Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Las lecturas propuestas para este Domingo son las siguientes: Is 55, 1-3; Sal 144; Rom 8, 35.37-39; Mt 14, 13-21

La primera lectura del profeta Isaías recoge en breves palabras la invitación constante de Dios a su pueblo.  La comparación  tomada de la realidad de quienes vivían en un lugar donde el agua era escasa: los sedientos.  Isaías nos habla también a nosotros, no para saciar una sed física, sino para saciar la sed de Dios. En realidad, que  Dios ha creado el corazón del hombre sabe que éste no  puede llenarse plenamente con nada creado. Nuestro corazón está inquieto –lo dijo san Agustín- y no reposa sino en Dios. Dios quiere hacer una alianza perpetua con los hombres.

El salmo 144 expresa de un modo particular la providencia de Dios sobre sus criaturas, aunque de un modo especial con el hombre y la mujer, creados a su imagen y semejanza. “El Señor está cerca del que lo invoca”: qué confianza deben suscitar en nosotros estas palabras. Dios está cerca, muy cerca de cada uno, y a veces, no nos damos cuenta.

San Pablo hablando a los romanos, a esos pocos cristianos que vivían en la ciudad del emperador, donde tenían todas las condiciones adversas, les anima y sostiene con la certeza que “nadie puede separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”. Meditar estos versículos nos llevan a profundizar y madurar nuestro seguimiento del Señor. Cuantas veces quizá hemos pedido que el Señor nos aparte de las dificultades, y qué diferencia notamos en el Apóstol cuando nos asegura que nada de eso puede separarnos del Señor. Vea cada uno cuáles son sus dificultades y que se convenza que no es excusa para no seguir al Señor con fidelidad.

El evangelio de san Mateo nos presenta un pasaje de la vida del Señor donde la gente le cambió  la “agenda”, parece que Él quería estar solo. La gente fue buscarlo –quien busca, encuentra- y aquellos hombres y mujeres escucharon por largo tiempo la predicación del Señor. No iban preparados para una “predicación” tan larga, pero valía la pena. Luego con “cinco panes y dos peces” se obra el milagro de la multiplicación de los panes. Y qué importante los gestos de aquel milagro: nos hacen recordar el Jueves Santo, donde Él se entrega en su Cuerpo y su Sangre: la Eucaristía.

agosto 3, 2008 - Posted by | LITURGIA | , ,

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