Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

Comentario n. 382-386

Desde que el Evangelio fue anunciado en nuestras tierras, muchos frutos se han conseguido, y la Palabra ha suscitado  numerosos hombres y mujeres que han vivido su vida según el proyecto de Dios. Cuando Reino de Dios es acogido se convierte en fermento para la comunidad y da una nueva forma de ver y valorar las situaciones que se desarrollan a nuestro alrededor. Son muchos los signos que nos hablan de la presencia del Reino entre nosotros.

Al mismo tiempo conviene tener siempre muy claro que el Reino de Dios está como fermento en los creyentes. Depende de nosotros que el Reino sea anunciado a otros hombres, que Dios pueda reinar en nuestros pueblos. Si Jesucristo ha dado su vida, es para que todos los hombres tengan vida y la tengan en abundancia. Esta vida nueva vence el pecado y la muerte. Esta vida nueva tiene también signos muy concretos en la vida cotidiana, los valores del Evangelio estamos llamados a hacerlos presentes: la verdad, la libertad, la justicia, la paz, el perdón

Sin duda nos damos cuenta de las realidades que ofenden la dignidad del hombre en nuestros días. En estos numerales se nos recuerda un aspecto fundamental: el orden justo  de la sociedad y del Estado es una tarea de la política y no de la Iglesia (n. 385) Por tanto no compete a la Iglesia en cuanto institución la realización de la justicia. Es tarea propia de la política. En este  amplio sector es necesario que hayan católicos, que conozcan la doctrina de la Iglesia, que busquen con rectitud el bien común y el desarrollo de las sociedades. La Iglesia a través del anuncio de Jesucristo se convierte en luz para la sociedad, en promotora de valores, y quiere despertar la conciencia del valor singular de cada hombre y cada mujer, desde su nacimiento hasta su muerte natural.

noviembre 20, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 382-386

8.1 Reino de Dios, justicia social y caridad cristiana

382. “El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15). La voz del Señor nos sigue llamando como discípulos misioneros y nos interpela a orientar toda nuestra vida desde la realidad transformadora del Reino de Dios que se hace presente en Jesús. Acogemos con mucha alegría esta buena noticia. Dios amor es Padre de todos los hombres y mujeres de todos los pueblos y razas. Jesucristo es el Reino de Dios que procura desplegar toda su fuerza transformadora en nuestra Iglesia y en nuestras sociedades. En Él, Dios nos ha elegido para que seamos sus hijos con el mismo origen y destino, con la misma dignidad, con los mismos derechos y deberes vividos en el mandamiento supremo del amor. El Espíritu ha puesto este germen del Reino en nuestro Bautismo y lo hace crecer por la gracia de la conversión permanente gracias a la Palabra y los sacramentos.

383. Señales evidentes de la presencia del Reino son: la vivencia personal y comunitaria de las bienaventuranzas, la evangelización de los pobres, el conocimiento y cumplimiento de la voluntad del Padre, el martirio por la fe, el acceso de todos a los bienes de la creación, el perdón mutuo, sincero y fraterno, aceptando y respetando la riqueza de la pluralidad, y la lucha para no sucumbir a la tentación y no ser esclavos del mal.

384. Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano. El amor de misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia, requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los ámbitos nacionales e internacionales. Urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales.

385. La misericordia siempre será necesaria, pero no debe contribuir a crear círculos viciosos que sean funcionales a un sistema económico inicuo. Se requiere que las obras de misericordia estén acompañas por la búsqueda de una verdadera justicia social, que vaya elevando el nivel de vida de los ciudadanos, promoviéndolos comos sujetos de su propio desarrollo. En su Encíclica Deus Caritas est, el Papa Benedicto XVI ha tratado con claridad inspiradora la compleja relación entre justicia y caridad. Allí nos dice que “el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política” y no de la Iglesia. Pero la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. Ella colabora purificando la razón de todos aquellos elementos que la ofuscan e impiden la realización de una liberación integral. También es tarea de la Iglesia ayudar con la predicación, la catequesis, la denuncia, y el testimonio del amor y de justicia, para que se despierten en la sociedad las fuerzas espirituales necesarias y se desarrollen los valores sociales. Sólo así las estructuras serán realmente más justas, podrán ser eficaces y sostenerse en el tiempo. Sin valores no hay futuro, y no habrá estructuras salvadoras, ya que en ellas siempre subyace la fragilidad humana.

386. La Iglesia tiene como misión propia y específica comunicar la vida de Jesucristo a todas las personas, anunciando la Palabra, administrando los Sacramentos y practicando la caridad. Es oportuno recordar que el amor se muestra en las obras más que en las palabras, y esto vale también para nuestras palabras en esta V Conferencia. No todo el que diga Señor, Señor… (cf. Mt 7,21). Los discípulos misioneros de Jesucristo tenemos la tarea prioritaria de dar testimonio del amor a Dios y al prójimo con obras concretas. Decía San Alberto Hurtado: “En nuestras obras, nuestro pueblo sabe que comprendemos su dolor”.

noviembre 11, 2009 Posted by | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Deja un comentario

Comentario 380-381

El capítulo 8 que comentamos lleva por título: “Reino de Dios y promoción de la dignidad humana”. Cada vez comenzamos a concretizar algunos aspectos de la misión que son necesarios considerar a partir del Documento de Aparecida.

En la introducción leemos: “todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios”. Es por esto que a la luz del proyecto de Dios, Reino de Dios, aprendemos a valorar las diversas realidades que encontramos a nuestro alrededor o que son parte del nuestro vivir cotidiano.

Después de afirmar el compromiso por la vida, ahora se destacan “ámbitos, prioridades y tareas”  para la misión. En este capítulo vamos a encontrar temas como la dignidad humana, la opción preferencial por los pobres, globalización de la solidaridad, migrantes, enfermos, adictos…

noviembre 8, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , | Deja un comentario

Comentario n. 360-364

La misión de la Iglesia debe descubrir un sentido  más profundo de la vida humana para que ésta sea plena. Anunciar la vida nueva en Jesucristo supone afirmar que  “la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión”.

Tenemos que fijar nuestra mirada en Jesucristo. Muchas veces nos habló de la vida a través de las parábolas. Un lugar especial tiene aquella donde enseña que el grano de trigo para dar frutos tiene que morir. Pero tenemos que recordar que al centro del misterio cristiano se encuentra el Misterio Pascual: la pasión, muerte y resurrección del Señor. “Nadie me quita la vida, yo la entrego voluntariamente.”

Jesucristo ha enseñado a sus discípulos que  dando la vida es como se recibe. Los primeros discípulos  aprendieron a confiar. Dejaron las redes y se pusieron a caminar. Y solamente porque siguieron al Maestro hasta el final, recibieron el mandato de ir “hasta los confines del mundo”. Ellos  hubieran podido quedarse tranquilos con la vida que llevaban, hubieran podido continuar con sus trabajos que tenían. Pero fueron generosos con lo poco que tenían: se dispusieron a seguir a Jesucristo.

La misión supone una actitud de apertura ante la vida. Un discípulo de Jesucristo comprende que la vida tiene su fuente y origen en Dios Padre. Sabe que la vida la ha recibido como un don. Por tanto “mi vida”  es un don que he recibido. Mi vida encontrará plenitud si la pongo al servicio del Señor y al servicio de los hermanos. Esto es la Misión.

septiembre 27, 2009 Posted by | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Deja un comentario

   

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