Discípulos y Misioneros

Documento de Aparecida: Texto y Comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 391-398

8.3 La opción preferencial por los pobres y excluidos

391. Dentro de esta amplia preocupación por la dignidad humana, se sitúa nuestra angustia por los millones de latinoamericanos y latinoamericanas que no pueden llevar una vida que responda a esa dignidad. La opción preferencial por los pobres es uno de los rasgos que marca la fisonomía de la Iglesia latinoamericana y caribeña. De hecho, Juan Pablo II, dirigiéndose a nuestro continente, sostuvo que “convertirse al Evangelio para el pueblo cristiano que vive en América, significa revisar todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común”.

392. Nuestra fe proclama que “Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre”. Por eso “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Esta opción nace de nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre, que se ha hecho nuestro hermano (cf. Hb 2, 11-12). Ella, sin embargo, no es ni exclusiva, ni excluyente.

393. Si esta opción está implícita en la fe cristológica, los cristianos como discípulos y misioneros estamos llamados a contemplar en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: “Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”. Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 40). Juan Pablo II destacó que este texto bíblico “ilumina el misterio de Cristo”. Porque en Cristo el grande se hizo pequeño, el fuerte se hizo frágil, el rico se hizo pobre.

394. De nuestra fe en Cristo brota también la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio, que ha de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente en la defensa de la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos, y en el permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y transformación de su situación. El servicio de caridad de la Iglesia entre los pobres “es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral”.

395. El Santo Padre nos ha recordado que la Iglesia está convocada a ser “abogada de la justicia y defensora de los pobres” ante “intolerables desigualdades sociales y económicas”, que “claman al cielo”. Tenemos mucho que ofrecer, ya que “no cabe duda de que la Doctrina Social de la Iglesia es capaz de suscitar esperanza en medio de las situaciones más difíciles, porque si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, ni siquiera para los llamados ricos”. La opción preferencial por los pobres exige que prestemos especial atención a aquellos profesionales católicos que son responsables de las finanzas de las naciones, a quienes fomentan el empleo, los políticos que deben crear las condiciones para el desarrollo económico de los países, a fin de darles orientaciones éticas coherentes con su fe.

396. Nos comprometemos a trabajar para que nuestra Iglesia Latinoamericana y Caribeña siga siendo, con mayor ahínco, compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio. Hoy queremos ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres hecha en las Conferencias anteriores. Que sea preferencial implica que debe atravesar todas nuestras estructuras y prioridades pastorales. La Iglesia latinoamericana está llamada a ser sacramento de amor, solidaridad y justicia entre nuestros pueblos.

397. En esta época suele suceder que defendemos demasiado nuestros espacios de privacidad y disfrute, y nos dejamos contagiar fácilmente por el consumismo individualista. Por eso nuestra opción por los pobres corre el riesgo de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo, sin verdadera incidencia en nuestros comportamientos y en nuestras decisiones. Es necesaria una actitud permanente que se manifieste en opciones y gestos concretos, y evite toda actitud paternalista. Se nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación. No podemos olvidar que el mismo Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos” (Lc 14, 13).

398. Sólo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe. La opción por los pobres debe conducirnos a la amistad con los pobres. Día a día los pobres se hacen sujetos de la evangelización y de la promoción humana integral: educan a sus hijos en la fe, viven una constante solidaridad entre parientes y vecinos, buscan constantemente a Dios y dan vida al peregrinar de la Iglesia. A la luz del Evangelio reconocemos su inmensa dignidad y su valor sagrado a los ojos de Cristo, pobre como ellos y excluido entre ellos. Desde esta experiencia creyente compartiremos con ellos la defensa de sus derechos.

Diciembre 3, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Aún no hay comentarios

Comentario n. 387-390

La dignidad humana es reconocida  en las constituciones de todos los países. Cada año hay varias celebraciones a nivel social que recuerdan la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hago referencia a esa Declaración porque en términos generales se comparte que cada persona humana tiene una dignidad especial, que precede a las legislaciones y a los Estados.

Esta dignidad humana tiene su fundamento en Dios. Solamente si reconocemos que Dios es el autor de la vida, sólo entonces es posible tratar a las personas como lo merecen. Cuando se olvida a Dios, el hombre es instrumentalizado, con frecuencia por ideologías.

