Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Domingo de Pentecostés, o Domingo de la Venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles es la solemnidad con la cual concluye el tiempo de Pascua. Pentecostés es el inicio visible de la Iglesia.

La primera lectura (Hch 2,1-11) Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar, es el cumplimiento de la promesa del Señor a los discípulos. Fue una mañana del todo singular en la vida de los discípulos. Una mañana que los llevó por nuevos caminos a ellos y a cuantos les escucharon. La venida del Espíritu Santo marca el comienzo visible de la Iglesia, es decir, de aquellos que al escuchar la predicación de los apóstoles sobre la vida del Señor Jesús, creyeron y comenzaron una vida nueva. No se trataba de un cambio dentro del judaísmo, una nueva realidad estaba revelada, una nueva comunidad comenzaba.

El Salmo 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. El Espíritu del Señor sopló sobre el hombre, y éste se convirtió en un ser viviente, encuentra ahora su significado último. Aquel Espíritu ahora da una “nueva vida”, es el Espíritu del Hijo, la vida del Resucitado.

La segunda lectura (1Co 12,3-7.12-13) “Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo”. ¿Cómo actúa el Espíritu Santo en los bautizados? De muchos modos. Diversidad de dones, de carismas, de actividades… pero todo esto en la comunión, formando un solo cuerpo. El Espíritu enriquece pero no divide, precisamente la división vino por el pecado, ahora con el bautismo comienza la unión de los hombres: “judíos o no judíos, esclavos o libres hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo”. Esta unidad es la Iglesia, unidad que no significa uniformidad sino comunión.

El Evangelio (Jn 20,19-23) “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo”. Estos versículos del día de la Resurrección nos recuerda la unión de la Resurrección con la Misión de los apóstoles; la Resurrección y el Espíritu Santo. La misión de los discípulos tiene su fuente y origen en la misión del Hijo, y de Él reciben la autenticidad del envío, y para realizar esta misión les da el Espíritu Santo. No es sólo la fuerza y buena voluntad de los discípulos, no es un proyecto humano el que tienen por delante. La misión de la Iglesia es ésta, y la misión nuestra la hemos recibido el día de nuestro bautismo: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo”.

Después de la Solemnidad de Pentecostés retomamos el Tiempo Ordinario, que nos llevará hasta la Solemnidad de Cristo Rey.

mayo 13, 2008 - Posted by | LITURGIA | , , , ,

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