Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 98

Llegamos casi al final de esta primera parte que viene caracterizada como “la mirada de los discípulos misioneros sobre la realidad”, a este punto se responde ¿qué nos dice la presente realidad sociocultural, económica, socio-política, biodiversidad?, ¿Cómo ha estado presente la Iglesia?, ¿Cuáles son nuestras esperanzas y nuestros límites?, ¿Qué desafíos se nos presentan  “en esta hora histórica”?, en resumen: ¿Cuál es la situación de nuestra Iglesia? El punto 98 afirma que la Iglesia Católica en América Latina y el Caribe ha dado testimonio de Cristo, es decir, ha hecho presente la gran novedad que supone la Encarnación del Verbo, de quien quiso habitar en medio de los  hombres.

¿Y en qué se constata que ha dado testimonio de Cristo? Es difícil sintetizar en pocas líneas los frutos de  testimoniar a Cristo. Por supuesto que no se señala todo, no esa la finalidad, pero algunas cosas son fundamentales decirlas: junto al anuncio del Evangelio ha estado el testimonio de la caridad, caridad como expresión concreta del amor al prójimo, no sólo como un acto aislado, caridad como viene propuesta en la primera encíclica del Papa Benedicto XVI (Deus Caritas Est). Fruto de la predicación del Evangelio es la caridad: servicio a los pobres, promoción de la dignidad humana, la justicia, defensa los derechos humanos, la reconciliación…

Consecuencia de las distintas iniciativas del servicio de la caridad es que la Iglesia tiene un reconocimiento y una credibilidad social. Algunas veces aparecen publicaciones donde se preguntan por la credibilidad de las instituciones, y es frecuente encontrar que la opinión común le reconoce un lugar especial para la Iglesia. Basta pensar en las diversas ocasiones en que la Iglesia colabora como mediadora para alcanzar acuerdos en distintos conflictos. ¿Y por qué esa credibilidad? Porque en la misión de la Iglesia está por encima de los diversos intereses de cualquier institución. No se ata las manos ni se pone al servicio de ideologías.

“Con su voz ha ayudado a dar orientaciones prudentes y a promover la justicia, los derechos humanos y la reconciliación de los pueblos”.  Llevar adelante esta tarea es difícil y complicada, suele suscitar enemistades e incomprensiones hacia la Iglesia, o llegar  hasta ser amenazado, perseguido  y en muchos casos sufrir la muerte.

Si la Iglesia defiende la dignidad humana es porque hay situaciones que le son contrarias, injustas y contrarias al plan de Dios; y es lógico que quien se sienta señalado en una situación concreta vea en la Iglesia una institución “incómoda”. Y esto no es alejarse de la misión sobrenatural. La predicación del Evangelio tiene que iluminar la vida de los hombres, los cristianos tienen que ser “fermento”, “sal del mundo y luz de la tierra”; sin embargo nos damos cuenta como en ocasiones se acusa a la Iglesia de “meterse” en campo que no le corresponde. Y muchos cristianos han sido capaces de llegar hasta las últimas consecuencias, son los “testigos de la fe”. Con una expresión similar se refería Juan Pablo II, en el año 2000, a los mártires del siglo XX, entre ellos Monseñor Oscar Romero. Por eso conviene no olvidar a los “testigos valientes santos y santas, y de quienes aún sin haber sido canonizados, han vivido con radicalidad el evangelio y han ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo”.

mayo 16, 2008 - Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , , , ,

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