Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO

Las lecturas indicadas para este domingo son las siguientes: Jr 20,10-13; Sal 68; Rom 5, 12-15; Mt 10,16-33

El Señor ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados. La primera lectura muestra el grito de lamento del profeta Jeremías, quien experimenta la dificultad, la angustia, la incomprensión y la soledad por permanecer fiel al Señor. La confianza del profeta parece disminuir al mirar a su alrededor y darse cuenta que hasta sus amigos le están deseando el mal. Entonces viene la súplica a Dios; la oración se torna insistente, comprende que el Señor “prueba al justo” y “lo libra de los malvados“. Muchas veces se repetirá esta escena: quien permanece fiel al Señor experimenta muchas veces la contradicción.

Escúchame, Señor, porque eres bueno. El Salmo 68 es la oración del “justo”, del que permanece fiel al Señor. Delante del Señor, quizá en el templo, dirige sus “lamentos”: “he sufrido oprobios” y todo porque “me devora el celo de tu casa”. La fidelidad de Dios le hace esperar con confianza pues “el Señor jamás desoye al pobre” y por esto continuará su camino de esperar solamente en Dios. Este salmo abre a la esperanza en medio del dolor.

El don de Dios  supera con mucho el delito. El texto de la segunda lectura es fundamental para comprender la doctrina de pecado original, la muerte y la redención. “por un solo hombre entró el pecado en el mundo” y como consecuencia: “por el pecado la muerte“. La desobediencia en Adán y Eva, nuestros primeros padres, se conoce como el pecado original. Las consecuencias de este pecado se mencionan en el mismo texto del génesis, pero aquí se sintetizan mencionando la “muerte”. Pero no se detiene aquí la historia de salvación y éste es el segundo punto importante: “por Jesucristo se ha desbordado la abundancia de la vida y de la gracia de Dios”, de modo que aquella primera ruina, que todos llevamos, ha sido superada por un “don” mucho más grande: la redención de Cristo nos ha abierto las puertas a la Vida.

No tengan miedo de los que matan el cuerpo. Las palabras del Evangelio son una advertencia para sus discípulos quienes tienen que permanecer fieles al Señor cuando las contrariedades parezcan que son más fuertes que las promesas del Señor. En realidad todo el mal que el hombre puede hacer a otro tiene un límite en muerte “matan el cuerpo”. Pero la persona no es “solo cuerpo” tiene un alma espiritual que no depende del cuerpo para vivir.

Para quien piensa que la vida es solamente “comamos y bebamos que mañana moriremos” se llevará una gran sorpresa al descubrir que simplemente ha perdido su vida. Que nosotros vamos a morir es evidente; mueren las personas cercanas a nosotros y cada día mueren muchos que no conocemos. Hay otros que “mueren” por ser fieles al Señor. Nos llegan noticias de los países donde está prohibido hacerse cristiano, o nos damos cuenta de las críticas que reciben los católicos que viven con coherencia su fe. No tengan miedo” repite el Señor: quien da la vida la encuentra para siempre.

Por esto el recuerdo de mártires a lo largo del año litúrgico nos recuerda a aquellos que han vivido su fe hasta el final. También podemos recordar a todos aquellos católicos que en nuestro país, más en concreto en nuestra diócesis, han sido capaces de vivir su fe en situaciones difíciles. Por esto no podemos ignorar el testimonio de todos ellos.

junio 22, 2008 - Posted by | DISCÍPULOS, LITURGIA | , , ,

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