La Iglesia quiere ayudar a cada persona a encontrar el sentido de su vida. Hay también otras voces de la cultura actual que presentan modos concretos de vivir. Entre una visión y otra, hay una gran diferencia. La propuesta que viene de los “maestros temporales” persiguen objetivos muy concretos: le dicen a la gente cómo tienen que vivir “hoy” sin preocuparse del “por qué” vivir de ese modo. Ojalá que nuestros hermanos en la fe, tengan un vivo sentido existencial: venimos de Dios y vamos a Dios, en la vida que se nos ha dado, tenemos una gran oportunidad de testimoniar que escuchando a Dios la vida se ilumina, enriquece y se vuelve fecunda.

Diciembre 1, 2009 Publicado por Simeón Reyes | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , | Aún no hay comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 387-390

8.2 La dignidad humana

387. La cultura actual tiende a proponer estilos de ser y de vivir contrarios a la naturaleza y dignidad del ser humano. El impacto dominante de los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero se han transformado, por encima del valor de la persona, en la norma máxima de funcionamiento y el criterio decisivo en la organización social. Ante esta realidad anunciamos una vez más el valor supremo de cada hombre y de cada mujer. El Creador, en efecto, al poner todo lo creado al servicio del ser humano, manifiesta la dignidad de la persona humana e invita a respetarla (cf. Gn 1, 26-30).

388. Proclamamos que todo ser humano existe pura y simplemente por el amor de Dios que lo creó, y por el amor de Dios que lo conserva en cada instante. La creación del varón y la mujer a su imagen y semejanza es un acontecimiento divino de vida, y su fuente es el amor fiel del Señor. Luego, sólo el Señor es el autor y el dueño de la vida, y el ser humano, su imagen viviente, es siempre sagrado, desde su concepción, en todas las etapas de la existencia, hasta su muerte natural y después de la muerte. La mirada cristiana sobre el ser humano permite percibir su valor que trasciende todo el universo: “Dios nos ha mostrado de modo insuperable cómo ama a cada hombre, y con ello le confiere una dignidad infinita”.

389. Nuestra misión para que nuestros pueblos en Él tengan vida, manifiesta nuestra convicción de que en el Dios vivo revelado en Jesús se encuentra el sentido, la fecundidad y la dignidad de la vida humana. Nos urge la misión de entregar a nuestros pueblos la vida plena y feliz que Jesús nos trae, para que cada persona humana viva de acuerdo con la dignidad que Dios le ha dado. Lo hacemos con la conciencia de que esa dignidad alcanzará su plenitud cuando Dios sea todo en todos. Él es el Señor de la vida y de la historia, vencedor del misterio del mal, y acontecimiento salvífico que nos hace capaces de emitir un juicio verdadero sobre la realidad, que salvaguarde la dignidad de las personas y de los pueblos.

390. Nuestra fidelidad al Evangelio, nos exige proclamar en todos los areópagos públicos y privados del mundo de hoy, y desde todas las instancias de la vida y misión de la Iglesia, la verdad sobre el ser humano y la dignidad de toda persona humana.

Noviembre 22, 2009 Publicado por Simeón Reyes | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , | Aún no hay comentarios

Comentario n. 382-386

Desde que el Evangelio fue anunciado en nuestras tierras, muchos frutos se han conseguido, y la Palabra ha suscitado  numerosos hombres y mujeres que han vivido su vida según el proyecto de Dios. Cuando Reino de Dios es acogido se convierte en fermento para la comunidad y da una nueva forma de ver y valorar las situaciones que se desarrollan a nuestro alrededor. Son muchos los signos que nos hablan de la presencia del Reino entre nosotros.

