Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Las lecturas propuestas para este Domingo son las siguientes: Os 6, 3-6; Sal 49; Rom 4,18-25; Mt 9,9-13

Yo quiero misericordia y no sacrificios. La invitación del profeta en esta primera lectura conserva un valor perenne, y  cuántos frutos daría en nuestra vida si la tomáramos en toda su profundidad: “esforcémonos por conocer al Señor“, ésta será la gran tarea de nuestra vida cristiana, Dios se ha acercado a un pueblo, es más, se ha encarnado para que todos le podamos conocer, ha “hablado con palabras humanas” para que le podamos entender, se ha hecho “nuestro compañero de viaje“, se ha quedado con nosotros. Frente a actuar exterior -holocaustos y sacrificios que ofrecían a Dios- Él quiere que aprendamos a imitarle en su misericordia.

Dios salva al que cumple su voluntad. El salmo presenta un reclamo de Dios a su pueblo, -“mejor ofrece a Dios gratitud y cumple tus promesas“- palabras que son una muestra más de cómo Dios mira el corazón y no se deja engañar por lo externo. En concreto se refieren a los sacrificios prescritos por la ley, los presentaban en el Templo, pero no eran expresión de un cambio de vida. Los sacrificios conservan su valor, cuando son  frutos del buscar el perdón del Señor. Algo similar sucede cuando hacemos las cosas y nos olvidamos de lo que significan, hasta lo más sagrado se puede volver rutina.

Su fe se robusteció y dio con ello gloria a Dios. San Pablo para instruir a los cristianos les trae a la memoria el ejemplo del patriarca Abraham, cómo su vida y su caminar se convierten en un modelo de fe -“creyó contra toda esperanza“, de quien convencido en la promesa de Dios, se pone en camino. Leer, releer, meditar y dejarnos interpelar por los testimonios que encontramos en la Sagrada Escritura, es un camino seguro para fortalecernos y dar una respuesta más decida a Dios, que en Jesucristo nos ha dado todo.

No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. El pasaje del Evangelio nos presenta la llamada de Jesús -“sígueme“- a Mateo, un hombre que pasó de cobrador de impuestos, éste era su trabajo, a un discípulo del Señor -“se levantó y lo siguió“- , y más tarde en apóstol; se dejó conquistar por la llamada de Jesús a seguirlo y darlo a conocer como misionero. Habría que decir en primer lugar que la llamada del Señor no hace distinciones, llama a quien quiere, no importa las clasificaciones que en la sociedad se suelen hacer. En el grupo de los Doce había una gran variedad. A partir de este llamado viene un malestar de parte de los que “decían” conocer a Dios. Critican a Jesús -“come con los pecadores“- por llamar a un hombre que estaba mal visto por su trabajo que hacía. Pero en este momento viene la gran enseñanza: “yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores“, esto quiere decir que para comenzar a seguir al Señor basta con escuchar su llamado a la conversión y estar dispuesto a seguirlo por un camino nuevo. ¡A cuántos más de los que están cercano a nosotros el Señor les llama a una vida nueva! La misericordia la experimentamos cuando arrepentidos buscamos su perdón, así también nosotros podremos testimoniarla: “misericordia quiero”. ¡Sígueme!, Mateo -“se levantó y lo siguió“- ¿y tú?

junio 8, 2008 Posted by | DISCÍPULOS, LITURGIA | , , , , , , | Deja un comentario

   

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