Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOMINGO DE LA ASCENSIÓN

Las lecturas para este Domingo de la Ascensión son las siguientes: Hch 1,1-11; Sal 46; Ef 1,17-23; Mt 28,16-20

Originalmente la solemnidad de la Ascensión se celebraba el día jueves, pero por motivos pastorales, es decir para que puedan asistir más fieles, se celebra ahora en Domingo.

La primera lectura de hoy nos lleva a la fuente de esta celebración: una concentrada narración de los acontecimientos desde la Resurrección hasta el momento en que Jesús ascendió al cielo. Los discípulos que habían estado con Jesús por unos tres años, ahora experimentan una vez más la separación. Esta separación va unida a una gran esperanza: Jesús, “vendrá de nuevo tal como le han visto partir“. Esta espera constituye el tiempo de la Iglesia. El Señor vendrá, de esto estamos seguros. Cuándo vendrá, eso no lo sabemos. A esta última venida se le llama: Parusía.

El Salmo nos invita a “alegrarnos”, “gritar de alegría”, “el Señor asciende entre cantos de júbilo“. ¿No sería mejor una invitación a la tristeza puesto que el Señor se va? No, se trata de estar alegres porque el Señor ahora recibe la glorificación, y junto con Él, se une su cuerpo que es la Iglesia.

La segunda lectura viene a mostrarnos lo que significa que Jesús asciende al cielo: El Padre lo hizo “sentar a su derecha” por encima de todo. Esto también lo confesamos cada domingo en el Credo: “resucitó de entre los muertos, subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre“. Celebrar la Ascensión supone precisamente el descubrir “el Señorío de Cristo” sobre toda la creación. Señorío que significa que ha reconciliado toda la creación con el Padre, especialmente ha abierto el camino para que los hombres puedan encontrar a Dios como Padre.

El Evangelio de San Mateo, tiene unos versículos muy conocidos por todos. Son los últimos versículos de este Evangelio. Tienen un contenido que debe llevar a la meditación durante la semana, mientras nos preparamos para celebrar Pentecostés. “Todo poder se me ha dado”: voluntariamente quiso hacerse hombre, para enseñarnos la vía que nos lleva a la vida, no el orgullo, sino la humildad, morir para vivir. “Vayan y hagan discípulos“: esta es la misión final dada a los discípulos, y que resuena constantemente en América Latina, convirtámonos en discípulos. “Enséñenles a guardar lo que yo les he enseñado“: esta es la gran tarea de la Iglesia, mostrarnos cuál es la verdadera enseñanza de Jesús frente a tantos que dicen tenerla. “Yo estoy con ustedes, hasta el fin del mundo“: si por una parte Jesús se va, sin embargo afirma quedarse con los discípulos. Conviene recordar cómo está presente Jesús entre los discípulos, y modo especial en la Eucaristía.

mayo 4, 2008 - Posted by | LITURGIA |

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