Discípulos y Misioneros

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SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

Las lecturas de este Segundo Domingo de Pascua: Hch 2,41-47; Sal 117; 1Pe 1,3-9; Jn 20,19-31.

El tiempo de Pascua quiere ser un gran eco del acontecimiento más grande de la vida de Nuestro Señor Jesucristo: su Resurrección gloriosa al tercer día. Su “Pascua”: de la muerte a la vida, su paso a la gloria definitiva. La Cuaresma fue el tiempo de preparación para vivir estos días de Pascua como un tiempo de alegría, de paz, de comunión, de esperanza.

Hoy, segundo domingo de Pascua, los textos son muy sugerentes y ayudan a descubrir las actitudes de los discípulos ante la resurrección de Jesucristo.

La Primera Lectura hace una sintética descripción de la vida de los primeros discípulos, un texto que se pone como “modelo” de comunidad cristiana. Muchas veces a este breve texto se le conoce como: el testimonio de la primera comunidad. Son cuatro elementos que constituyen a estos “hermanos”: “eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”. Así viene resumida todo un caminar nuevo.

“La enseñanza de los apóstoles”: esto nos recuerda la misión que Jesús encomendó a sus discípulos, a aquellos que habían estado con Él, a aquellos que había llamado les hizo compartir su misión. Por esto los Apóstoles son columnas de la fe de la Iglesia. A su vez ellos han transmitido esta predicación que ahora se recoge en todo el Nuevo Testamento. Hoy, los sucesores de los Apóstoles son los obispos. Por esto la Iglesia es apostólica.

“La vida común”, desde el comienzo hay una nota característica en los creyentes: la comunión. Más allá de las diferencias existentes, ahora pueden vivir su vida de un nuevo modo. Hay una preocupación de unos por otros, una cercanía, una fraternidad, una caridad que se hace operativa. Es fundamental recordar y vivir  la comunión fraterna.

“La Fracción del Pan”, así reconocen a Jesús los discípulos de Emaús: en la fracción del pan. Éste fue uno de los primeros nombres de la Eucaristía. En las apariciones de Jesús resucitado que narran los evangelios, nos dicen que los “ojos se les abrieron”, “lo reconocieron” al partir el pan. Se trata de aquello que ya había hecho Jesús el Jueves Santo: “tomó pan en su manos, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos… hagan esto en memoria mía”. La Eucaristía da la forma a los cristianos. La Eucaristía construye la Iglesia. Es Jesús el que se pone de nuevo delante de nosotros y se da a sí mismo. Y de aquí brota todo lo demás: la comunión con los demás, la oración, el testimonio… Sin la Eucaristía “no podemos vivir” lo decían los cristianos de los primeros siglos.

“Las oraciones” tal como lo hacía todo judío piadoso, también van a rezar al Templo para la oración en comunitaria. Pero poco a poco el modelo de la oración será el mismo Jesucristo, quien enseñó el Padrenuestro como la oración de los discípulos.

Este breve texto muestra a una comunidad, a una Iglesia que tiene una gran vitalidad, viven unidos y así dan testimonio de una nueva vida.

Con el salmo 17 se nos invita a cantar la misericordia de Dios, misericordia que ahora es para todos los hombres. Y de un modo especial este salmo viene a cantar la Resurrección de Jesucristo: “este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo ¿Qué día? El día de la Resurrección, el primer día de la semana, el Domingo para nosotros.

La Segunda lectura recoge las palabras del Apóstol Pedro que exhortan a la perseverancia de aquellos que han creído. Delante de la dificultad les recuerda que es necesario pasar por las pruebas. “A Cristo Jesús no lo han visto, y lo aman; no lo ven, y creen en Él” esto se dirá de todos los creyentes. Algunos lo han  visto resucitado, pero los demás encuentran a Jesús por la fe, creemos que  aquellos apóstoles  y todos aquellos que han creído antes que nosotros nos han transmitido un testimonio verdadero cuyo centro es la Resurrección.

Y del Evangelio de San Juan escuchamos la narración de la aparición de Jesús resucitado a los discípulos. La primera aparición ocurre al atardecer del mismo día de la Resurrección. Es Jesús que va en busca de sus discípulos. Les saluda: la paz a con ustedes! Este saludo lo conserva la liturgia. Luego les revela la misión de hoy en adelante: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Y si nos preguntamos, ¿cuál es la garantía? “Reciban el Espíritu Santo” ¿de qué misión se trata? Jesús agrega: “a quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”. Estamos delante de la misión de Jesús: reconciliar al hombre con Dios. Jesús ha llevado hasta el final la Cruz (Viernes Santo), “en sus llagas hemos sido curados”, ahora ofrece el perdón a través de los apóstoles. Todo esto ocurre cuando Tomás no está presente.

Ocho días después estaban reunidos los discípulos y Tomás con ellos”, estamos delante de un momento importantísimo. “Ocho días después” la nota temporal no es indiferente. Es Jesús que ha escogido este día. El día de la Resurrección va a marcar de ahora en adelante a los discípulos. Como lo decía el salmo “este es el día del triunfo del Señor”. El día de la Resurrección Jesús se hace presente a los discípulos, y los discípulos toman conciencia desde aquel momento que aquel día “es el día del Señor”. Día del Señor (Dies Domini) es lo mismo que decir Domingo, o sea Primer día de la Semana.

Y esto es propio de la Iglesia. Para un judío el día sagrado era el sábado, en recuerdo del descanso del Señor. Para un cristiano el Domingo es el día de la nueva creación, día de la victoria sobre la muerte y sobre el pecado. A lo largo de la historia esto fue lo característico de los cristianos. Lo cuenta así san Justino en el siglo III, lo testimonian así los mártires de Bitinia, siglo IV. Cuando la Iglesia pudo tener libertad para celebrar su fe, el Domingo viene reconocido como día del Señor. Y así hasta nuestros días.

“Dichosos los que crean si haberme visto” son las palabras dirigidas a nosotros hoy. No le hemos visto físicamente, pero creemos en Él. Creemos que está presente en su Palabra, en los sacramentos, de modo especial en la Eucaristía, en la comunidad que se reúne, en los pobres… Dichoso si tú vives ahora como un discípulo suyo, en comunión con los hermanos, en la escucha de su Palabra, en la Fracción del Pan…

Vivir el Domingo es testimoniar mi fe en el Resucitado.

marzo 30, 2008 - Posted by | LITURGIA | , , ,

3 comentarios »

  1. Hola… me gustaría saber si es conveniente cantar los mismos cantos que el domingo de resurrección en la misa de segundo domingo de pascua. Yo creo que si, sin embargo me gustaría confirmarlo.
    Gracias!!

    Comentario por elena | abril 5, 2010 | Responder

    • Elena,
      El domingo concluye la octava de Pascua. Toda la semana tiene el mismo significado de Pascua. No hay ningún inconveniente para celebrarlo con toda solemnidad. Habría que tener en cuenta que el Segundo Domingo de Pascua es el Domingo de la Divina Misericordia.

      Comentario por Simeón Reyes | abril 8, 2010 | Responder

    • Se lo enviaré a su correo.
      Saludos.

      Comentario por Simeón Reyes | abril 8, 2010 | Responder


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