Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 32-38 (II Parte)

La crisis de sentido”: el sentido que da unidad a todo lo que existe y nos sucede en la experiencia.

Este aspecto señalado, tal vez parezca un tanto extraño para uno que vive su vida cristiana, pues está arraigado en la fe y esto le sostiene, impulsa, anima, fortalece y empuja. Pero debemos pensar que el Documento quiere mostrar la realidad que viven muchos hermanos nuestros, entendiendo por hermanos los que habitamos el mismo continente; y a según uno viva en la ciudad, grande o pequeña, en un municipio más o menos extenso, o en las afueras de la ciudad, puede darse cuenta de la variedad de personas que nos encontramos cada día, sea al ir al trabajo, al utilizar los medios de trasporte, al llevar el propio carro, o bien sea que nos enteramos de otros lugares, sea por la televisión, por los periódicos, por interntet… se descubre una gran cantidad de personas que no ven claro el sentido de su vida.

Cada uno puede justificar el porqué de las acciones concretas, el porqué voy a mi trabajo, el porqué cuido a mi familia, el porqué lucho contra una situación que me es adversa: una enfermedad, unos problemas en la familia, una situación económica y así cada una de las cosas que ocupan nuestro día a día.

Pero el sentido de la vida abarca todo: todo lo que hago, el porqué lo hago. Y podemos aportar mucho con nuestro modo de vivir cristianamente. Nuestra fe cristiana nos permite responder a los interrogantes profundos que hay en el corazón de cada persona. Lo decía el Concilio Vaticano II, “¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?”(GS n. 10)

No es que el creer nos quite los problemas de nuestro camino, pero nos da luz para valorarlos en su verdadera dimensión, nos es que nos haga inmunes al dolor, al sufrimiento pero nos invita a dirigir aquel realidad a la luz de Cristo Sufriente…y nos permite ver más allá: la vida no acaba con el éxito o fracaso en este mundo. Aún tenemos por delante una realidad que no está a nuestro alcance el cambiarla: el juicio de nuestra vida. Que como recordaba el Papa al inicio de la Cuaresma, representa el verdadero éxito o fracaso fundamental de nuestra vida.

Y esto que para cualquiera de nosotros es así de fácil de entender, para muchos no lo es. Hasta hace unos cuantos años había una cultura, un modo de vivir de nuestros pueblos que era compartido por todos: “Conocemos, en nuestra cultura latinoamericana y caribeña, el papel tan noble y orientador que ha jugado la religiosidad popular, especialmente la devoción mariana, que ha contribuido a hacernos más conscientes de nuestra común condición de hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante las diferencias sociales, étnicas o de cualquier otro tipo” (n. 37).

Cuando cualquiera de nosotros tiene un momento para reflexionar sobre su propia vida, puede experimentar el cuestionamiento de los demás, o puede sentirse seguro ante las propuestas que cada día vemos en la publicidad. Muchos se conforman con esto, con un espejismo, con un satisfacer al menos aquello momentáneo, con un consuelo que brinda el seguir los eslóganes económicos, o de moda. Pero aquello pasa rápido, y luego qué queda?

Nuestra tradición se está erosionando. Esto es una constatación, bien, pero no debe ser para quedarse a lamentarse, qué podemos hacer? Qué podemos aportar?: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. “Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro. Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre. Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, el Concilio habla a todos para esclarecer el misterio del hombre y para cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a los principales problemas de nuestra época” (GS n. 10)

 

abril 12, 2008 - Posted by | DOCUMENTOS, IGLESIA | , , ,

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