Al mismo tiempo conviene tener siempre muy claro que el Reino de Dios está como fermento en los creyentes. Depende de nosotros que el Reino sea anunciado a otros hombres, que Dios pueda reinar en nuestros pueblos. Si Jesucristo ha dado su vida, es para que todos los hombres tengan vida y la tengan en abundancia. Esta vida nueva vence el pecado y la muerte. Esta vida nueva tiene también signos muy concretos en la vida cotidiana, los valores del Evangelio estamos llamados a hacerlos presentes: la verdad, la libertad, la justicia, la paz, el perdón

Sin duda nos damos cuenta de las realidades que ofenden la dignidad del hombre en nuestros días. En estos numerales se nos recuerda un aspecto fundamental: el orden justo  de la sociedad y del Estado es una tarea de la política y no de la Iglesia (n. 385) Por tanto no compete a la Iglesia en cuanto institución la realización de la justicia. Es tarea propia de la política. En este  amplio sector es necesario que hayan católicos, que conozcan la doctrina de la Iglesia, que busquen con rectitud el bien común y el desarrollo de las sociedades. La Iglesia a través del anuncio de Jesucristo se convierte en luz para la sociedad, en promotora de valores, y quiere despertar la conciencia del valor singular de cada hombre y cada mujer, desde su nacimiento hasta su muerte natural.

Noviembre 20, 2009 Publicado por Simeón Reyes | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , | Aún no hay comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 382-386

8.1 Reino de Dios, justicia social y caridad cristiana

382. “El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15). La voz del Señor nos sigue llamando como discípulos misioneros y nos interpela a orientar toda nuestra vida desde la realidad transformadora del Reino de Dios que se hace presente en Jesús. Acogemos con mucha alegría esta buena noticia. Dios amor es Padre de todos los hombres y mujeres de todos los pueblos y razas. Jesucristo es el Reino de Dios que procura desplegar toda su fuerza transformadora en nuestra Iglesia y en nuestras sociedades. En Él, Dios nos ha elegido para que seamos sus hijos con el mismo origen y destino, con la misma dignidad, con los mismos derechos y deberes vividos en el mandamiento supremo del amor. El Espíritu ha puesto este germen del Reino en nuestro Bautismo y lo hace crecer por la gracia de la conversión permanente gracias a la Palabra y los sacramentos.

383. Señales evidentes de la presencia del Reino son: la vivencia personal y comunitaria de las bienaventuranzas, la evangelización de los pobres, el conocimiento y cumplimiento de la voluntad del Padre, el martirio por la fe, el acceso de todos a los bienes de la creación, el perdón mutuo, sincero y fraterno, aceptando y respetando la riqueza de la pluralidad, y la lucha para no sucumbir a la tentación y no ser esclavos del mal.

384. Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano. El amor de misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia, requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los ámbitos nacionales e internacionales. Urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales.

385. La misericordia siempre será necesaria, pero no debe contribuir a crear círculos viciosos que sean funcionales a un sistema económico inicuo. Se requiere que las obras de misericordia estén acompañas por la búsqueda de una verdadera justicia social, que vaya elevando el nivel de vida de los ciudadanos, promoviéndolos comos sujetos de su propio desarrollo. En su Encíclica Deus Caritas est, el Papa Benedicto XVI ha tratado con claridad inspiradora la compleja relación entre justicia y caridad. Allí nos dice que “el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política” y no de la Iglesia. Pero la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. Ella colabora purificando la razón de todos aquellos elementos que la ofuscan e impiden la realización de una liberación integral. También es tarea de la Iglesia ayudar con la predicación, la catequesis, la denuncia, y el testimonio del amor y de justicia, para que se despierten en la sociedad las fuerzas espirituales necesarias y se desarrollen los valores sociales. Sólo así las estructuras serán realmente más justas, podrán ser eficaces y sostenerse en el tiempo. Sin valores no hay futuro, y no habrá estructuras salvadoras, ya que en ellas siempre subyace la fragilidad humana.

386. La Iglesia tiene como misión propia y específica comunicar la vida de Jesucristo a todas las personas, anunciando la Palabra, administrando los Sacramentos y practicando la caridad. Es oportuno recordar que el amor se muestra en las obras más que en las palabras, y esto vale también para nuestras palabras en esta V Conferencia. No todo el que diga Señor, Señor… (cf. Mt 7,21). Los discípulos misioneros de Jesucristo tenemos la tarea prioritaria de dar testimonio del amor a Dios y al prójimo con obras concretas. Decía San Alberto Hurtado: “En nuestras obras, nuestro pueblo sabe que comprendemos su dolor”.

