jóvenes dar este paso, otras veces no. Las dificultades pueden ser de diverso tipo y provenir de distintas personas, hasta de la misma familia. Por eso es importante que las familias sean los primeros lugares donde se ayude, anime y oriente para discernir la vocación cristiana.

La vida religiosa es también un signo: signo de la absoluta primacía de Dios y de su Reino. Estos hombres y mujeres con su modo de vivir testimonian que sólo Dios puede llenar el corazón humano. Y algunos, por su carisma propio, se entregan a los demás: los más pobres, los niños abandonados, los enfermos, los encarcelados… Este tipo de vida ha dado muchos frutos en la historia de la Iglesia, hombres y mujeres que olvidándose de sí mismos, han dejado todo, y se han marchado a otros lugares para ser expresión del Dios misericordioso, de Jesús compasivo.

Para llevar adelante un tipo de vida así, deben estar cimentados en la oración, la contemplación, la Eucaristía, la propia espiritualidad. No son hombres y mujeres que huyen del mundo, son hombres y mujeres que testimonian ante el mundo el amor de Dios Padre. En esta etapa de Misión, la vida consagrada tiene mucho que aportar.

septiembre 14, 2008 - Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: