Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 20-26

Esta primera parte del Documento de Aparecida nos invita a mirar la realidad que nos rodea. Esto vino precedido por las aportaciones que se hicieron desde las parroquias y desde lo que cada país aportó en su momento sobre la situación que se vive en cada lugar. ¿Y cuál ha sido el resultado? “Luces y sombras“. Tantas cosas edificantes y otras lamentables, unas esperanzadoras y otras tristes, logros y retrocesos… una realidad compleja.

Y delante de esta realidad estamos nosotros, cada uno somos parte de esta sociedad. En medio de tantas situaciones está la Iglesia, cada uno de los bautizados. No estamos fuera como meros asistentes, somos actores también nosotros. Se trae el recuerdo de los primeros seguidores de Jesucristo, a ellos les tocó vivir una realidad determinada, y no por esto se apartaron, escondieron o temieron. A cada generación de cristianos le corresponde vivir su momento. A nosotros nos corresponde éste.

Y para esto nos prepara el Documento, hablará en los siguientes numerales de la situación de luces y sombras, valores y angustias, limitaciones y esperanzas. No que es todo sea negro, o todo sea blanco, la realidad viene tejida con diversos actores.

Para esto recuerda lo que tenemos: ¿qué  hemos recibido?, ¿qué podemos aportar? Y al responder encontramos la misión de cada uno de nosotros.

Damos gracias a Dios porque nos ha llamado a ser instrumentos de su Reino, nos ha encomendado la obra de sus manos, nos ha hecho sus colaboradores, nos ha dado la naturaleza creada, nos da dado el don de la palabra, nos ha hablado como amigos, se nos da en la celebración de la fe, en la Eucaristía, nos da su perdón, nos da el regalo de su Madre… y ante tantos dones, ¿qué hacemos?

Nos damos cuenta cómo están las cosas a nuestro alrededor, en mi país, en mi ciudad, en mi comunidad?

“El mundo creado por Dios es hermoso” y esta creación ha sido dada al hombre para que viva. En el clima cultural relativista que nos circunda se hace siempre más importante y urgente radicar y hacer madurar en todo el cuerpo eclesial la certeza que Cristo, el Dios de rostro humano, es nuestro verdadero y único salvador.

abril 1, 2008 - Posted by | IGLESIA | , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: