Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 32-38 (I Parte)

“La realidad que nos interpela”, así comienza la primera parte (33-97) de este segundo capítulo del Documento de Aparecida. Quien ha leído detenidamente los numerales se da cuenta de la situación planteada más allá del propio país. Leer y reflexionar un poco estos párrafos nos permiten conocer las líneas principales de nuestra cultura actual. Quizá no todo lo que se menciona en esta parte tenga que ver exactamente con la situación de nuestro país, algunas situaciones serán similares en mayor o menor  escala, pero muestra a grandes rasgos está la realidad sociocultural, económica, socio-política, de América Latina.

Una realidad marcada por grandes cambios” que afectan profundamente, cambios que tienen alcance global, es decir, afectan al mundo entero. ¿De qué cambios se trata? “Habitualmente se los caracteriza como el fenómeno de la globalización. Un factor determinante de estos cambios es la ciencia y la tecnología, con su capacidad de manipular genéticamente la vida misma de los seres vivos, y con su capacidad de crear una red de comunicaciones de alcance mundial, tanto pública como privada, para interactuar en tiempo real, es decir, con simultaneidad, no obstante las distancias geográficas. Como suele decirse, la historia se ha acelerado y los cambios mismos se vuelven vertiginosos, puesto que se comunican con gran velocidad a todos los rincones del planeta” (n, 34).

Algunas parte los cambios se hacen tan comunes, o tan frecuentes que no nos detenemos a valorarlos, hoy una cosa por allá, luego otra… y lo que los obispos vuelven a decir al tratar de estos puntos, es el interés de cómo todo esto tiene su impacto en las personas,  en nuestros pueblos, en su modo de vivir, en su relación con Dios. Nos llegan modos de plantearse la vida que muchas veces nos chocan, nos inquietan, nos interrogan.

No son cambios de poca importancia, son cambios que llegan a afectar la propia vida, en sus raíces más profundas. Y de un modo especial nuestra visión cristiana si no está muy arraigada, o si no estamos muy convencidos, o si no llevamos una vida de oración, o si no sabemos distinguir, seremos presa fácil de un vivir mediocre, sin dar frutos, sin proponer nada, sin defender nada, sin complicarnos por nada…

La clave que viene a señalarse es: “Sin una percepción clara del misterio de Dios, se vuelve opaco el designio amoroso y paternal de una vida digna para todos los seres humanos” (n. 35), en otras palabras, si mi vida no está cimentada en el Misterio de Dios Padre que me ha creado, en Jesucristo que me ha redimido, en el Espíritu Santo  que me santifica, y esto da un sentido a mi vida, al final, no voy a vivir mi vida en plenitud, muchas cosas quedarán sin respuesta, mi búsqueda de Dios quedará en la superficialidad, y mi vida será pobre, sin esperanza, sin luz, sin amor. Si me alejo de Dios, el que pierde no es Dios, soy yo. Y si esto lo pierdo para mí, lo puedo perder para mi familia, mi sociedad, mi país. Si nos Dios quien guía mi vida, será la moda, la opinión de otros, lo que otros hagan lo que me llenará, pero lastimosamente, no llena.

Esta parte pudiera parecer un poco complicada, o para algunos sin referencia a la Sagrada Escritura, pero ayuda mucho a darnos cuenta para no ser parte los que viven sin rumbo o dirección. Por esto habla de crisis de sentido. Pero esto lo dejamos para el siguiente comentario.

abril 9, 2008 - Posted by | IGLESIA, MISIÓN | , ,

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