Noviembre 11, 2009 Publicado por Simeón Reyes | DISCÍPULOS, ENCUENTRO CON JESUCRISTO, MISION CONTINENTAL | , , , , , , , | Aún no hay comentarios

Comentario 380-381

El capítulo 8 que comentamos lleva por título: “Reino de Dios y promoción de la dignidad humana”. Cada vez comenzamos a concretizar algunos aspectos de la misión que son necesarios considerar a partir del Documento de Aparecida.

En la introducción leemos: “todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios”. Es por esto que a la luz del proyecto de Dios, Reino de Dios, aprendemos a valorar las diversas realidades que encontramos a nuestro alrededor o que son parte del nuestro vivir cotidiano.

Después de afirmar el compromiso por la vida, ahora se destacan “ámbitos, prioridades y tareas”  para la misión. En este capítulo vamos a encontrar temas como la dignidad humana, la opción preferencial por los pobres, globalización de la solidaridad, migrantes, enfermos, adictos…

Noviembre 8, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , | Aún no hay comentarios

Comentario n. 373-379

Cuando hablamos de misión distinguimos dos grandes partes: la misión ad intra y la misión ad gentes.

Con la misión ad intra nos referimos a la misión que se realiza de modo ordinario en los lugares donde la Iglesia se ha radicado. Sería aquellas situaciones donde hay una  estructura  bien definida: Las diócesis, las parroquias, los ordinariatos. Es la tarea permanente de evangelización o “nueva evangelización”  para todos aquellos que viven la fe cristiana. Es como acompañar a la madurez de la fe de los cristianos y enseñarla a las nuevas generaciones. Es quizá la realidad que nos hemos encontrado aquellos que hemos vivido en una comunidad parroquial.

En cambio, con la misión ad gentes, se refiere a un tipo específico de tarea evangelizadora: anunciar por primera vez a Jesucristo a aquellos que aún no le conocen, o no han escuchado hablar de Él. Aquí nos viene a la mente la figura del “misionero”: de quien está dispuesta a ir allá donde hayan hombres que aún no conocen la fe cristiana. Se trata de un comienzo de la Iglesia en estos lugares.

En dos mil años de cristianismo nos damos cuenta que la misión ad gentes es aún una realidad actual y urgente: La Iglesia no puede renunciar a su misión, a su tarea , a su naturaleza misionera. Los misioneros no tienen asegurado el éxito en la misión. Sabemos que las dificultades son de diversa índole, algunas veces, las mismas autoridades civiles no reconocen el derecho a la libertad religiosa. Muchos son los misioneros que se juegan la vida por Jesucristo en la actualidad, quizá no nos enteramos porque no viene dicho en ningún periódico de nuestros países, pero es la realidad.

América Latina tiene madurar esta conciencia misionera. Nuestras comunidades tienen sentir el ardor misionero.

Octubre 23, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL, MISIÓN | , , , , , , , , | Aún no hay comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 373-379

7.3 Nuestro compromiso con la misión ad gentes

373. Conscientes y agradecidos porque el Padre amó tanto al mundo que envió a su Hijo para salvarlo (cf. Jn 3, 16), queremos ser continuadores de su misión, ya que ésta es la razón de ser de la Iglesia y que define su identidad más profunda.

374. Como discípulos misioneros, queremos que el influjo de Cristo llegue hasta los confines de la tierra. Descubrimos la presencia del Espíritu Santo en tierras de misión mediante signos:

a)         La presencia de los valores del Reino de Dios en las culturas, recreándolas desde dentro para transformar las situaciones antievangélicas.

b)         Los esfuerzos de hombres y mujeres que encuentran en sus creencias religiosas el impulso para su compromiso histórico.

c)         El nacimiento de la comunidad eclesial.

d)        El testimonio de personas y comunidades que anuncian a Jesucristo con la santidad de sus vidas.

375. Su Santidad Benedicto XVI ha confirmado que la misión ad gentes se abre a nuevas dimensiones: “El campo de la Misión ad gentes se ha ampliado notablemente y no se puede definir sólo basándose en consideraciones geográficas o jurídicas. En efecto, los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas sino también los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones”.

376. Al mismo tiempo, el mundo espera de nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña un compromiso más significativo con la misión universal en todos los Continentes. Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir “a la otra orilla”, aquélla en la que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente.

377. Los discípulos, quienes por esencia somos misioneros en virtud del Bautismo y la Confirmación, nos formamos con un corazón universal, abierto a todas las culturas y a todas las verdades, cultivando nuestra capacidad de contacto humano y de diálogo. Estamos dispuestos con la valentía que nos da el Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es aceptado, con nuestra vida, con nuestra acción, con nuestra profesión de fe y con su Palabra. Los emigrantes son igualmente discípulos y misioneros, y están llamados a ser una nueva semilla de evangelización, a ejemplo de tantos emigrantes y misioneros que trajeron la fe cristiana a nuestra América.

378. Queremos estimular a las iglesias locales para que apoyen y organicen los centros misioneros nacionales y actúen en estrecha colaboración con las Obras Misionales Pontificias y otras instancias eclesiales cooperantes, cuya importancia y dinamismo para la animación y la cooperación misionera reconocemos y agradecemos de corazón. Con ocasión de los cincuenta años de la encíclica Fidei Donum, agradecemos a Dios por los misioneros y misioneras que vinieron al Continente y a quienes hoy están presentes en él, dando testimonio del espíritu misionero de sus Iglesias locales al ser enviados por ellas.

379. Nuestro anhelo es que esta V Conferencia sea un estímulo para que muchos discípulos de nuestras Iglesias vayan y evangelicen en la “otra orilla”. La fe se fortifica dándola y es preciso que entremos en nuestro continente en una nueva primavera de la misión ad gentes. Somos Iglesias pobres, pero “debemos dar desde nuestra pobreza y desde la alegría de nuestra fe” y esto sin descargar en unos pocos enviados el compromiso que es de toda la comunidad cristiana. Nuestra capacidad de compartir nuestros dones espirituales, humanos y materiales con otras Iglesias, confirmará la autenticidad de nuestra nueva apertura misionera. Por ello, alentamos la participación en la celebración de los congresos misioneros.

Octubre 18, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, IGLESIA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Aún no hay comentarios

Comentario n. 370-372

Los cambios que pudieran darse  para que los cristianos respondan mejor a la vocación cristiana no son fines en sí mismos. Las nuevas líneas de acción a nivel diocesano o parroquial deben considerarse a la luz de la Nueva Evangelización.

Como dice el Documento, no se trata sólo de unas estrategias pastorales, sino de “fidelidad a la misión del Maestro”. En la escucha y meditación de su Palabra, en la respuesta como discípulos, en la apertura a su plan de salvación, en la  comunión  de fe  y en el testimonio constante de los valores del Reino es como  manifestamos vida de cristianos.

La fe recibida no puede quedar sólo en nosotros mismos. Debe ser comunicada, con convicción y alegría a las nuevas generaciones, debe impregnarse en la cultura que vivimos para sanar y purificar, para construir un mundo según la voluntad de Dios Padre, quien quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su voluntad.

Octubre 15, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , , | Aún no hay comentarios

DOCUMENTO DE APARECIDA N. 365-369

7.2 Conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades

365. Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.

366. La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Ap 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta.

367. La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan naturalmente nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales.

368. La conversión de los pastores nos lleva también a vivir y promover una espiritualidad de comunión y participación, “proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades”. La conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo Maestro y Pastor. De allí nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas. Hoy más que nunca el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor (cf. Jn 13, 35).

369. Encontramos el modelo paradigmático de esta renovación comunitaria en las primitivas comunidades cristianas (cf. Hch 2, 42-47), que supieron ir buscando nuevas formas para evangelizar de acuerdo con las culturas y las circunstancias. Asimismo, nos motiva la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II, el camino sinodal en el postconcilio y las anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe. No olvidamos, que como nos asegura Jesús, “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20).

Octubre 5, 2009 Publicado por Simeón Reyes | ENCUENTRO CON JESUCRISTO, FAMILIA CRISTIANA, MISION CONTINENTAL | , , , , , | 1 comentario